Terrorismo

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El terrorismo es la dominación por medio del terror, el control social ejercido a partir de actos violentos que infunden miedo. Los medios de comunicación de masas representan los intereses de los poderosos y eso se nota en las cosas que señalan como “terrorismo” (aunque solo causen risa), y aquellas que jamás nombrarán así aunque provoquen miedo, mutilaciones, enfermedad y muerte.

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Como dijo Malcom X: “Si no estáis prevenidos ante los medios de comunicación, os harán amar al opresor y odiar al oprimido”. Una de las formas de conseguirlo es facilitarnos palabras que validan los argumentos del abuso.

Es revelador que los medios introduzcan términos como “lesboterrorismo” pero nunca nos hablen del terrorismo político y económico. Como si el miedo que las élites infunden en los pueblos en forma de recortes en sanidad, educación o ayudas a la dependencia, no existiera solo porque ellos no lo sienten.

¿Lesboterrorismo? ¡Menudas chorradas te causan pánico, colega! Muy privilegiado hay que ser para que tu miedo consista en que algunas mujeres se atiendan sexualmente de forma libre y entusiasta. ¿A quién le puede asustar que los adultos se disfruten sin dañar a nadie?

Por mi zona, a los que somos pueblo, lo que de verdad nos da miedo (terror) es no poder pagar la luz o la hipoteca, notar que cada vez nos cuesta más llegar a final de mes, asistir a nuestro empobrecimiento paulatino y provocado sin saber muy bien qué podemos hacer para frenarlo.

El terror real ejercido por los poderosos en nuestra contra tiene diferentes formas: el millonario robo-rescate de la banca a nuestra costa, la amnistía fiscal (y aún anónima) de ladrones avariciosos y bien vestidos, la corrupción… Eso sí es terrorismo. Pero nadie lo dirá en las noticias.

Sorprende lo rápido que introducimos en nuestra vida diaria las expresiones que validan el relato del abusador y su lógica interna. Por ejemplo, en los medios nos trocean la pobreza para que la traguemos mejor y ahora todos hablamos de pobreza infantil, pobreza energética, pobreza habitacional… Y así, por fascículos, nuestro empobrecimiento no parece algo tan grave.

Esta comunión con las palabras que validan el abuso sucede en muchísimas ocasiones. Como cuando decimos “turismo sexual” en lugar de llamarlo “hombres que se desplazan para violar”, cuando llamamos violación grupal a cinco violaciones consecutivas, cuando nombramos “manada” a un grupo de hombres violadores, cuando llamamos putas a las mujeres prostituidas, amas de casa a las esclavas de casa y pobres a los seres humanos empobrecidos.

Este tipo de expresiones (facilitadas desde los medios) influyen en la forma en la que explicamos los abusos. Y es obvio que usándolas favorecemos a los abusadores. Piénsalo. ¿A quién le interesa que llamemos “esclavos” a los seres humanos que son injustamente esclavizados? ¡Exacto! ¡A los esclavistas! ¡A los culpables! Así que hablemos bien. Que no cuesta una puta mierda.