The Tallest Man On Earth, hacia lo salvaje

por | 6 febrero 2016 | Cultura pop

El sueco Kristian Matsson puede hacernos recordar los primeros días del bardo de Duluth, el primer Dylan que con guitarra a cuestas tocaba en pequeños bares de una insipiente Nueva York. Puede sonar atrevida una afirmación como esta, pues, ¿quién podría suplantar la alargada sombra del genio de Minnesota?, el nexo se percibe desde un punto de vista formal, nunca desde la magnitud de la figura.

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Es difícil hablar del trovador escandinavo sin mencionar los primeros años de Dylan, sobre todo porque Matsson logra encarnarlo sin esfuerzo, infundir en sus canciones un aire de desapego, que milagrosamente, no resulta ni frío ni alienante. Como Dylan, Matsson es un compositor tan natural que sus canciones parecen espontaneas, cayendo de su boca con una facilidad y gracia que cada vez es más difícil de encontrar.

Si con Shallow Grave (Gravitation, 2008) se estrenó de forma notoria como una figura singular del panorama folk, no fue hasta “The Wild Hunt” (Dead Oceans, 2010) cuando logró consagrarse como una voz propia y potente, con una narrativa muy concreta, letras ásperas que evocan sentimientos de dolor, que suenan urgentes, como si estuviera tratando de decirte algo que le es imposible poner simplemente en palabras. Y precisamente de ellas se sirve para armar sus canciones, además de una somera instrumentación, una sorprendente agilidad con los dedos y unos delicados arreglos de cuerda.

Ahora con “Dark Bird is Home” (Dead Ocean, 2015) Matsson transita nuevamente el sendero trazado en anteriores trabajos, enriqueciéndolos, esta vez sí, con más texturas, ligeros toques de sintetizadores, pedal steel guitars, trompas y trompetas que acompañan sus letanías quejumbrosas cuyo centro principal sigue siendo, y cómo no, su prismática voz. “Dark Bird is Home” sin duda se trata de su álbum más personal, pero no porque sea desnudo y crudo, sino porque es surrealista y onírico. Revolotea entre nuestra realidad y la suya propia, un mundo de soñadores y viajeros, luces parpadeantes de ciudades, sombras y fantasmas, pájaros y árboles. Es su manera de encontrar confort en su soledad.

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