fbpx

Niño de Elche: “Los desheredados estaremos siempre en otro lugar, fuera del Estado español actual”

por | 26 febrero 2017 | Entrevistas

Detallar la apabullante actividad de Francisco Contreras (Elche, 1985) en apenas unas líneas es tarea inútil, porque ni echando mano de un folio entero podríamos sintetizar su hiperactividad. Sus espectáculos “Voces del Extremo” o “Raverdial”, su documental sobre la figura de Miguel Hernández, su reciente libro “No comparto los postres”, sus colaboraciones con Rocío Márquez, Belén Maya o Pony Bravo, su aportación al espectáculo escénico “Dju Dju” de Isabel Bayón e Israel Galván o ese recién editado Para quienes aún viven (SuperBall Music, 2017), el disco en el que plasma su alianza con Toundra bajo el nombre de Exquirla… y así hasta el infinito.

niñodeelche-valencia

De hecho, en el momento de abordar esta entrevista ya anda metido en el estudio con Raül Fernández Refree, gestandos dos álbumes de una tacada. El próximo 3 de marzo recala en la sala Wah Wah de Valencia, con Segunda Persona (esto es, Jose Guerrero) de telonero. Buena ocasión para charlar con un animal creativo que no vislumbra límites. A buen seguro el más singular y genuino que ha dado la música popular de nuestro país en mucho tiempo.

 

ENTREVISTA CON NIÑO DE ELCHE                                                                                     

Tengo entendido que el proyecto Exquirla se empezó a gestar hace algo más de un año, aunque el resultado se concreta ahora. ¿Qué es lo que te empujó a aliarte con una banda tan aparentemente alejada de tus coordenadas como pueden ser Toundra y qué crees que os aportáis mutuamente?

Me empujó lo que me empuja siempre que me comprometo con un trabajo de estas características y es eso a lo que yo llamo la llamada de Dios, esa intuición que te dice que debes de emprender ese camino junto a esos seres, ese ardor que te hace que te muevas sin saber muy bien el porqué. Nos aportamos muchas cosas no solo en el ámbito artístico aunque en el plano musical sí te podría decir que ellos me han aportado unas formas diferentes de ver la composición de banda y yo les he podido aportar un contenido literario que abre otros imaginarios.

¿Hay en ese inminente trabajo con ellos alguna conciencia de continuidad respecto a La Leyenda del Tiempo de Camarón y el Omega de Morente y Lagartija Nick, como se ha apuntado ya en algún foro, o es algo que ni siquiera os planteáis?

Para nada. Las comparativas con esos dos trabajos que comentas provienen de análisis vagos y prejuiciosos.

Uno de tus espectáculos con Los Voluble, “En el nombre de”, el que abordásteis en el Sónar o en el Monkey Week en 2016, de formas sonoras más mántricas y cercanas al trance (si se me permite describirlo así), optaba por mostrar de forma muy explícita los estragos de la inmigración y de la más que cuestionable actitud de nuestras autoridades públicas ante un fenómeno que no están manejando bien. En tiempos en los que parece que a la música popular se le niega, cada vez más, el poder que una vez tuvo como revulsivo o catalizador social ¿Crees que esa exposición de la realidad, tan cruda, es un acicate para remover conciencias?

El mundo de las realidades es crudo a la vez que complejo y ahí está el pensamiento crítico que me gusta acentuar en los procesos creativos en los que participo. No se puede remover conciencias sin crear un espacio de pensamiento crítico o autocrítico. Se confunde muchas veces remover una conciencia con que esa conciencia opine lo que tu pretendes. Por eso antes de pretender removerlas habría que crear el espacio para que esa conciencia tenga pensamiento crítico, y por ende, libre pensamiento.

¿Crees que, más allá del material discográfico que vas editando, el lugar natural donde disfrutar de tu propuesta, en toda su amplitud e intensidad, es el escenario?

Creo que sí, que en los directos es donde se ve de forma más completa lo que pretendo mostrar y compartir. Mi forma de relacionarme en el campo de las artes-vidas no se puede entender sin ver mi cuerpo. Es algo que en el mundo de la música ha costado algunos años que entiendan. Creo que la aventura continúa.

Esa es precisamente una de las cosas que más llaman la atención de tus directos, que eres un enorme fagocitador de nutrientes creativos. Todo lo aprovechas: sonidos, proyecciones, escenografía, una voz que moldeas a tu antojo (a veces con onomatopeyas) e incluso la propia expresión corporal. ¿Estarías de acuerdo en que se te calificase como un artista total?

Si tengo algo de conflicto con la palabra artista imagínate con la palabra total… Los calificativos son bienvenidos siempre que no sean etiquetas que cierren o coarten la libertad.

En los conciertos tuyos a los que he podido asistir, me he topado con reacciones muy polarizadas: gente que salía prácticamente extasiada y otras personas que no habían conectado en absoluto con tu propuesta, que decían no entenderla. Curiosamente, tanto unos como otros reconocían tener una gran dificultad para verbalizar qué es lo que les atraía o repelía de tu espectáculo. ¿Crees que la expresión artística que no necesita explicarse a sí misma acaba siendo la más valiosa?

En lo que comentas hay algo que me gusta y es esa imposibilidad de verbalizar según qué cuestiones. Yo, que trabajo mucho con la palabra, siento un aire de victoria cada vez que pasa eso. Demuestra nuestra derrota ante el intento de encasillar alguna práctica en el mundo de la palabra, es una derrota colectiva que nos hace grandes. El que no te puedan encasillar es el acto más político que podemos hacer en nuestros días.

Da la sensación, desde fuera, de que tu carrera es como un continuo work in progress. Un trayecto abierto cuya evolución es imposible de predecir. ¿Tú lo ves así?

La vida es tránsito y si creemos en aquello que nos invocaba John Cage de arte-vida, lo más lógico sería que todas nuestras prácticas fueran eso, transitorias. Paradójicamente es la única forma de que se conviertan en eternas y recalen en las pieles de los demás.

Vivimos un tiempo en el que estamos sumidos en medio de una avalancha de contenidos culturales, amplificada por las redes sociales y los medios digitales. La oferta es casi inabarcable. De hecho, plataformas como Spotify y medios perezosos son los primeros en decir aquello de “si te gusta fulano, te gustará mengano”, dando por sentados los parámetros que guían los gustos de la gente, y la necesidad de encasillarlo todo. ¿Es esa una de las razones por las que sostienes que el posicionamiento más político hoy en día es desetiquetarse, como te he oído decir en más de una ocasión?

El etiquetado no viene solo de la mano de las grandes plataformas o de los nuevos sistemas culturales u ociosos. Es algo que va implícito en nuestra educación desde que llaman a un niño niño o a una niña niña. El no posicionarse, el ser una especie de OVNI social, es algo que abre frentes de lucha continuos, incluidos los del mercado cultural, pero éste es una consecuencia de otros planos que vienen antes en ese proceso de codificación.

Leí hace poco una entrevista tuya en la que decías que los programadores de flamenco, música clásica o teatro son tan estrechos de mente que acaban ejerciendo de censores más que de programadores. ¿Significa eso que te has encontrado con una actitud más receptiva o empática hacia tu trabajo por parte de los gestores del ámbito del pop, el rock o la electrónica?

Hoy en día la censura se practica en los despachos con mucha sutileza. Muchas veces no sabemos si esos programadores conservadores están sometidos a los públicos de esas tendencias y/o a los políticos de turno que les toca sufrir. Imagino que habrá de todo y que se podrán contar por decenas las cuestiones que expliquen el porqué son tan herméticos en sus programaciones.

Has publicado un libro que podríamos calificar como autobiográfico, No comparto los postres (Bandaàparte, 2016), y en breve habrá también un documental sorbe tu persona. Teniendo en cuenta que solo tienes 32 años, ¿No te da miedo que llegue un momento en el que ya lo hayas dicho todo o en el que se haya dicho todo sobre tí?

Mis prácticas artísticas son consecuencia del intento de superar mis miedos desde la libertad que me otorgan sus mecanismos y herramientas. Si tuviera ese miedo seguiría haciendo cosas para superarlo.

Escribiste hace unos meses un texto llamado Ahora, la música, en el que planteabas diversas cuestiones ante el Área de Cultura de Podemos, en septiembre pasado, desde una visión crítica. Luego has llegado a describir la lucha de poder entre Errejón e Iglesias como egocomunismo, en tu propio muro de facebook. ¿Crees que la actual disyuntiva que vive el partido ha arruinado la ilusión de mucha gente que pensaba que realmente podían cambiar las cosas en este país?

Si alguna función tenía la entrada de Podemos en el campo partitocrático era la de calmar las ganas de cambiar realmente las cosas. Pensar que en el actual sistema español se pueden cambiar las cosas no es ser inocente, sino ser temerario. Entre todo ello surgen las ansias de poder, las rencillas ideológicas, los modos comunistas más retrógrados, esa izquierda que nunca nos ha querido a los que intentamos pensar libremente y con gran porcentaje de autocrítica. Los desheredados estaremos siempre en otro lugar y aunque hayan jugado con nuestras ilusiones nuestra llama sigue viva fuera del Estado español actual por mucho que sus bocas invoquen patria, socialdemocracia o pueblo. Decía Espronceda que “mi patria es la libertad” y no seré yo quien desdiga al bueno de José.

Fotos: Celia Macías

Suscríbete al boletín mensual

El podcast de Beat València

Así suena València en primavera

Artículos relacionados

Pin It on Pinterest