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Owen Pallett, marca indeleble

por | 10 diciembre 2014 | Reportajes

Owen Pallett es un joven violinista canadiense que, enmascarado tras el nombre de Final Fantasy, llamó fuertemente la atención en 2004 con el disco, “Has a Good Home”. El álbum, en el que el violín jugaba un papel protagonista, fue visto como un avance prometedor que tenía que ser confirmado.

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La rotunda respuesta, “He Poos Clouds”, llegó al poco tiempo. Pallett revistió sus composiciones sirviéndose de un conjunto de cámara (cuarteto de cuerdas, piano, clavicordio y percusión), sumándose a las filas de otros delicados orfebres contemporáneos como Patrick Wolf o Dave Longstreth (Dirty Proyectors). Canciones como “Arctic Circle”, se cubren de una niebla típicamente inglesa. Una soberbia melodía se despliega sobre un tapiz de arcos que vagan en un terreno propio de Morrissey. Del ex líder de los Smiths y del nuevo dandy Patrick Wolf, Pallett retoma la vena romántica, que adquiere un arrobo mayor en “I´m Afraid of Japan”, sumida en una desolación digna de Nico.

Al inicio de la nueva década, Pallett presentó, ya bajo su nombre, el esperadísimo “Heartland”, que había sido anunciado para 2007, pero que no llegó hasta 2010. Escuchando este trabajo, desde sus primeros compases, entendemos las razones de esta demora. Siguiendo la senda de Andrew Bird, sobre todo de “The Mysterious Production Of Eggs”, Owen había consolidando su pop barroco, ambicioso al tiempo que volátil, dejando una marca indeleble en la música de este comienzo de siglo.

Nos deslumbró con la fluidez de sus líneas melódicas, que recuerdan a los cancioneros de The Divine Comedy y XTC, y por unas instrumentaciones exquisitas; una dote que se reveló también en los arreglos que llevó a cabo para formaciones tan importantes como Beirut, The Last Shadow Puppets, Pet Shop Boys o Arcade Fire. Pero en “Heartland” este potencial deviene arte mayúsculo. Allí donde Bird, artista con un discurso ya maduro, excavó en los surcos de sus conquistas anteriores y donde Wolf, aprovechando las intuiciones centelleantes de “Wind In The Wires”, inició una apasionada deriva hacia el rococó, Pallett eligió perfeccionar el sonido de su disco anterior. En “Heartland”, se sirve de la Orquesta Filarmónica Checa, sin olvidar el órgano y los metales.

El resultado es fascinante, como lo demuestra el diálogo entre unos violines trémulos y neuróticos y el lento avance de los metales en “Midnight Directives”. “Lewis Takes Off His Shirt” supone un acercamiento minimalista, en el que una melodía desvaída se pierde en el crescendo poderoso de la orquesta. “Flare Gun” es un scherzo, un híbrido ente los pizzicatos del Morricone de “La Batalla de Argel” y los slapstick de Sennett y Chaplin. Las referencias cinematográficas se prolongan en las cuerdas al estilo de Bernard Herrmann en “Tryst With Mephistpheles”, que se puebla de las habituales referencias a los mundos de “Dragones y Mazmorras”. Pero en las letras nos encontramos también con un personaje imaginario, el granjero Lewis, que habita en Spectrum. Lewis cae en una crisis, toma consciencia de sí mismo, se rebela y, como el protagonista de “Niebla” de Unamuno, se enfrenta a su creador.

Tras salir triunfante de otros retos como la colaboración con Arcade Fire para la emotiva banda sonora nominada al Oscar de “Her” (Spike Jonze, 2013), este artista singular, un verdadero lirio entre cardos, nos entrega “In Confict”. Se trata de un arrebatado manojo de canciones que se inicia con “I Am Not Afraid”, una obertura suntuosa, casi un aria de ópera barroca, que puede recordarnos a Rufus Wainwright.

El disco, que cuenta con la participación de Brian Eno, en conjunto, resulta más directo que el anterior, con letras mucho más personales, sin recurrir a universos de leyenda o biografías inventadas: “The Secret Seven” es un alegato contra la homofobia, “On A Path” habla del hastío en la gran ciudad y “The Sky Bihind The Flag” de las contradicciones de la masculinidad. Pero su pop de cámara sigue levitando, como siempre, en “Song For Five & Six”; y en “The Riverbed” el frenesí de Devo se precipita al contexto trágico de Meat Loaf. En otras composiciones, con un ritmo ascendente de tambores de guerra, logra nuestra rendición entre ecos de Radiohead y Vivaldi.

En una ocasión única en Valencia, Owen presentará este disco el próximo 14 de diciembre en La Rambleta.

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