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Pinchazo

por | 19 junio 2019 | Opinión

El lunes fui al ambulatorio a que me sacaran sangre. Junto a la enfermera experimentada había una chica joven en prácticas. Puse el brazo boca arriba sobre el mostrador. A ella se le nota bien -dijo la chica mientras tocaba mi vena. Y cogió la jeringuilla. Nos miramos y noté su miedo. Miedo a fallar, a la reprimenda, a hacerme daño. Entendí que era una de sus primeras extracciones.

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La joven me sonrío, nerviosa, le temblaban las manos. A estas alturas yo ya estaba dispuesta al sacrificio. Sentí compasión por ella. Y por mí. Por todo lo que sufrimos y hacemos sufrir las primeras veces que practicamos con algo que nos importa. Me ha pasado en muchas ocasiones. Sobre todo en mis primeros pasos como cómica. Salía a actuar tan nerviosa e insegura que ni el público ni yo pasábamos un buen rato.

Me pinchó. Nunca me había dolido tantísimo un pinchazo. Bueno sí, el jueves pasado probando texto nuevo en Ruzafa pinché yo, fracasé en mi intento de hacer reír y me dolió muchísimo. ¡Menuda hostia me di! La sensación es desoladora cuando te sucede a ti. Sin embargo, cuando le pasa a otro compañero no te parece que sea para tanto y entiendes mejor que así es como funcionan las cosas, así es como un texto crece: cuando tras el fallo vuelves a darle vueltas y más vueltas hasta conseguir que funcione.

La chica hundió la jeringa, pero no debió gustarle cómo había quedado clavada y, estando ya incrustada, rectificó la trayectoria. Arrastró la aguja dentro de mi vena. Me dolió tanto que aunque estaba comprometida con la chavala a full, no pude evitar gemir.
Siempre hace un poco de daño -dijo la enfermera experimentada. Las dos sabíamos que aquella chica me estaba destrozando la vena, pero la apoyamos. Apoyas porque intuyes la intención. Sabes que alguien con vocación de enfermera quiere ayudar a los demás, servir. Y sabes también que hay cosas que necesitan práctica y que muchas veces se aprende con un poquito de dolor. A quienes ven en mí una intención y me permiten seguir practicando pese a las hostias y los pinchazos: muchas gracias y perdón.

Al resto: Hazlo, tía. Prueba. Practica. Se aprende en la acción. No esperes a ser perfecta para actuar (como tantas veces te han sugerido), esa es la manera más eficaz de mantenerte paralizada y por lo tanto, inexperta. No temas las críticas. Vendrán, pero no son NADA en comparación con la sabiduría que se esconde tras la acción. Que no te importe causar un poquito de sufrimiento ni a ti ni a otros, todos lo hacemos. Así es como aprendemos.

A la chica en prácticas que me pinchó: Teniendo en cuenta que el morado es el color del feminismo, gracias a ti ahora tengo el brazo más feminista de toda Valencia, colega.

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