Palau de Les Arts, el precio de la transición TEMPORADA 2018-2019

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El futuro del Palau de Les Arts parecía estar en duda tras la abrupta dimisión la pasada temporada de Davide Livermore, su intendente desde 2015. Sin embargo, a pesar de lo complejo de la situación, Les Arts ha logrado armar una temporada 2018-2019 rebosante de títulos conocidos que seguramente repercutirán en un gran impacto popular, y en la que no faltan nombres de interés. Desde luego, nos encontramos alejados del desfile de luminarias que supusieron los años de bonanza económica, y se echa en falta la presencia de un repertorio más variado, pero, para tratarse de una temporada de transición, el resultado final es más que satisfactorio. Ahora queda ver cómo evoluciona tras la elección del experimentado Jesús Iglesias Noriega (Gijón, 1971) como director artístico.

Iolanta by Natasha Razina © State Academic Mariinsky Theatre (8) Iolanta de Natasha Razina © State Academic Mariinsky Theatre

Felizmente se mantiene la habitual pretemporada a precios populares. “Turandot”, la fantasía oriental con la que Giacomo Puccini (1858-1924) clausuró su carrera, será el primer título. Del 17 al 31 de octubre Les Arts rescatará una producción propia, vista ya en varias ocasiones, y que nos retrotrae a la época en la que los grandes nombres copaban el Palau: la dirección escénica corre a cargo del cineasta chino Chen Kaige (“Adiós a mi concubina”, “Luna tentadora”) -dato significativo ya que esta ópera no fue estrenada en China, debido a la censura, hasta 1998-; y el añorado Zubin Metha se despidió con ella en el último Festival del Mediterráneo. Un despliegue espectacular, con cierta querencia por lo kitsch, que gustará a los aficionados más conservadores. Turandot, la princesa letal, estará encarnada por Jennifer Wilson, a la que se recuerda todavía por el muy buen sabor de boca que dejó en el lejano “Anillo” de Les Arts. Marco Berti será Calaf, al que corresponden páginas tan conocidas como el aria “Nessun Dorma”, y la dirección musical corresponderá al británico Alpesh Chauhan.

“El lago de los cisnes”, de Piotr Ilich Chaikovski (1840-1893), es sin duda el rey de los ballets clásicos. Esta pieza maestra ocupará el Palau coincidiendo con las fiestas navideñas, del 29 de diciembre al 5 de enero. Puede resultar pertinente el que se incluya un título tan conocido dentro de una pretemporada destinada a atraer a un público no iniciado; aunque sorprende que sea la Ballet Company Astana Opera House, de Kazajistán, la encargada de poner en movimiento este cuento de hadas de fama avasalladora.

“La flauta mágica”, otra de las obras más estimadas del repertorio, será la encargada de marcar del 1 al 15 de diciembre el inicio de la temporada. La obra se estrenó en septiembre de 1791, cuando a Wolfang Amadeus Mozart (1756-1791) le quedaban menos de dos meses de vida. Su trama recoge la herencia de muchas obras de la época que jugaban con temas fantásticos, especialmente cuentos en los que aparecían instrumentos con propiedades mágicas. Lo esotérico se enreda en la madeja de un argumento que es, ante todo, propaganda masónica; Mozart, como buena parte de los intelectuales progresistas del momento, pertenecía a esta orden que promovía los ideales ilustrados. Además, el argumento defiende el derecho de la mujer a ser tratada en pie de igualdad con el varón. Llena de repeticiones y cifras clave en las que resuena un potente simbolismo, en su segunda parte representa claramente el ritual de iniciación masón y la música se alza como un elemento de concordia entre los hombres. El salzburgués trasciende el germen popular de esta obra- un singspiel (ópera cómica alemana)-; y, basculando entre el desenfado y la solemnidad, añade elementos eruditos que dan lugar a algunos de los instantes más sobrecogedores de la historia de la ópera. El reputado Graham Vick tomará las riendas de la dirección escénica y Lothar Koenigs de la musical; mientras, el ruso Dimitry Korchak (Pamino) liderará un atractivo elenco vocal.

La rica cantera de obras primerizas de Verdi (1813-1901) que han desfilado por Les Arts contará con un nuevo capítulo a partir del 6 de febrero con “I masnadieri”. Su libreto parte de “Los bandidos” de Friedrich Schiller, uno de los mayores precursores del romanticismo en Alemania. Una historia oscura de ecos trágicos que Gabriele Lavia arrastra hasta una periferia urbana actual sacudida por los enfrentamientos entre bandas juveniles, e impone a la acción un ritmo electrizante, casi cinematográfico.

Aunque más conocido por sus ballets, “La dama de Picas” y “Eugenio Oneguin” son dos óperas prodigiosas de Chaikovsky bien asentadas en el repertorio. Les Arts, en una de las apuestas más interesantes de la temporada, nos acerca desde el 22 de marzo la poco conocida “Iolanta”, que gira en torno a una muchacha ciega que había sido mantenida ignorante de su condición. Una delicada metáfora del despertar sexual que florece a través de imágenes nada inocentes, sirve de excusa al estallido primoroso de la vena melódica siempre tan rica del compositor. Contaremos con la batuta del húngaro Henrik Nánási, que siempre ha demostrado una química extraordinaria con la Orquesta de la Comunitat Valenciana.

Die Zauberflöte ©Alfredo Tabocchini Sferisterio Macerata (9)  Die Zauberflöte ©Alfredo Tabocchini Sferisterio Macerata

Hace dos temporadas, “El gato montés” de Manuel Penella (1880-1939) protagonizó la cita habitual con el repertorio español que nos propone siempre el Palau. Y esta temporada el compositor valenciano -también autor de canciones como el pasodoble “Suspiros de España”- retorna con “La malquerida”, zarzuela casi operística que se beneficia de la carpintería teatral de la obra homónima de Jacinto Benavente. El montaje de Emilio López traslada la trama amores incestuosos en un entorno rural de la pieza original al muy cinematográfico México de los años 40. Como en una película de Dolores del Río o María Félix desfilarán serenatas de mariachis entre pasiones puntiagudas y plegarias puccinianas que arrebatarán con la intensidad de un primer plano.

Verdi consideraba la obra de teatro de Víctor Hugo comparable a Shakespeare. El entusiasmo del compositor es compresible ya que estamos hablando del autor más relevante del primer romanticismo francés. La trayectoria del escritor resulta sorprendente: comenzó siendo en sus primeros tiempos algo así como el poeta oficial de los Borbones, para, en un giro opuesto al que nos tienen acostumbrados muchos intelectuales, manifestarse como partidario del socialismo utópico, defender la Comuna de París y acabar durante años exiliado de Francia debido a su oposición a Napoleón III. Su ideología se refleja en las novelas “Nuestra Señora de París”, “Los miserables” o “El rey se divierte”, la pieza teatral en la que se basa el libreto que Nicola Piave escribió para “Rigoletto”, ópera que podrá verse del 11 al 22 de mayo con la dirección musical del habitual Roberto Abbado.

“El rey se divierte” fue acusada de inmoralidad porque ponía en escena a un monarca disoluto; un retrato de la corte de Francisco I de Francia que parecía reverberar en alusiones al presente. La censura también se cebó en la ópera de Verdi que para no ofender a la corona tuvo que trasladar la acción a un hipotético ducado en Mantua. Sin embargo, fue su éxito arrollador entre el público, lo que liquidó toda suspicacia. Su protagonista, un bufón jorobado que en el primer acto se muestra mezquino y servil, se revelará un padre amantísimo cuando avance la trama. Junto a Azuzena, la gitana vengativa y atormentada de “Il trovatore”, y Violetta, la prostituta tuberculosa de “La traviata”, este personaje completa la galería de seres conmovedores, al tiempo que monstruosos para la sociedad, que protagonizan la trilogía popular de Verdi. El aplaudido barítono Leo Nucci será el encargado de dotar de luces y sombras a esta criatura fascinante.

A partir del 22 de junio y hasta el 2 de julio, llegará otra de las obras cumbres del repertorio italiano: “Lucia di Lammermoor” de Gaetano Donizetti (1797- 1848). La ópera toma su inspiración en una novela de Walter Scott, el creador de la novela histórica, para enmarcar su acción en una Escocia tomada por las brumas y las emociones borrascosas. Es celebrada sobre todo por su escena de locura -su impacto icónico podría rivalizar con la Ofelia shakesperiana-; en ella la protagonista, trastornada por las presiones a las que ha sido sometida, aparece ante sus invitados con el velo nupcial ensangrentado, tras asesinar a su marido en la noche de bodas. Dada su capacidad de sugestión, Flaubert utilizaría esta ópera para ilustrar el itinerario hacia el abismo de Emma Bovary.

Las escenas de locura se habían convertido en un locus clásico del melodrama, hasta el extremo de ser el gran momento de exhibición virtuosística, especialmente para las sopranos, durante el belcantismo; al mismo tiempo, en el mundo de la danza, se alzó de puntillas el llamado ballet blanco, poblado de fantasmas, sílfides y hadas. Lo que late debajo es el mismo ideal romántico de una femineidad etérea sinónimo de fragilidad y evanescencia. Los prometedores Jessica Pratt y Yijie Shi se pondrán en la piel de los atribulados Lucia y Edgardo. Y Roberto Abbado, una vez más, empuñará la batuta.

I masnadieri