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Superchunk: “Nadie que nos escuche habrá esperado que sonásemos en la radio después de una canción de Bon Jovi”

por | 2 julio 2019 | Conciertos, Entrevistas

Mac McCaughan, Laura Ballance, Jason Narducy, Jim Wilbur y Jon Wurster focalizan la quintaesencia del indie norteamericano. No solo por su labor al frente de Merge Records o su rol de punta de lanza de la efervescente escena de Chapel Hill (Carolina del Norte), de la que salieron también Archers of Loaf, Polvo o Seam a principios de los 90, sino también por su irrebatible obra, siempre en perpetua evolución sin negar sus irrenunciables principios. Vuelven a Valencia (3 de julio, La Rambleta, junto a Senior i el Cor Brutal) casi veinte años después, en la estela de dos conciertos tan apabullantes (en 1993 y 1999) que muchos aún guardan en la retina. Sus efervescentes discos, entre el punk pop y la mejor tradición indie rock legataria del hardcore, han perdido en urgencia pero no en frescura. Y aunque su última entrega sea una revisión acústica de su cuarto largo (Foolish, 1994) por su 25 aniversario, con aportaciones de Matt Douglas (The Mountain Goats), Peter Holsapple (The dB’s), Allison Crutchfield (Swearin’), Jenn Wasner (Wye Oak) y Owen Pallett, huelga decir que llegan aquí dispuestos a despachar su material de mayor octanaje. Mac McCaughan nos atiende al teléfono desde su casa en Chapel Hill.

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Es obligado comenzar por la actualidad: habéis editado una versión acústica del que fue vuestro cuarto álbum, Foolish (1994), justo a los 25 años de su edición. ¿Por qué?

Pensamos en editar unos vinilos especiales para celebrar el 30 aniversario de Merge, y la idea era escoger varias canciones de todos nuestros álbumes para abordarlas en acústico. Pero luego nos dimos cuenta de que no habíamos grabado ninguno de nuestros álbumes en acústico, y como era el aniversario de Foolish y además fue un disco que en su momento no fue acogido como esperábamos… no sé qué edad tienes, ni si lo recuerdas…

Sí, sí, lo recuerdo, tengo 45 años. De hecho compré aquel disco en cuanto salió.
Ah, vale, entonces no eres tan viejo como yo, pero sí lo suficiente como para recordarlo (risas): la mayoría de críticas decían que era un cambio de rumbo, que era un disco demasiado lento y que las guitarras tenían un sonido más limpio. Fue acogido como un giro radical. Pero cuando lo escucho ahora, me suena igual que como muchos otros de nuestros discos. Así que hicimos esta nueva versión acústica para que sonase tal y como la gente decía que sonaba entonces. ¿Sabes lo que quiero decir? La gente que escribió sobre él lo encajó como si fuera un disco acústico, aunque si lo escuchas de nuevo ves que es un disco de rock and roll. Hemos decidido hacer la versión de la que la gente hablaba entonces, si es que eso tiene algún sentido.

De hecho, en esta versión acústica uno de los cambios más notorios es que cantas en un tono mucho más bajo del habitual.
Sí. E intentaba que fuera diferente, que tuviera la misma energía pero con guitarras acústicas, que tuviera un feeling distinto. No quería pegar gritos sobre unas guitarras acústicas. Quería cantar de forma que se mantuvieran las misma vibraciones, el mismo sabor, pero de un modo más tranquilo.

Algunas de estas canciones aún forman parte de vuestro repertorio reciente en directo, pero ¿cómo te sientes cantando otras que desaparecieron de él hace mucho tiempo y que escribiste cuando eras un veinteañero? ¿No te resulta extraño?
Algunas ni siquiera las tocamos nunca en directo, como “Stretched Out” o “In a Stage Whisper”. Tuve que reaprenderlas, y ver cómo las podía tocar con guitarra acústica. Otras sí las tocábamos, como “Water Wings”, y tuve que enfocarla de un modo distinto. Pero ese proceso de hacer que una canción vuelva a tener sentido en la actualidad fue muy satisfactorio. “Stretched Out” ahora suena como debería haberlo hecho en un principio, por ejemplo. Y tener a gente como Allison Crutchfield de Swearin’ o a Jenn Wasner de Wye Oak cantando, y a Owen Pallett aportando sus cuerdas, hace que sea muy satisfactorio escucharlas de nuevo. Le da otro feeling. Es cierto que siempre es embarazoso cantar una canción que compusiste con 22 años (risas), porque siempre va a haber parte de la letra que te produzca cierto sonrojo, pero es algo que no puedes cambiar. La clave está en que en lugar de sentirlas como algo obsoleto o fuera de este tiempo, sobre todo cuando se abordan de forma tranquila y no con rabia, cobren un nuevo significado. Yo les doy ahora un significado más universal: que una canción que hablaba sobre mi novia y yo, o sobre una relación específica, empiece a sonar como una canción que habla sobre cómo te relacionas con el mundo. Que se transformen en canciones en las que hablas sobre cómo puedes salir de una situación negativa, o sobre lo poco que vale la pena albergar rencor hacia nadie. Sobre cómo maduras, en cierto modo. Cómo aprendes a manejar tus emociones y tus relaciones. Me he sorprendido al darme cuenta de cómo estas canciones tienen aún sentido, aunque sea de un modo distinto.

Te estoy hablando desde Valencia, una ciudad en la que habéis tocado dos veces: a mediados de 1993 y a finales de 1999. Ambos se recuerdan aún como dos bolos memorables en esta ciudad. ¿Recuerdas alguno de ellos?
Tenemos una fotografía que nos hicieron justo delante de una de las salas, que era como un castillo o algo así, un edificio no demasiado viejo, como si fuera una imitación de un castillo medieval…

Aquel debió ser el de 1993 en Garage Arena, por la descripción del lugar. El de 1999 fue en Roxy Club.
Sí, creo que los recuerdo. Aunque más el de 1999. El público siempre ha sido muy entusiasta con nosotros en España. Pero vaya, que si me dices que llevamos veinte años sin acercarnos a Valencia, la verdad es que pillamos este concierto con ganas, porque ya iba siendo hora (risas).

Las últimas dos veces que os he podido ver fue hace unos pocos años, en el Primavera Sound. Y en ambas me quedé con la sensación de que no podría decir si vuestros conciertos de ahora son más o menos enérgicos que los de hace 25 años. No sé cómo lo hacéis para mantener ese caudal de energía sobre el escenario, con más de 50 años, y siempre presentando discos nuevos. No debe ser fácil.
En parte porque llevamos una vida más sana que entonces. Cuando te haces mayor no te queda más remedio que cuidarte un poco más. Pero también creo que unas de las cosas más divertidas de estar en una banda es la energía del directo, ponerte a saltar y a gritar, y quemar toda esa energía. El resto del tiempo lo puedes pasar ocupándote de los críos, trabajando, paseando al perro… y ya no hacemos giras de seis meses como las de antes, por eso cuando salimos a tocar intentamos pasarlo lo mejor posible y quemar todas las naves. Cuando estás en una banda, lo último que esperas es oír decir a alguien que bien, que no estuvo mal, pero que fue peor que hace diez o quince años. Siempre quieres que la más reciente sea también la mejor. Y el incorporar canciones nuevas y mezclarlas con las más antiguas siempre hace que los conciertos mejoren. Con el material nuevo estás más conectado, y con el antiguo es divertido porque puedes sorprender a la gente rescatando una canción de hace 25 años.

Laura Ballance no puede actuar con vosotros desde 2013, debido a sus problemas de oído. Su puesto al bajo lo ocupó Jason Narducy, y a la batería tenéis a Jon Wurster, pero ambos conforman la banda de apoyo de Bob Mould también en directo, han estado recientemente de gira, y además Wurster también toca en directo con The Mountain Goats. ¿Cómo lo hacéis para programar vuestra giras, porque entiendo que os tenéis que coordinar con ellos, no?
Es una locura, sí. Hemos de organizarnos con ellos. Pero nos apañamos bien, todo funciona.

Vuestros dos últimos álbumes tienen títulos contradictorios entre sí: I Hate Music (2013), que entiendo que es irónico, y What a Time To Be Alive (2018). Y posiblemente el que parece más optimista es a la vez el que se ha gestado en un contexto sociopolítico más complicado, ¿no?
La verdad es que nunca pensé en los dos títulos juntos (risas). Y sí, el título del segundo también es irónico, porque tanto si ves lo de nuestro presidente como el auge de la extrema derecha en todo el mundo, están haciendo que la vida sea más dura para mucha gente. Tenemos noticias preocupantes a diario. Pero al mismo tiempo cuidas de tus hijos, les ves alegres, intentas hacerles la vida mejor e intentas tener energía y una actitud positiva, incluso cuando todo a tu alrededor te parece horrible.

Por cierto, publicaste hace unos meses en vuestra web tu lista de álbumes favoritos del 2018 no editados en Merge: cosas como Janelle Monáe, Camila Cabello, Anderson Paak, Kali Uchis, Cardi B o Robyn Casi todo era r’n’b y hip hop. ¿Te interesa poco el rock que no forma parte de tu sello?
No, lo que ocurre es que trabajamos con muchas bandas en Merge, y suyos son los discos que más escucho durante todo el año. Así que cuando vuelvo a casa, o me marco alguna sesión como DJ, prefiero meterme en cosas de jazz, hip hop, soul o música brasileña. No me pongo rock porque ya escucho demasiado el resto del día (risas), no deja de ser mi trabajo.

Hace poco, hablando con Lou Barlow (Dinosaur Jr, Sebadoh), le pregunté si alguna vez llegó a pensar que el indie rock o rock alternativo norteamericano de principios de los noventa podría ser de verdad alguna vez la alternativa real al mainstream de aquella época. No puedo evitar preguntarte lo mismo, ya que también viviste aquella eclosión en primera fila.
No, yo solo pensé que podía ser lo suficientemente exitoso, a nivel comercial, como para que pudiéramos vivir de ello. Al menos los más afortunados. Nunca pensé que fuera a reemplazar a lo que sonaba en las grandes emisoras de radio. Siempre nos ví en un plano paralelo al mainstream. Cuando crecíamos escuchábamos punk rock, nunca pensábamos que eso fuera a tomar el relevo en las listas de éxitos a Journey, por ejemplo. Nadábamos en un océano distinto. Y aún ocurre eso. Es fantástico que un grupo surgido de Merge, como los primeros Arcade Fire, vendan millones de copias, pero eso no es lo normal. Siempre hemos sido muy realistas. Si escuchas a Superchunk, nunca esperas que suene en la radio después de una canción de Bon Jovi. Es otro rollo. Una forma distinta de hacer las cosas.

Celebráis el treinta aniversario de Merge este verano. ¿Qué tenéis previsto?
Hacemos un gran festival a finales de julio aquí en Carolina del Norte. Lo hacemos cada cinco años. Tendremos a 34 bandas de Merge, todas las que hemos podido reunir. Será estupendo, no solo por juntarlas a todas sino porque fans de todas ellas vendrán de cualquier lugar del mundo. Hará mucho calor (risas), pero será muy divertido.

¿Crees que Merge es algo más que un sello, por su filosofía y la forma de manejaros en el mercado a lo largo de estos 30 años?
Creo que hemos creado una comunidad con los artistas y la gente. Estamos muy orgullosos de haber mantenido eso durante estos años. Pero creo que compartimos esas señas de identidad con otros sellos, como puedan ser Sub Pop. Hemos logrado mantener el interés de muchos fans de nuestras bandas, y gente más joven, de generaciones posteriores, se han ido sumando. Espero que podamos continuar así.

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