Rock Radical Vasco, en la línea del frente

por | 30 julio 2018 | Reportajes

La profunda regresión de los derechos civiles, y en particular la libertad de expresión, fue una constante desde la llegada del PP a la Moncloa en noviembre de 2011.  Así, la aprobación de controvertidas leyes antidemocráticas, como la popularmente llamada Ley Mordaza, ha tenido un efecto represivo que ha ido a más, conforme la reacción popular contra los recortes y la corrupción se generalizaban en todo el Estado. 

rrvEskorbuto, Kortatu y La Polla Records.

 

La represión se ha cebado con el mundo de la música, con casos como el de Pablo Hasél, a quien la Audiencia Nacional pide dos años de prisión y un multa de 40.500 euros, por delitos de apología del terrorismo y de calumnias e injurias contra la Corona e instituciones del Estado, por una canción y 62 mensajes de Twitter, o como el del rapero Valtònyc, condenado a tres años y medio de prisión por enaltecimiento del terrorismo e injurias a la Corona.

Pero, sin duda, fue la denuncia que la Guardia Civil presentó contra Evaristo Páramos, antiguo líder de La Polla Records, por un grito lanzado contra la policía en genérico durante su actuación en un reciente festival, lo que ha puesto en relevancia la calidad de nuestra democracia en comparación con lo que sucedía en los años inmediatamente posteriores a la Transición, años en los que apareció el movimiento musical y social más politizado de nuestro Estado: El llamado Rock Radical Vasco (que visto lo visto, hubiera acabado 30 años después, con todos sus miembros en la cárcel o en el exilio).

Como toda denominación que intenta unir a una larga serie de grupos, de diferentes estilos y planteamientos musicales, desde el punk hasta el rock urbano, el heavy metal, el reggae y sobre todo el ska, el Euskal Rock Erradikala, fue tachado de etiqueta, aceptado por unos como Kortatu y rechazado por otros por llevar la palabra “vasco”, al considerarse apátridas como Eskorbuto.

En cualquier caso, el conjunto de elementos musicales, políticos y sociales del Rock Radical Vasco, acercaron al rock español al movimiento punk que había estallado en los barrios obreros británicos en 1977, pero que había llegado a nuestro Estado en una fase postpunk, más y mejor elaborada musicalmente, pero despojada de la politización que tanto identificó al punk de las Islas Británicas.

La Euskadi de los años 80 era el caldo de cultivo ideal para la aparición de este movimiento. La reconversión industrial del gobierno de Felipe González desestructuró a la clase trabajadora vasca, generando altos niveles de paro y una bajada generalizada del poder de compra de los salarios. Esto provocó un aumentó de la marginalidad en los suburbios urbanos, especialmente en Bizkaia y Guipúzcoa, y la introducción de la heroína que causaría un elevado número de muertes. Y, naturalmente, estaba el tema del terrorismo de ETA, y la respuesta dada por el ministro del PSOE de Interior del momento, José Barrionuevo, que diseño el llamado “Plan de la Zona Especial Norte”, que consistía en frenar la violencia terrorista y que acabó provocando una mayor conflictividad social al considerar a los jóvenes como sujetos potencialmente peligrosos.

Es por ello, que la fecha de nacimiento del movimiento se establece en 1983, precisamente después un festival en contra de la entrada de España en la OTAN, conectando inmediatamente con parte de la izquierda vasca, especialmente con Herri Batasuna y el autoproclamado Movimiento de Liberación Nacional Vasco, aunque bien es cierto que más por el poder de atracción de este en aquellos momentos que por una identificación con sus objetivos. Así, el rock vasco se propagaba gracias a las redes sociales de la época, esto es multitud de fanzines, radios libres y los incipientes casales de la juventud (los Gaztetxes). En un mundo tan alternativo como este, no es de extrañar que los medios ofrecidos por HB, como la sección de música del clausurado diario Egin, así como sus fiestas y sus locales, las famosas Herriko Tabernas, sirvieran de altavoz de todo este estallido de ira musical.

Los estilos musicales eran diversos, casi tantos como grupos que aparecieron. Hertzainak, Potato, y Korroskada con sus ritmos jamaicanos; el rock en su variante dura, con Barricada y Tijuana; el hardcore con Cicatriz o RIP. Pero en todos ellos y de manera transversal, la temática de la protesta y el activismo en sus letras, destacando Eskorbuto, La Polla Records y Kortatu.

Aunque todos ellos comenzaron con letras en los que se reflejaba la problemática nacional vasca y la siempre presente lacra del terrorismo de ETA y la guerra sucia del Estado, el caso de Eskorbuto es el de un grupo que empieza con temas tan inequívocos como “ETA” o “Maldito país, España” por lo que son detenidos y se les aplica la Ley antiterrorista, para acabar alejándose progresivamente de la izquierda abertzale. No aceptaron formar parte del RRV, lo que los llevaría a un alejamiento progresivo del País Vasco y un aislamiento de la banda, que se confirmaría con la muerte por heroína de dos de sus fundadores.

Cosa distinta sería el caso de La Polla Records. A pesar de un anarquismo más o menos difuso, lo cierto es que sus letras contenían simpatías por el entorno de HB y su organización juvenil, Jarrai, sobre todo en sus dos primeros y fundamentales discos: “Salve” de 1984 y “Revolución” de 1985. Aún así, sus afiladas y certeras críticas al capitalismo, al militarismo y la jerarquía católica, al fascismo y a las fuerzas represivas, les hicieron ganarse la simpatía de miles de jóvenes en todo el Estado, convirtiéndose en la banda sonora de la lucha contra la OTAN, el Servicio Militar Obligatorio o la precariedad laboral.

Un caso más claro sería el de Kortatu, probablemente la mejor de las bandas nacidas al calor del punk vasco, y mascarón de proa de la izquierda abertzale en el RRV. En el caso del grupo de Irún no hay duda alguna, comenzando por el propio nombre, homenaje a un colaborador de ETA llamado Korta, muerto por la Guardia Civil y siguiendo con canciones como “Sarri, Sarri” dedicada al etarra fugado Sarrionaindia escondido en un altavoz después de un concierto del cantante Imanol, el llamamiento a la kale borroka en “A la calle”, o contra la acción de los GAL en “Hotel Monbar”. Pero como en el caso de otras bandas vascas, será su canción de solidaridad internacionalista, en este caso “Nicaragua sandinista”, la que les dará el éxito entre toda la juventud combativa de la segunda mitad de los 80. Por eso será tan bien recibido su segundo disco, “El estado de las cosas” de 1986, álbum en el que se observa una maduración, tanto de sus letras como de su música, más cuidada y explorando nuevas influencias. Este álbum y el siguiente, “Kolpez, Kolpez” de 1988, grabado íntegramente en euskera, los llevará de gira por todo el Estado, pero también por países europeos, sin que la lengua sea ninguna barrera. El éxito de Kortatu se comprobó en la grabación en directo, ese mismo año, de su último disco, “Azken guda dantza”.

La evolución, tanto musical como política, de su líder Fermín Muguruza, es una muestra de cómo han cambiado las cosas en el País Vasco en estos 30 años. Desde una militancia clara en Batasuna que le llevaría a ser candidato por Euskal Herritarrok al Parlamento Europeo en 1999, Muguruza ha evolucionado a un rechazo abierto al terrorismo, asumiendo el reto que la entrega de armas por parte de ETA abre para la sociedad vasca. Por eso, mención especial merece el cómic “Los puentes de Moscú” de Alfonso Zapico, que recoge la entrevista que el socialista vasco mutilado por ETA, Eduardo Madina, realizó a Muguruza, y que se ha convertido ya en un ejemplo para asentar definitivamente el diálogo y la convivencia en Euzkadi. Un futuro democrático y pacífico, que por fin parece haber unido a todo el pueblo vasco.

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