Samuel Reina, la puerta del cielo SALA RUSSAFA. SÁBADO 1 DE JUNIO.

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Samuel Reina hizo suya la frase del pintor Francis Bacon que afirma que cuando destrozas aquello que imitas es cuando te conviertes en ti mismo. Fue así como poco a poco, jugando con sus referentes (Bowie, Dylan, Buckley, Brel, Krahe…), fue germinando en él el deseo de profundizar en la creación musical. Con “Alarms” (2016) llamó poderosamente la atención y aportó luminosidad a algunas de las composiciones de Antártica, un proyecto más críptico. En “Simulacros de naufragio” (2019), su siguiente empeño, vierte su poética al castellano y trunca expectativas transitando nuevas y cálidas identidades sonoras. El día 1 de junio en la sala Russafa presentará estas canciones en uno de sus impecables directos.

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Decidiste componer “Simulacros de naufragio” en castellano por sugerencia de Tono Hurtado, el productor del disco. ¿Esto afectó a la identidad sonora de las canciones?
La verdad es que mi segundo disco iba a ser en inglés. Tenía todo preparado para entrar a grabar doce nuevas canciones reunidas bajo el titulo de “Absolute Night”. Entonces Tono y yo tuvimos una conversación; ¿debería intentarlo en castellano? La premisa no carecía de riesgo y eso lo hizo mucho más estimulante, así que mientras “Absolute Night” quedó a buen recaudo en uno de mis discos duros, empecé de cero la composición de “Simulacros de naufragio”. El proceso se dilató un año hasta estar seguro de que este era el disco más sincero que podía ofrecer.

Algunos artistas que pasan a componer en castellano señalan que se sienten desnudos, como el si inglés cubriera con un pixelado las partes vergonzosas y el castellano las dejaras expuestas con nitidez. ¿Te reconoces en esta afirmación?
Sí, en parte sí. El inglés también me permitía coquetear con diversos registros y personalidades y revestir de una pretendida y disimulada trascendencia a las letras, sin embargo aquí es muy distinto. En “Simulacros de naufragio” soy yo mismo frente a un espejo crítico y esquivo. Siempre pensé que también somos el contenido de nuestras sombras y en este disco hay mucho de eso. El castellano me obligó a perseguir una lírica más precisa y depurada y el viaje ha sido fascinante. De hecho, quizás ya no vuelva a escribir en inglés. Quién sabe.

“Alarms” parecía alimentarse más del lado sombrío; en este disco encontramos una especie de pesimismo ilusionado que resulta muy sugerente.
Bueno, quizás sí. Hay ciertas herramientas de las que me sirvo, la ironía, por ejemplo, te permite estirar tu mensaje y hacerlo más inmediato. Cuando ya has abrazado lo inevitable, el dolor de la lucidez puede ser un peso muy atractivo para la interpretación y la escritura.

Incluso tu voz explora un registro más ligero, como si pretendieras contradecir aquellos que te bautizaron como “el crooner de voz cavernosa”. Da la impresión de que has querido poner tu voz, que no pierde su singularidad, al servicio de la expresividad.
Nunca deseé ser un crooner. Es una especie de honor y etiqueta que no pedí y que, por lo tanto, no quiero. La voz aquí esta subyugada a los textos y he trabajado mucho para que eso se manifieste de un modo natural. Aunque hayan pasajes algo más complejos, nunca perseguí la proeza vocal. Lo importante aquí es la interpretación. Hay temas en los que susurro y otros en los que busco un apoyo más de barítono, otros en los que me deleito en estirar y forzar las armonías. La voz puede llegar a tener un gran poder de extrañamiento pero solo si se produce esa difícil comunión entre la interpretación y el texto.

Tus canciones alzan el vuelo arropadas por las guitarras de Toni Carrillo, las baterías de Cesc Domènech y el bajo de Tono Hurtado. Juntos formáis un sonido muy orgánico. ¿Era eso lo que buscabais?
Sin duda. Buscábamos un sonido de banda pero sin perder ese concepto y despliegue casi camerístico que nos unió hace ya unos años. A pesar de la contundencia y la virulencia pop de determinados arreglos, me gusta pensar que hay sangre palpitando bajo cada canción y que esa es una de las particularidades de este proyecto.

“Alarms” tuvo una estupenda acogida crítica y ganaste mucha visibilidad. ¿Cómo cambiaron las cosas desde ese momento?
Las cosas cambiaron en parte pero solo en parte. La vida del músico es ciertamente insalubre y uno ha de hacer malabarismos por mantener cierta dignidad de oficio. Además debes tratar que te escuchen (cosa harto difícil con la cantidad de compromisos que tienen los periodistas que no dan a basto); y tienes que saber cómo moverte y poseer las suficientes habilidades sociales para hacerlo. Eso es un problema para una buena cantidad de excelentes músicos que no gozan de las suficientes tragaderas como para comulgar con determinadas ruedas de molino.

En las fotos de promoción os vemos tras un cortinaje rojo que parece evocar a David Lynch. Desde muy joven has sido aficionado al cine de Kubrick o Tarkovsky. ¿Te gusta establecer conexiones con imaginarios cinematográficos o pictóricos?
Tanto Kubrick como Tarkovsky conforman mi idea del creador en su totalidad, en la medida en la que trabajaban en cada uno de los aspectos de su obra, por pequeños que fueran. No puedo imaginarme lo que debe significar rodar un film como “Barry Lyndon” o “Andrei Rublev”, dirigir a toda esa cantidad de gente y que el resultado sea así de excelso. La verdad, prefiero estar encerrado en un estudio y que mi trabajo no esté a merced de la opinión de tanta gente. Ha de ser realmente complicado. El cine ha sido otra de mis grandes obsesiones, sin ir más lejos la canción ” Verbo errante” está motivada por un film de Win Wenders y dedicada a ese actor maravilloso que era Bruno Ganz.

Tu afición a la literatura se hace más palpable que nunca. Cada canción encandila como un pequeño relato o una viñeta enigmática. ¿Qué temas e impresiones atraviesan el disco?
Vivimos conformados por simulacros. Esa es la impresión o idea recurrente que gira entorno al disco. En un mundo en que se valora el éxito por encima de todo, entendí el poder seductor del fracaso, la necesidad de vivir en la pérdida. Encontré un sentido de la dignidad en mis experiencias más estériles, más duras. Intenté amortizar mis horas de lector empedernido. Siempre desconfié de los autores que producen más de lo que consumen. Mis referentes pueden venir de múltiples disciplinas, no estrictamente musicales. A veces una obra literaria, musical o cinematográfica, por mediocre que pueda parecer suele abrir una gruta donde buscar, como si esto te conectara con alguna idea aletargada que de golpe alcanza el poder de sugestión necesario como para sentarte a escribir. Todo acto de creación es antes que nada un acto de destrucción, de modo que eso hice; destruir todo lo realizado hasta ese momento y empezar desde un lugar que me resultara incómodo. En la creación hay que quedarse allí donde lo incómodo resulte irresistible.

El disco fluye como un río: está lleno de recovecos y sorpresas. ¿Era tu intención tantear distintos colores y texturas sonoras?
Sin duda, no me interesa abarcar un solo color, por atractivo que este me resulte. He intentado hacer un pop ligeramente esquivo, no vinculado a determinada tendencia, unido a una huida consciente de etiquetas demasiado evidentes a las que al parecer podría estar adscrito. El trabajo con la banda ha sido muy importante en ese sentido, buscábamos una manera de entender el sonido y la producción en concreto. No estoy seguro de haberlo conseguido pero, en cualquier caso, no suena mal.

Los que os hemos visto en vivo conocemos la potencia de vuestros impecables directos. El 1 de junio presentaréis el disco en la sala Russafa, en la que ya has tenido ocasión de tocar. ¿Cómo encaráis este concierto?
La sala Russafa ofrece muchas posibilidades. He actuado allí en alguna otra ocasión y es un espacio que deseamos aprovechar para ofrecer un espectáculo que vaya más allá de la canción tras la canción. Vamos a hacer un repaso por las nuevas canciones pasando también por algunas de las de “Alarms”, sin olvidar el nuevo sonido y enfoque de la banda.

En Madrid actuarás acompañado de tu banda el 29 de junio en el Café la Palma. ¿Resulta complicado moverse a nivel nacional?
Si tienes una buena estrategia de promoción, gozas del respaldo de una buena empresa de management y una excelente relación con los medios y redes, no. Si careces de esto, todo cuanto precisas es una buena dosis de optimismo, noches de carretera e interminable epílogo y un hígado tolerante.
Dedicarse a la música en Valencia puede llegar a ser una broma pesada para el músico. Afortunadamente hay recodos e iniciativas con intenciones de cambio pero las oportunidades siguen siendo muy escasas en una ciudad donde reside gente extremadamente creativa. No quiero molestar a nadie con esto, solo considero que en ocasiones los creadores nos obstinamos en subrayar una suerte de éxito, aunque este sea de pega, con el objeto de visibilizar nuestro trabajo. Esto me llama poderosamente la atención y me pregunto por qué. También se habla mucho de cómo las instituciones tratan al músico pero muy poco de cómo los músicos tratan a otros músicos, aunque eso es otra película. La comedia humana.