Trasvases generacionales en la Valencia pop

por | 2 octubre 2017 | Música, Reportajes, València

Los compartimentos generacionales no deberían suponer nunca una camisa de fuerza. El flujo eterno de las corrientes del reciclaje podría ser una espléndida coartada para que músicos de distintas hornadas intercambiasen ideas. 

fotos-generacion-articulo-beat-102Bruno Lomas y Seguridad Social, Coleccionistas, La Gran Alianza y Julio Bustamante y Doctor Divago con Víctor Ortiz.

Es cierto que cuando el tejido industrial es apenas perceptible, y los intentos por rescatar el legado musical autóctono responden más a modestos empeños individuales que a iniciativas consensuadas desde los llamados poderes públicos (casi siempre en la inopia cultural), es más complicado que broten alianzas entre músicos cuyos documentos de identidad esbozan varias décadas de pertenencia al censo. Pero se echan de menos, también en nuestro ámbito más próximo, esas enriquecedoras simbiosis intergeneracionales que tanto lucen en el ámbito foráneo.

Sí, está claro que el ejemplo de los dos colosos anglosajones, referentes máximos del pop y del rock tal y como los hemos conocido durante décadas, está fuera de nuestro alcance. Y que tampoco somos precisamente Francia, en donde músicos tan venerables como Henri Salvador pueden gozar de un crepúsculo extremadamente activo, solicitado por músicos que podrían ser sus nietos, como Benjamin Biolay o Keren Ann. Pero siempre sobrevolará el interrogante acerca de lo que podrían haber dado de sí ciertas uniones que seguramente nunca se vean plasmadas, más allá del trabajo de producción que algunos veteranos siguen realizando para dar forma a los discos de bandas emergentes: ¿es tan descabellado imaginar una colaboración entre la psicodelia sintética de Tórtel o Polock con el rock progresivo – no tan distante – de Eduardo Bort, por poner un ejemplo? ¿O un proyecto a pachas entre Miquel Gil y Aspencat? ¿Entre Botifarra y Mox? ¿Entre Remigi Palmero y Gener?

Quizá el ejemplo de Tórtel no sea el más ecuánime: si hay un músico despierto por incentivar ese flujo intergeneracional es Jorge Pérez. Sus Maderita (con Xema Fuertes y Caio Bellveser, sus secuaces de Ciudadano) fueron los primeros en concretar gozosa alianza con el veterano Julio Bustamante, dos años antes de que se sucedieran los tributos de Barcelona (2011), Valencia (2012) y Madrid (2013), por parte de músicos mucho más jóvenes que él. Al César lo que es del César. Aún se echa de menos una continuación de aquel espléndido Vivir para creer (2010), muestrario de folk onírico y mediterráneo, todavía difícil de cotejar con ningún proyecto similar. Bustamante, por su parte, está de estreno estos días con otro álbum trufado de juventud, aunque no de nuestro terruño: desde Nacho Vegas a Hans Laguna, pasando por Ferran Resines, Cristian Pallejà o María Rodés. Savia nueva que contribuye a mantenerle creativamente muy vivo. Los valencianos La Gran Alianza también pusieron de su parte en aquel EP de cuatro canciones que compartieron con él hace más de tres años. El caso de Remi Carreres (Glamour, Comité Cisne), otro músico de trayectoria dilatada que siempre mira hacia adelante, y sus Coleccionistas (junto a Víctor Ramírez y – de nuevo – Jorge Pérez), no le anda muy a la zaga.

Tal vez la primera de las puntuales – pero sonadas – ententes entre músicos valencianos muy distantes en edad, seguramente por lo que también tuvo de rescate de quien ya por entonces era una vieja gloria lejos de sus años de fulgor, fue la que Seguridad Social se marcaron con el insigne Bruno Lomas. Fue en 1988, tan solo un par de años antes de su muerte por accidente de tráfico. “Todo por el aire” fue el dueto con el que oficializaban la devoción que siempre sintieron por el rockero de Xàtiva. Incluido en Tabaco, Vino y Caramelos (GASA, 1988), aquel álbum en el que también se zambullían puntualmente en el rap (“Que te voy a dar”), el tema aún puede ser degustado en toda su intensidad escénica a través de aquella actuación emitida por el programa FM-2, que circula por Youtube. Aún en 2005 José Manuel Casañ y los suyos le rindieron un postrero homenaje con “Va por ti”, incluida en Puerto Escondido (Warner). Y los conciertos tributo por parte de compañeros generacionales no han parado de sucederse.

Otro buque insignia del pop valenciano de los años sesenta que gozó de una más que merecida visibilidad años más tarde, cuando los experimentados Doctor Divago (la banda que mejor ha sabido plasmar en canciones un imaginario colectivo de la ciudad de Valencia que abarca varias décadas) solicitaron sus servicios, fue Víctor Ortiz, líder de Los Huracanes. “La mala herencia”, dueto entre Ortiz y Manolo Bertrán, es uno de los hitos indiscutibles en ese intermitente relato intergeneracional que aquí esbozamos, sin vocación de exhaustividad. Incluida en el álbum Revuelta Elemental (Saimel, 2006), aún era aireada sobre los escenarios casi una década después, en aquel concierto con el que los Divago celebraban su veinticinco aniversario como banda, junto a otros veteranos pioneros como Julio Galcerá, protagonista de una de sus últimas canciones. Con ellos daban continuidad al reconocimiento que Los 5 Ibéricos habían plasmado unos años antes con el mini álbum Homenaje a Los Huracanes (Autoeditado, 2004), en el que recuperaban parte del cancionero de la histórica banda valenciana, también precursora de los sonidos del rock en nuestro ámbito.

Los límites están para ser franqueados. Las barreras generacionales, para ser emborronadas. Ya no es solo una cuestión de equidad histórica, sino de enriquecimiento mutuo. Por mucho que vivamos en una sociedad que parece desestimar obstinadamente las canas y fomentar un peterpanismo inane. Permitámonos el lujo de soñar con que estampas como aquella de La Habitación Roja abordando “Imágenes” (Glamour), con Remi Carreres y José Luis Macías sobre el escenario de los Jardines de Viveros (ocurrió hace cuatro años), se repitan más a menudo. Aunque solo sea por la potente carga simbólica que transmiten.

https://www.youtube.com/watch?v=3FhdcW5wIBs

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