Stéphanie Cadel et La Caravane, melodía silvestre

por | 10 octubre 2014 | Cultura pop

Del bendito delirio de una joven cantautora francesa nace Stéphanie Cadel et La Caravane, una aventura musical que huye de los terrenos más transitados, tomando un excitante desvío hasta dar con un espacio en el que brotan sus composiciones, a veces bulliciosas, a veces íntimas, pero siempre diferentes.

stephanie cadel  en wah wah club valencia

Stéphanie es una trotamundos que ha recorrido el globo, paseándose por distintas ciudades de Francia, Colombia e Inglaterra hasta dar con Valencia. Es en nuestra ciudad donde su caravana multicolor ha comenzado a rodar, albergando una tripulación que conforma una deliciosa torre de Babel que une a músicos locales con otros procedentes de Canarias, Bélgica, El Salvador o Japón, confabulados para desplegar los sonidos que ella imagina. Forman una pequeña orquesta campestre en la que relucen la flauta travesera, el saxofón, el violín, el piano, el xilófono, el clarinete y la batería enredados en una enfermedad melómana que no teme hermanar el jazz con el swing, el folk con el legado de la chanson francesa. Siempre permeables a todas las posibles influencias que aletean en su camino, éstas adquieren un nuevo sentido en la luminosa voz de Stéphanie. Entre los múltiples referentes de los que se alimentan se encuentra Henri Salvador, uno de los pioneros del jazz y el rock en francés, pero también luminarias del presente como Melody Gardot o Madeleine Peyroux, figuras que han hecho del eclecticismo una religión, sin que por ello dejen de habitar en sus gargantas ecos selváticos procedentes del soul más clásico. También se han atrevido a tejer policromadas polifonías en torno al ritmo de la bossanova, y han llevado a su terreno composiciones de José Luis Perales.

Esta caravana ha dejado su estela por muchos espacios de la Comunidad Valenciana, y no le resultan desconocidos festivales como el Datura Folk o el Pànic Escènic. En ellos han dado a conocer composiciones como “La canción del verano”, que parece invitarnos a aterrizar en una tierra eternamente bendecida por el sol y la brisa, en la que la vida es siempre fácil. En otras de sus piezas, como “De ton corps à mes failles”, florece un romanticismo incandescente del que parece provenir su fuerza creativa; mientras que en otras ocasiones retozan entorno a un collage de sonidos de ecos mestizos que en manos menos diestras resultaría insalubres, pero que con ellos adquieren calidez y coherencia.
Ahora presentan un nuevo trabajo que ha visto la luz gracias a un sistema de micro-mecenazgo por parte de sus seguidores. “Chanson du Voyage” nos demostrará que, tal y como nos decía Stéphanie en “Tes vins”, las que cosas que merecen la pena, como el buen vino, mejoran con el tiempo.

 

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