Rock, actitud y entrega para convertir un martes cualquiera en el inicio del fin de semana

por | 19 febrero 2026 | Conciertos

Cuando una sala como Moon se llena una noche aciaga de mitad de semana para un concierto de pop es que no está todo perdido. Cuando Miles Kane decide que, a pesar de los veinticinco grados registrados a primera hora de la tarde, va a combinar camisa blanca de cuello grande, con una cazadora de cuero negro, pantalones acampanados y botas de punta fina es que tiene un plan. Cuando diez minutos antes de completar la hora de actuación se atreve con el ‘Lust For Life’ es que está muy seguro de sus capacidades. La versión quedó impecable. Iggy puede estar contento.

Hay una anglofilia subterránea que recorre nuestra ciudad y que beneficia propuestas de clase media como la que encarna Miles Kane. Cuando has nacido en la orilla del río Mersey no es difícil que te imaginen en una línea que une a The Beatles, de The La’s, The Coral, las réplicas poderosas del britpop de provincias, los ecos del northern soul, cierta chulería endurecida por la lluvia y los estragos de la desindustrialización. Para muchos de nosotros esa tradición siempre ha sido un valor añadido. El norte está lleno de canciones redentoras.

Que nadie se engañe, la sombra de Alex Turner es alargada. El proyecto de The Last Shadow Puppets que lanzó Kane junto al líder de Arctic Monkeys le acompañará siempre. La primera entrega The Age of Understatement (2008) fue un éxito incontestable de crítica y ventas. Es un disco soberbio. La otra noche intuimos ecos de esas colaboraciones en algún estribillo y en algún fraseado. Y eso que el combustible principal de su repertorio en solitario pasa por Marc Bolan, The Who, sus amigos de Sheffield, las rugosidades del garaje, cierta sensibilidad soul, algo de brit pop, algún deje crooner y guitarras con tendencia a tensarse, endurecerse y ponerse rock a las primeras de cambio. Hasta punteos virtuosos se permitió. De eso fue la velada, mucha tensión, un sonido grueso, momentos de ritmo y algunas caricias.

Volvía el músico de Birkenhead con banda y con uno de sus mejores trabajos hasta la fecha, el notable Sunlight in the Shadows (2025). El bullicio en las terrazas de los bares cercanos anunció una buena entrada. El todo vendido estuvo cerca. Mucho público cuarentón con ganas de pasarlo bien, erasmus sonrientes y enrojecidos por el sol y la beer culture, obsesivos de spotify que se aprenden los estribillos para darte el concierto, miembros legendarios de la modesfera local con los que intimamos, desubicados del indie de los noventa crecidos con el regreso de Oasis, despistados, entusiastas, fans de largo recorrido y bastante personal con cervezas de las grandes muy dispuestos a hacer de la noche una celebración.

Empezaron los ingleses a las nueves en punto con ‘Electric Flowers’ después de la actuación de los locales con acento argentino City of Fury. El plan debió ser enganchar desde el principio con uno de sus temas más efectivos. Lo consiguieron. Desde el minuto uno sonaron comprometidos y contundentes. La presencia del bajo y la batería igual fue excesiva en su diálogo con las guitarras. La mesa de sonido había tomado decisiones controvertidas. Miles Kane, entre dandy y gangster, guitarra en ristre, se reveló como un excelente frontman consciente de su papel estelar. Canta muy bien, toca con poses y muecas, anima, se mueve y derrocha actitud. Hay una manera arrogante de estar en el escenario muy british que se debe aprender en las guarderías: I wanna be adored.

Hora y cuarto de idas y venidas, de momentos bulliciosos y otros más planos jalonaron el relato. De repente la euforia y a continuación algo de distanciamiento. Sonaron muchos temas de su última entrega junto a algunos de sus éxitos del principio y algún rescate de otros trabajos. Ese vaivén pudo provocar cierta desconexión. En general no ocurrió. El final nos llegó por sorpresa tras una interpretación de ‘Come Closer’ que terminó desbordando sus costuras. Sin bises y sin previo aviso irrumpió el ‘My Way’ de Frank Sinatra y todo acabó. No nos vino bien. Tocaba volver a la dura realidad en la sociedad del cansancio. Algunos valientes decidieron resistir en los bares de alrededor. Que la noche del martes 17 de febrero se convirtiera en el arranque del fin de semana solo era cuestión de voluntad y de más cervezas.

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