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Olof Palme: Estado de Bienestar, ABBA y eugenesia

por | 15 junio 2020 | Opinión

El pasado 9 de junio la justicia sueca cerró el caso por el magnicidio de que fuera primer ministro Olof Palme. Se dictaminó que su asesinato en 1986, mediante dos disparos por la espalda, fue cometido por el publicista Stig Engström, un hombre vinculado a la ultraderecha escandinava y fallecido en el año 2000. El mandato del político socialdemócrata coincidió con el auge de la cultura popular sueca, ejemplificada en iconos como la serie televisiva Pippi Langstrump o el grupo musical ABBA, pero también con un Estado pionero en ingeniería social desde los años 20, que durante décadas esterilizó forzosamente a miles de mujeres inadaptadas al sistema.

 

 

En octubre de 1969 las elecciones alemanas y suecas llevaron al poder a Willy Brandt y Olof Palme. Con ellos culminó el gran consenso socialdemócrata, caracterizado por el desarrollo del Estado del Bienestar y la consolidación de la clase media en la Europa Occidental pos-1945.

El ideario de Palme conformó una políticas troncales que, a día de hoy, todavía son el cuerpo programatico modélico para la izquierda europea preglobalización: la inversión en educación, pensiones, la expansión de la cobertura sanitaria, el diálogo entre los agentes sociales potenciando a las organizaciones sindicales o las políticas de igualdad de género y de integración laboral de la mujer, mediante la creación de guarderías y centros de prescolar, fueron algunas de ellas.

En política internacional se manifestó contrario a las políticas expansivas de ambas superpotencias: la invasión soviética de Checoslovaquia y los bombardeos estadounidenses en Vietnam. Fue una de las voces autorizadas más contundentes contra el apartheid surafricano, el golpe de Pinochet en Chile y el franquismo español. Sus posiciones firmes en defensa de los derechos humanos le granjearon enemistades poderosas tanto en las relaciones internacionales como en su país.

En 1970 Suecia era el cuarto país con mayor poder adquisitivo per cápita del mundo, solo tras los EEUU, Suiza y Finlandia. Esta excepcionalidad sueca, propiciada, entre otros factores, por el desarrollo de una inmensa clase media, lanzó dos productos culturales de éxito mundial masivo: la serie televisiva Pippi Langstrump y el grupo musical ABBA. El primero fue un personaje literario creado por Astrid Lindgren, en los años 40, y adaptado a la televisión para mostrar una niña independiente y fuerte, alejada de los convencionalismos sociales de su época, que supuso un símbolo para el movimiento feminista. El segundo fue el gran grupo sueco de la historia, e inició el trayecto acerca de cómo un país, de apenas 8 millones de personas, podía hallar un modelo propio para expandir su industria musical a escala global: tras ellos llegarían Europe, Roxette, Ace of Base, The Cardigans, The Hives, Mando Diao, Diamond Dogs, Hellacopters, Jens Lekman, Peter, Bjorn & John, Avicii, Leila-K, Jose González, Icona Pop o Robyn, entre muchos otros.

 

«Olof Palme, desde los años 60, fue el único político sueco en oponerse reiteradamente a la esterilización forzosa, considerándola una invasión del Estado en las libertades del individuo, pero no fue hasta 1976 cuando el debate llegó al Parlamento»

 

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Palme y Brandt en Bonn. Foto: Darchinger/Ebert, 1983.

 

Pero en el camino de Suecia hacia la utopía no cabía todo el mundo. Desde 1934 hasta 1976 fueron esterilizadas unas 63.000 personas (el 90% mujeres) con discapacidades psíquicas, minusvalías congénitas y con rasgos catalogados como inferiores, aunque “siempre con criterios de carácter social y no racial”, como reconoció Maija Runcis, historiadora de la Universidad de Estocolmo que se adentró en los documentos confidenciales del gobierno escandinavo a mitad de los años 90. De estas, 15.000 lo fueron en contra de su voluntad, mediante esterilizaciones tras un aborto, aunque también se realizaron ovaritomías a jóvenes con problemas de delincuencia y promiscuidad que eran acogidas en centros estatales de rehabilitación.

Esta eugenesia estatal, también llevada a cabo por noruegos, y daneses en menor medida, se fraguó, según el historiador británico Tony Judt, “en el Instituto de Biología Racial de la Universidad de Uppsala, creado en 1921, en pleno auge de la ciencia de la mejora racial, y no se desmanteló hasta cincuenta y cinco años más tarde”. Olof Palme, desde los años 60, fue el único político sueco en oponerse reiteradamente a la esterilización forzosa, considerándola una invasión del Estado en las libertades del individuo, pero no fue hasta 1976 cuando el debate llegó al Parlamento. Tras la ley de aquel año, en el que ABBA estrenaba “Dancing Queen” ante el rey Carlos XVI Gustavo de Suecia en el Palacio Real de Estocolmo, se prohibió la esterilización forzosa, pero hasta 1995 otras 166.000 personas sufrieron esta medida de ingeniería social bajo criterios difusos que oscilaban entre la voluntariedad y la coerción estatal.

 

Agradecimiento a Sofía García Nespereira: traducción pag.430 Olof Palme. Aristokraten som blev socialist (H. Berggren, 2010).

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