Por la consolidación de algo que podamos llamar industria musical valenciana

por | 11 diciembre 2016 | Música, Reportajes, València

El Trovam! 2016, encuentro de profesionales que se configura ya con fuerza como Fira Valenciana de la Música, expuso hace un mes el largo trecho que aún queda por recorrer hasta alcanzar una normalización plena.

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Seguramente estemos ya tan habituados a esta situación que ni siquiera nos demos cuenta de la anomalía que puede representar en el contexto europeo: en pleno 2016, son muchos más los músicos, los promotores, los técnicos de producción y los periodistas que han de ganarse la vida merced a otros menesteres que en base a su trabajo para el sector musical. Es decir, aquella idea que sobrevoló en más de una charla a lo largo del fin de semana: uno puede considerarse profesional del sector de la música sin que la remuneración obtenida por ello suponga un sustento básico. Sin que apenas alcance -en promedio mensual- el salario mínimo interprofesional. Diferenciar dónde puede empezar la vocación profesional y dónde el hobby (esa fina línea, no siempre fácil de abordar) sería ahondar mucho más en el debate, pero lo cierto es que la precariedad es una constante en prácticamente cualquier ámbito de nuestra industria musical.

Ese entramado profesional al que, en un ejercicio de voluntarismo, llamamos industria, aunque ni siquiera reúna las premisas básicas para que así la podamos evaluar con todas sus consecuencias. Esta idea, con sus correspondientes matices, sobrevoló a lo largo de la mayoría de las mesas redondas y charlas que tuvieron lugar a mediados de noviembre en el Trovam!, la Fira Valenciana de la Música, cuyas jornadas profesionales (Pro Weekend) y conciertos se celebraron, con una asistencia -generalmente- más nutrida que ningún otro año hasta la fecha, durante cuatro días en el Auditori i Palau de Congressos de Castelló. Y que funcionó prácticamente como antesala de la entrega de los Premis Ovidi 2016, que premian los mejores trabajos musicales de la escena valencianoparlante, y en la que los alcoyanos Arthur Caravan y los valencianos Gener salieron como grandes vencedores (algo que, por una cuestión paralela pero no enteramente ajena, no deja de contribuir a allanar el camino de la normalización de la música popular en la lengua autóctona, un terreno en el que llevamos unos veinte años de retraso respecto a nuestros vecinos del norte).

No es simplemente una sensación. Las estadísticas aportadas por el estudio llevado a cabo por el profesor de ADE Luis M. Cháfer y la periodista Marta Moreira, en un trabajo -si se quiere- embrionario y que debería ser ampliado en un futuro, no ofrecen dudas: el 33% de los músicos encuestados no se consideran profesionales -en el sentido de poder vivir de la música- , más de la mitad de los conciertos son gratuitos, y la mayoría de las bandas consultadas no sobrepasan los 20 conciertos al año de media (porque en esto también hay dos velocidades muy diferenciadas: los que hacen 100 y los que apenas llegan a 10).

De hecho, en la prolija programación musical del Trovam!, también se celebraron varios conciertos con niveles de asistencia ínfimos (siendo algunos de ellos de grupos locales), pese a que los espléndidos pases de Manel, Júlia y Gener, por ejemplo, obtuvieron una cálida y entusiasta acogida. Las nuevas políticas musicales valencianas, la visibilidad de las mujeres, el valor de la música en el desarrollo cultural de las ciudades, las vías de internacionalización o la problemática de la gestión de los derechos de autor fueron algunas de las mesas a las que pudimos asistir (bueno, preocupante hubiera sido no acudir a la última: quien esto firma era el encargado de moderarla).

Las lecturas pueden ser distintas, pero la sensación viene a ser más o menos siempre la misma: encuentros como este son perentoriamente necesarios si de lo que se trata es de reforzar un entramado profesional que aún es rehén de muchos lastres, tales como puedan ser la carencia de interlocutores consensuados que den voz a todas y cada una de las partes implicadas (Marga Landete intervino en nombre de la Coordinadora per l’Escena Musical Valenciana, instituida este mismo año: todo un paso al frente), la falta de espíritu asociacionista que rige desde casi todas las trincheras del sector (que muchos atribuyen al carácter mediterráneo e incluso a la inercia de casi 40 años de dictadura) y la dificultad para ir creando y consolidando públicos (a veces es la propia oferta la que es muy superior a la demanda). O, cómo no, la lentitud de las administraciones públicas a la hora de abordar una problemática que, en tiempos de vacas más bien flacas, rara vez se considera prioritaria, sino más bien una demanda opacada por las políticas educativas (aunque ese juego de contrapesos no debería ser una situación de suma cero: una cosa no debería excluir a la otra). Más que nada, porque quizá cuando la toma de conciencia sea patente, también sea ya demasiado tarde como para implementar medidas. Puede que sea mejor no explayarse en saldar cuentas pendientes -por históricas que sean- y comenzar a pensar en clave de futuro. Sintetizando, Francia bien puede ser, en cualquiera de esos puntos, nuestra Finlandia, con ese régimen de trabajadores intermitentes al que se adhieren los músicos y con -no hace falta decirlo- la primacía que siempre ha otorgado a sus políticas culturales.

Es indiscutible, pese a todo, que citas como el Trovam! articulan un punto de partida. Un framework de cara al futuro, que remueva y agilice a todos los sectores que componen una escena. Un activador de sinergias, y no un simple expositor anual de reclamaciones. Y con un camino por recorrer que, pese a las dificultades, debería nutrirse de todos los laboratorios de ideas y de la experiencia acumulada por quienes llevan ya un cierto recorrido. Mirando a Vic o a Manresa, por supuesto, pero también a Bilbao, Sevilla o Santiago de Compostela.

Foto: Adrián Morote

https://www.youtube.com/watch?v=A7W8BgElqEE

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