Tamikrest, tormenta de arena

por | 24 abril 2017 | Música

Con las llanuras del Sahara como crisol y ungidos por esa sonoridad del rock tuareg que tantos puntos de fricción detenta con la tradición del blues norteamericano, cada vez son más las bandas que, siguendo la senda que emprendieron los referenciales Tinariwen, se abren paso en las agendas de directos internacionales. Ese es el caso también de Tamikrest, quienes llevan ya unas cuantas temporadas actuando en múltiples enclaves de Europa, África y EEUU, armados con una discografía modélica, de la que el notable Kidal (Glitterbeat Records, 2017) es su capítulo más reciente.

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De hecho, puede decirse que la proyección internacional de la banda va prácticamente ligada a su propia incepción como proyecto, ya que sus primeros pasos discográficos contaron con la supervisión del músico y productor norteamericano Chris Eckman (The Walkabouts, Dirtmusic) y el sello alemán Glitterhouse (emblema de los sonidos de raíz americana desde los años 90, aunque abierto de un tiempo a esta parte a estilos procedentes de otras latitudes) fue el que se encargó de poner en circulación su primer álbum, Adagh (2010). El propio Eckman produjo aquel debut, al igual que sus dos secuelas, Toumastin (Glitterhouse, 2012) y Chatma (Glitterbeat, 2013). Su notable actuación en el Tanned Tin castellonense de 2013 -el último año en que se celebró el festival- fue su tarjeta de presentación en los escenarios de nuestro país.

En paralelo a otros músicos contemporáneos como Bombino o los Imarhan, el septeto que encabeza Ousmane Ag Mossa ha ido desbrozando camino por todo el mundo gracias a esa ya característica forma de salpimentar la música tradicional tamashek con influencias sutiles de aquí y de allá (es frecuente que en sus entrevistas mencionen tanto a Ali Farka Touré como a Eric Clapton), en composiciones de fuerte impronta rítmica y cualidades prácticamente mántricas.

Son las suyas canciones de texturas evocadoras y gran poder de seducción, que suelen hacer bandera de un sonido exultante y celebratorio, gestado como una forma de superar las condiciones adversas en las que su música y sus propias vidas han tenido que desarrollarse hasta el momento. La represión sufrida por el pueblo tuareg entre 1990 y 1995 en el norte de Mali, y las consiguientes revueltas en las que tanto ellos como sus familias se han visto envueltos desde entonces, han ido modelando inevitablemente el carácter de la banda, que decidió empuñar sus instrumentos como particular vía de expresión en medio de un entorno hostil. El propio nombre del grupo, de hecho, es sinónimo de unión, alianza y futuro en lengua tamashek.

Para el recién editado Kidal (Glitterbeat, 2017), la banda permutó los servicios de Chris Eckman por los del productor escocés Mark Mulholland (quien ha formado parte de las bandas de directo de músicos tan dispares como Captain Sensible, Nikki Sudden o Tony Allen), pero el resultado no se ha resentido en lo básico. La del 30 de abril en La Rambleta será su primera visita a Valencia, dentro de una gira que también pasará por Huesca el día 29 del mismo mes (Centro Cultural Manuel Benito Moliner) y el 1 de mayo por Barcelona (Bikini).

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