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Shiraz Lane y el relevo generacional

por | 20 febrero 2017 | Cultura pop

La apuesta por resucitar un género clásico tiene dos consecuencias bien definidas: no es un sonido arriesgado, ni un reto buscando la experimentación o un estilo propio. Es, eso sí, una senda segura y un tiro certero hacia un tipo de música que se vale de la nostalgia como marca representativa.

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Poco se puede decir del hard rock ochentero que no se haya dicho ya, un género que es capaz de henchir los corazones de puro sentimiento melancólico a algunos, y de provocar bostezos y gestos molestos por una rama del rock que ya huele, en otros. Fuera de interpretaciones basadas en el ideario personal de cada uno, Shiraz Lane consiguen aquello que se están proponiendo y que tan necesario es en grupos nuevos que centran su estilo y repertorio en géneros clásicos: una fidelidad y una pulcritud que es de agradecer. Se respira el sonido característico de grupos indiscutiblemente en la cima de su género, como Guns n’ Roses, Aerosmith, Skid Row o Mötley Crüe. Y eso siempre es bueno.

Considerados (con razón) nueva promesa del hard rock, Shiraz Lane pertenecen a ese nicho de bandas nostálgicas que se mueren por el sonido tradicional que ha formado parte de una generación y la ha marcado hasta llegar al amor convulsivo. Estos jóvenes grupos (Shiraz Lane rondan la veintena) recuperan el rock de los 80 y lo elevan a una posición de la que ya había sido desterrado por el peso de los frutos musicales de épocas posteriores, relegándolos a una posición de leyenda. Un regalo para los nostálgicos abiertos de corazón y de mente que acepten el relevo que estas nuevas generaciones vienen más que preparados para ofrecer.

Shiraz Lane llevan en pie desde 2011, partiendo desde Finlandia, pero ha sido en 2015 cuando se han consolidado como banda, con una formación ya permanente y un álbum de hard rock puro, sin concesiones a algo con un ritmo más relajado. For Crying Out Loud (2016) se nutre de enérgicos solos de guitarra, falsetes y potentes coros de esos a los que apetece unirse a voz en grito, adictivas power ballads y ese tono heroico que suele reposar en el fondo de estas de composiciones.

El disco destaca con una calidad magnífica y alguna que otra canción que sobresale de la media (“Begging for Mercy”), sin aportar ninguna novedad a un género que no puede dar más de sí, que vive de tributos y reposiciones, pero que cuando revive lo hace con una fuerza similar a la de antaño. Sigue siendo un pequeño reducto, sobreviviendo en una época a la que no pertenece. Por suerte, con los finlandeses a todo volumen y los ojos cerrados, da la impresión de haber regresado a la época de la nostalgia por excelencia.

Fotos: Nauska

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