Otro tiempo vendrá distinto a éste

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En Carta de una desconocida, la película que Max Ophüls dirigió en 1948, basada en la novela homónima de Stefan Zweig, publicada en 1922, el personaje de Jean Fontaine es incapaz de distinguir entre la realidad y sus propios deseos. Su capacidad de analizar los hechos que la rodean, y sus decisiones vitales, se rigen por parámetros alejados del sentido común cada vez que ese pianista, interpretado por Louis Jourdan, una obsesión que muta en incertidumbre, aparece en su camino. Parte de los relatos que nos encontramos sobre cómo será el mundo tras el Covid-19 están atrapados en este sesgo.

carta-de-una-desconocida-1948 Jean Fontaine y Louis Jourdan en Carta de una desconocida. Foto: Universal/Kobal, via REX. (1948).

 

La cautela ha perdido la batalla ante la intoxicación de las redes sociales. Nos dejamos llevar por nuestras pulsiones, por nuestros miedos, y por proyecciones arbitrarias, mientras aparcamos los tiempos de precaución, necesarios para el análisis sosegado. Nacionalizaciones masivas de empresas estratégicas, rentas básicas universales durante los próximos años, estados policiales centralizados sustituyendo a las autonomías, uniones políticas sureuropeas alejadas del eje franco-alemán o acercamientos geopolíticos a China más allá de los estrictamente comerciales, son, en mayor o menor medida, ruido, cuando no propaganda o análisis ficción. Nota aparte para los bulos y la desinformación que nacen desde una parte de la derecha y la ultraderecha, con objetivo de desestabilizar un gobierno en plena gestión de una crisis sin precedentes, algo excepcional en la política internacional. Pura vileza.

La historia no se repite, pero rima. Esta frase tan habitual como didáctica, para la explicación de procesos históricos, se podría aplicar a la hora de establecer futuribles en periodos de indefinición. Que Corea del Sur haya sido capaz de sofocar el primer brote de esta pandemia se debe a que no era la primera vez que lo afrontaba en este siglo XXI: el Sars-1 los azotó en 2003 y pudieron controlarlo e implementar medidas para posteriores crisis. Algunos países de la Unión Europea están sufriendo menos la emergencia sanitaria, según un informe oficial de la OCDE la sanidad germana tiene 33,9 camas de UCI por cada 100.000 habitantes, mientras que España tiene 9,7 e Italia 8,6. En cuanto al personal sanitario, el número de enfermeros en España es de 5,2 por cada 1.000 habitantes (los números de Italia también son bajos, 5,4), lejos de los 8,2 de la media europea y los 13,3 de Alemania. Habrá que hacer autocrítica cuando llegue el momento oportuno. No caben victimismos ni chivos expiatorios, si existen responsables no están únicamente más allá del Rin (Plan de Estabilidad Presupuestaria Europeo). Desde Europa se pidió al sur sostenibilidad, nunca bajar o suprimir impuestos, quienes se escudaron en el techo de gasto para dejar de sustentar y recortar el gasto sanitario tienen apellidos españoles y catalanes.

Entre los nuevos paradigmas del pensamiento político postpandémico que podemos vislumbrar, el que ofrece mayor probabilidad sobre el mundo que vendrá es el que sostiene que los países más castigados por el Covid-19 no volverán a tener desabastecimiento de materiales sanitarios de primera necesidad. Puede que no sea un gran cambio geopolítico ni un gran titular para la primera del diario, pero tampoco es menor. España debería tener una industria sanitaria robusta, y autosuficiente en todos sus sectores, para afrontar futuras crisis.

Otro de los posibles es que ningún partido político, por muy liberal que sea en lo económico, optará por recortar el presupuesto sanitario y de investigación científica durante las próximas décadas. Mucho tendrán que pensar en las escuelas de negocio y finanzas de Faes (y no duden que ya lo hacen) para poder introducir la reducción de impuestos en sanidad y ciencia en un programa electoral con opciones de ganar unos comicios. Es probable que sus jefes de gabinete intenten enmascararlo en relatos patrióticos de eficiencia, similares a los que hoy utiliza el gobierno para militarizar el lenguaje, y la puesta en escena, de lo que es una emergencia sanitaria: no somos soldados acatando órdenes, somos una sociedad civil capaz de apoyar y mantener decisiones difíciles si están bien explicadas. Habrá que confiar en que algún día la mayoría de nuestros políticos se dirija a sus ciudadanos como adultos, aunque eso es, posiblemente, uno de los cambios que no traerá esta crisis.

 

Ángel González “Otro tiempo vendrá distinto a éste” Sin esperanza, con convencimiento, (Literaturasa, 1961). 
Vídeo: Extracto ACEC Associació Col·legial d’Escriptors de Catalunya