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Navvier, el arte de la fuga

por | 3 junio 2018 | Entrevistas

El Festival de Les Arts vuelve a tomar València los días 8 y 9 de junio, y nos dará la oportunidad de ver en directo a un buen puñado de artistas -muchos de ellos favoritos del gran público- sin salir de la ciudad. Crystal Fighters, Lori Meyers, La M.O.D.A, Dorian, La Habitación Roja o Mando Diao son algunos. Pero no es conveniente quedarse en lo evidente, porque en ocasiones es en la letra pequeña donde se esconden los hallazgos más interesantes. Navvier es una rareza que huye de los caminos concurridos. Entre clavicordios, armonías anacrónicas e intuiciones futuristas, entrelazan el influjo de la música clásica con los latidos electrónicos. Un complejo imaginario, romántico y decadente, servido con enorme fuerza escénica.

NAVVIERNavvier: Das Wohltemperierte Klavier. Foto: Manuel Mondragón

 

Comenzasteis a tocar haciendo versiones de indie-rock sin pretensiones, ¿qué es lo que hizo que os tomarais el proyecto en serio y explorarais un sonido tan diferente?

Lo cierto es que una vez empezamos a trastear con ordenadores para hacer música, se abrió un abanico de infinitas posibilidades. Entre todas esas, vimos que la mezcla de estilos “clásicos” y actuales nos gustó a los cuatro, y decidimos tirar por ahí.

La música clásica, el barroco en particular, resulta clave en vuestra propuesta. Se trata de un legado maravilloso, aunque no es habitual que se reivindique. ¿Por qué creéis que la gente joven suele dar la espalda a estas músicas?
Es tan sencillo como que no es una música a la que la gente se vea expuesta en su día a día. Si echas un vistazo a la música de los últimos cuatro siglos, la mayoría de las obras son tonales, es decir, digeribles para el oyente inexperto. A todo el mundo que escuchara Bach o Mozart durante un poco de tiempo le acabaría gustando. ¿Por qué no nos vemos más expuestos a ellas en nuestra vida cotidiana? Seguramente porque la industria musical no ha encontrado una forma de monetizarla como con el rock o el reggaetón.

Los referentes de los distintos miembros del grupo son amplios: desde el indie-rock, pasando por la clásica, el folk o el heavy. ¿Cómo ha sido declinar estas influencias tan dispares? ¿Os ha causado algún conflicto?
Es fácil hacerlo cuando la gente con la que trabajas no solo son amigos de la infancia, sino también son gente tolerante y abierta a explorar nuevos horizontes musicales.

Utilizáis instrumentos típicos de la clásica -el chelo, el órgano o el clavicordio- y los mezcláis con los latidos electrónicos. El resultado es un sonido, podríamos decir retrofuturista, que resulta muy sugerente. ¿Cómo disteis con él?
Las ideas empezaron a surgir poco a poco. Primero quisimos hacer una versión sinfónica de un tema de nuestro anterior grupo. Luego algún remix. Era un camino que nos gustaba a todos, y que se acabó de consolidar en el estudio con Pau Paredes. Tenemos referentes estilísticos muy dispares. Desde Ratatat, Justice, Metronomy, Everything Everything, Kavinsky… hasta músicos de siglos anteriores.

¿De qué parten vuestras letras? ¿Experiencias personales o influencias literarias?
No hay una sola idea raíz. Tenemos de todo. El último tema que acabamos de componer cuenta la historia de un romance imposible entre dos robots. Pero también hemos hecho canciones cuyas letras parten de lo personal, como “Dantale” o “Churchill”. Los títulos de las canciones es algo que nos divierte mucho poner. Intentamos ver la belleza en las palabras no por el concepto que representan, sino por su envoltorio, por la estética de sus letras. De ahí que utilicemos palabras como zócalo.

Los efectos de luz se convierten en un componente poderoso, casi dramático, en vuestras actuaciones. ¿Cómo surgió esta idea? Una de vuestras actuaciones más llamativas fue en La Cabina, donde se proyectó la imagen de la Piedad de Miguel Ángel.
Nos gustan los grupos que en directo ofrecen algo distinto a lo que ofrecen sus grabaciones. Por eso intentamos cuidar todos los detalles y hacer algo llamativo y potente. No hay palabras para expresar lo afortunados que nos sentimos de poder trabajar con un tío tan profesional y entregado como Jaume Rausell, nuestro técnico de luces. En un concierto en el que coincidimos nos confesó que había estado practicando espectáculos de luz con canciones de nuestro EP cuando todavía ni había salido. A partir de ahí nos pusimos a trabajar juntos y en ello seguimos. El siguiente paso era utilizar proyecciones en directo, diseñadas por nuestro guitarrista Adrián, que también se encarga del artwork. La elección de la Piedad de Miguel Ángel iluminada… Cuando la vimos el resto nos quedamos boquiabiertos. Era el vídeo que pedía esa parte de la canción (“Taj Mahal”).

¿Con una propuesta tan sui generis pretendíais desvincularos de lo coyuntural, de patrones musicales que suelen reiterarse en las escenas más concurridas?
Aunque suene a tópico, nosotros solo queremos hacer música que nos guste. No nos gusta el trap, por eso no lo hacemos. Del indie salvamos a muchos grupos, pero a muchísimos otros no. Creo que lo que realmente te indica si estás yendo en el buen camino es que se te erice la piel o te entren ganas de gritar cuando estás escuchando algo que has hecho. Eso es lo que buscamos.

Se acostumbra a ligar la electrónica al hedonismo, sin embargo vuestra música está recorrida por melodías que tienden a una melancolía muy elegante.
Hace tiempo que en la electrónica se crearon vertientes no necesariamente hedonistas. Sí que pensamos que sería interesante mezclar sonidos actuales con una cierta melancolía romántica, y así fue.

Tocasteis en la pasada edición del FIB, ¿cómo es pasar de ser parte del público a actuar en un festival tan importante?
Yo no me canso de decir que fue uno de los mejores días de mi vida. No siempre uno consigue cumplir los sueños de la adolescencia. Y cuando recorres el camino con gente muy cercana a ti la magia se multiplica.

En breve os podremos ver en el Festival de Les Arts de Valencia. ¿Cómo encaráis este concierto?
La verdad es que tenemos esta fecha marcada en el calendario desde hace mucho tiempo. Queremos salir a tocar con la misma mentalidad que si fuera el último.

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