Conversando con Tórtel (Jorge Pérez)

por | 1 julio 2014 | Entrevistas

Las características de la vida contemporánea nos empujan a consumir música de forma voraz. Esta sobreinformación le confiere un carácter de disfrute efímero a los discos, convirtiéndolos en un placer de usar y tirar. Son pocos los que sobreviven a la semana de vida y son aún menos los que se instalan en nuestro imaginario y se vuelven parte de nuestro universo cotidiano, de nuestras fantasías y sueños.

tórtel foto de enric alepuz

Jorge Pérez, también conocido como Tórtel, ha conseguido con La Gran Prueba (El Volcán, 2014) esto último, un disco lleno de canciones que no puedes parar de oír, de canciones que te recuerdan a viejas historias propias, de sonidos luminosos que te dan una bocanada de aire puro, canciones, cómo no, que hacen de la música un placer tan necesario como el comer.

Esperaba esta cita con Jorge con muchas ganas, nos conocemos desde hace un tiempo y siempre he disfrutado de nuestras conversaciones, quedamos en un bar de una Ruzafa atiborrada de falleros, y yo llego media hora antes para terminar de dar los últimos toques a mis notas. No ha sido fácil establecer la hora y el día, Jorge está en plena promoción y además no paran de salirle pequeños encargos, el último, un jingle publicitario que grabó con su amigo Pau Roca de La Habitación Roja. Llega contándome que tiene otro encargo parecido y que viene de hacer varios bolos por distintas salas del país, se le ve contento, el disco está teniendo un excelente recibimiento y ahora empieza a cosechar los frutos de tanto trabajo.

“Ha sido un proceso de aprendizaje, le he dado muchas vueltas a la producción, he probado cosas nuevas y tenía claro desde que me planteé grabar este disco que no quería encasillarme en lo ofrecido por “Entusiasmo” (El Vólcan, 2012). Lo fácil hubiera sido aferrarse a la repercusión que conseguí con el disco anterior, al final somos seres humanos y siempre te da miedo poder perder lo que has conseguido con trabajos anteriores, por poco que sea, pero al final sobre todo se trata del amor por las canciones y de ser honesto, si hubiera hecho otro disco igual que Entusiasmo no me lo hubiera pasado tan bien, no hubiera sido tan interesante para mí y tampoco para los demás”.

Lo dice sabiendo muy bien de lo que habla, con los pies en el suelo, intentando minimizar cualquiera de sus logros anteriores, consciente que las condiciones actuales son complicadas para los músicos y que ahora mismo se trata de ser un artesano de la música, de mimar las canciones, de sacarles lustre pacientemente hasta que adquieran el brillo deseado, Jorge sabe mucho de esto último.

“Desde el principio tenía claro lo que buscaba, pero no sabía exactamente cómo conseguirlo y ahí ha sido fundamental Cayo -habla de Cayo Bellvesser, miembro de Maderita y colaborador habitual de Josh Rouse y Alondra Bentley- ayudándome en los arreglos de las canciones, ha grabado desde baterías, bajos, guitarras, pianos… Ha sido instrumentista en todas las canciones”. Le comento que la producción del disco me parece de lo más cuidada y en este caso mucho más atrevida que su  anterior realización, asiente con la cabeza y se lanza a explicarme. “Corrimos ciertos riesgos con la producción, teníamos unos medios excelentes pero aquello no era Abbey Road, no nos podíamos permitir una súper producción, nosotros tampoco somos unos súper productores, corríamos el riesgo de que aquello saliera un batiburrillo de cosas que no se pudieran apreciar, el intento de ir tan al milímetro en todo se podría haber quedado en una pelea de gatos”.  Al final se le ve conforme con el trabajo, me confiesa que ha tenido que tirar de ingenio y  que ha hecho buen uso de todos los medios digitales que existen ahora al alcance de los músicos, que sin necesidad de gastarse un dineral pueden llegar a las cotas de calidad que se marcan. “El mundo midi ha crecido una barbaridad, hace años utilizabas un piano digital y aquello no sonaba a piano ni por asomo, hoy en día está todo más desarrollado y se pueden obtener unos resultados más que decentes”.

 La conversación continúa y Jorge no tarda mucho en sacar el nombre de uno de los grupos que ambos admiramos especialmente, Animal Collective. Ya hemos tenido algunas charlas al respecto y hemos comentado varias veces algunas de las virtudes que hacen que les amemos. “En los 90 algunos grupos odiaban mucho el sonido que desprendían los discos, el agudo digital, un agudo súper falso que llega a molestar,  sin embargo gente como MGMT o Animal Collective abusan del agudo digital, no sólo no lo esconden sino que hacen de este defecto una virtud. Yo quería usar la misma filosofía, tirar de todo lo que tenía a mano y sacarle el máximo partido posible, no mirar las limitaciones”. Habla de esto con cierta cautela, como si quisiera guardar las distancias con las lumbreras antes mencionadas, me especifica que todo esto de la producción y el saber usar tus recursos es importante, pero que sobre todo hace falta talento, algo de lo que el colectivo animal anda sobrado, me dice. Yo le confieso igualmente que veo mucho saber hacer en su disco, que él también ha conseguido paralizar el tiempo por unos minutos y parir un disco brillante.

Hemos tocado un tema caliente para ambos, seguimos hablando de Animal Collective. Él me confiesa que ya los considera unos clásicos, yo que siento una absoluta devoción por su música, él que piensa que han llegado hasta unas cotas estratosféricas empujando la música hacia adelante,  yo le digo que los coros de “El Rayo Mortal” me recuerdan mucho a “Fireworks”, él sonríe y me da la razón. “Para cualquier tipo de acto creativo es importante ser ancho de miras, importar influencias de otras artes te ayuda a tener un panorama más amplio, es lo que intento hacer con mis letras, traducir experiencias del cine o la literatura, lanzar pequeños guiños para aquel que sepa cogerlos”. Pienso en ejemplos, recuerdo que anteriormente hemos tenido un par de conversaciones sobre la obra de David Foster Wallace, a Jorge le encantan sus relatos, pienso en lo oblicuo de su escritura, en lo mucho que disfruté “La Broma Infinita”, pienso en que las letras de sus canciones me hablan de una forma parecida a la del malogrado escritor, lo pienso, pero no se lo digo.  Sin embargo sí que sale el tema de “True Detective”, serie de HBO protagonizada por Woody Harrelson y Matthew McConaughey, serie que ambos hemos devorado con fruición. “La literatura del XIX está muy presente en la serie, hay varios guiños que he disfrutado reconociendo”.

Peces-Enric

 Ahora hablamos del concepto de unidad de su disco, le comento que aunque cada canción es distinta a la anterior el disco respira una entidad propia que le hace funcionar como un todo, él admite que está hecho a propósito. “He intentado crear un pequeño mundo con este disco, por eso era importante que el color de la música fuera acorde con las propias letras, los textos, la portada, todo debía tener unidad para que funcionara, los ecos, los delays, los efectos de voz y teclados, todo al unísono para crear ese pequeño mundo que yo quería que fuera el disco. Sin ser un disco conceptual, pues no es un disco conceptual, más bien es un disco con una personalidad muy marcada, un poco onírica, un tanto extraña”. Coincidimos en que la vida es un poco así, está llena de aristas, de matices, un día ves algo de una manera, al siguiente te lo replanteas, a veces estás de muy buen humor y al instante te cagas en todo. Esa es la definición que usa, aristas, me viene al pelo para definir su disco. “En el disco sucede un poco lo mismo, hay momentos más frívolos o joviales como “Queríamos Más”, momentos un poco más introspectivos como “Fantasmas”, hay un poco de todo pero al final siempre parte de la visión de la misma persona y el hecho de que al final uno nunca es uno, sino somos muchos personajes”.

 Me pica mucho la curiosidad y le pregunto si el instrumento que utiliza en “Queríamos Más” es un charango, pues me recuerda a los sonidos de mi Perú natal. Me dice que usó dos charangos y que todo el ritmo está hecho con los mismos y un tres cubano, un poco reinventados eso sí, poniéndoles cejillas y pastillas de guitarras eléctricas, lo mismo sucede con el “Baile Extraño”, usaron charangos no guitarras eléctricas. También le digo que mi canción favorita del disco es “No Es Mi Culpa” que me hipnotiza la letra y la melodía, que me genera cierta melancolía y que me la pongo una y otra vez. “¡La melodía es exactamente igual a “Colours” de Donovan!”.  Yo no había caído en la cuenta y es lo primero que hago al llegar a casa, ponerme a Donovan y aunque reconozco cierta similitud, no me embruja de la misma manera que lo hace “No Es Mi Culpa”, cosas del idioma supongo. “La letra habla sobre la típica amistad que tienes desde pequeño y de cómo los caminos se bifurcan cuando creces, a uno le va mejor, al otro peor y no es culpa de nadie, aunque siempre te preocupes por la otra persona”.

Le hablo también de la canción instrumental del disco, le digo que un amigo mío dice que le recuerda a las composiciones de Jon Brion para las películas de Paul Thomas Anderson, su respuesta es contundente. “¡Jon Brion es la santa hostia!”, exclama halagado. Yo le he dado algunas vueltas y creo que este disco suyo captura lo que los cineastas llaman “la hora mágica”, el instante del día justo antes de que se ponga el sol. Ese breve momento en que la luz del día que muere adquiere un brillo nebuloso y santo. A Terrence Malick le tomó alrededor de un año rodar su película de 1978 “Días del Cielo” porque insistió en filmar sólo durante esta hora del día, no sólo fue capaz de capturar este momento, sino que prolongó ese sentimiento de vértigo que te invade justo antes de que algo muy bueno termine. Es por eso que me empeño en darle al repeat cada vez que oigo La Gran Prueba, porque de cierta forma quiero prolongar aquellos momentos que Jorge ha plasmado en su poco más de media hora de duración.

Nuestro encuentro termina, creo que le he dejado claro que este disco me ha llegado de una forma especial y que está a la altura de los grandes, sonríe agradecido y me dice con cierta resignación, “Yaaa, pero estamos en Valencia”. No puede quedar más patente este hecho, pues si viviéramos en Londres, Jorge estaría componiendo música para las películas de Spike Jonze y yo no tendría que comerme a toda la multitud fallera que abandona la mascletà de vuelta a casa.

Fotos: Enric Alepuz

Entrevista publicada en la edición impresa de Beat Valencia #70 Abril 2014

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