Osaka Monaurail, expansionismo funk

por | 4 mayo 2015 | Cultura pop

El cine negro americano llenó las pantallas de humo, detectives melancólicos, oficinas de mala muerte y mujeres deslumbrantes que recubren fondos oscuros. Si Nueva York se retrataba en muchos casos, Chicago era la principal madriguera de los gángsteres y Los Ángeles se convirtió en el decorado de las andanzas de los detectives de Raymond Chandler. Cartografía de urbes sumidas en una noche perpetua, en las que la ambivalencia de figuras recortadas a contraluz contagia una estética influenciada por el expresionismo que enferma la fotografía y la puesta en escena.

OSAKA-MONAURAIL-VALENCIA-LOCO-CLUB

Una semilla de maldad que, curiosamente, encontró un espacio fértil en un lugar tan lejano como Japón. Un género que cultivaron ya desde bien pronto grandes maestros como Ozu o Kurosawa; derivando en manos de Seijun Suzuki en un delirio pop lleno de yakuzas, visiones oníricas y sangre. Un universo en continua expansión que se perpetúa en la actualidad, sometido a excitantes mutaciones, de la mano de magos del celuloide como Takeshi Kitano o Takashi Miike.

Del mismo modo, músicas profundamente americanas como el jazz, el soul o el funk han fascinado a gentes del país del Sol Naciente, encontrando en un escenario tan distante artistas que han vertido ese legado incandescente en interpretaciones incendiarias y composiciones de gran calidad. Un magnífico ejemplo de ello es Osaka Monaurail, la banda funk más importante del país nipón: una formación que nació en 1992 como un proyecto que unió a un grupo de amigos amantes del funk que se conocieron en la Universidad de Osaka (la segunda ciudad más grande de Japón). El nombre de la formación, de hecho, hace referencia al tren en el que se desplazaban a diario, pero escrito de forma que homenajea un tema de 1974 de la banda que acompañaba a James Brown: “JB.s Monaurail”.

Su carismático líder, Ryo Nakata, era un adolescente embelesado con el jazz-fusion de Herbie Hancock y las músicas brumosas de Miles Davis, Count Basie y Duke Ellington. Hasta que la canción de Ray Charles “What´d I Say” se cruzó en su camino. Quiso saber qué era aquello que le había aturdido, abandonó el jazz y se sumergió en la senda endiablada del rhythm & blues. Unido ya a otros locos de estas músicas enfebrecidas, comenzó a tocar como hobby, ese fue su aprendizaje, pero el éxito era cada vez mayor y los aplausos más persistentes. Amante del sonido de sabor más clásico, hace que el soul y el funk vuelvan a fermentar con toda su magia en unas grabaciones en las que se rodea de artefactos vintage que dieron lugar a discos como Rumble´n Struggle o Reality for The People. Pero, conocedor de que lo verdaderamente importante no son los instrumentos sino los intérpretes, colaboró con figuras míticas como Marva Whitney, una de las voces que acompañaba a James Brown a finales de los 60.

Nakata, que es también distribuidor cinematográfico, ha propiciado el reestreno de films llenos de funk y diversión como “Superfly” (1972) o “Coffy” (1973), y, poseedor de un infalible sentido del espectáculo, aparece en sus conciertos vestido con la elegancia letal de Alain Delon en “El silencio de un hombre”. Al frente de este grupo de samuráis que ejecutan con precisión prusiana, convoca un torbellino allí donde va. Dice apreciar los que hacen bandas funky españolas como The Pepper Pots, Sweet Vandals o Soul Vigilantes, a las que le une un frenesí que no conoce de fronteras. Es el capitán de una máquina del tiempo de engranaje irresistible que se activará el próximo 9 de mayo en el Loco Club.

Suscríbete al boletín mensual

El podcast de Beat València

Así suena València en invierno

Artículos relacionados

Pin It on Pinterest