València no es incívica (salvo alguna cosa)

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Convertir la anécdota en categoría suele llevar al error. Pero a veces sucede por incapacidad para separar la realidad panorámica de la percepción subjetiva, emocional y miedosa, y otras para desinformar. València no tuvo ayer un problema global de incivismo. La mayoría de padres y madres valencianos de los diferentes barrios que forman la ciudad cumplieron las normas y recomendaciones del Gobierno. El problema se concentró en el tramo XI del viejo cauce del río Turia, el que corresponde al barrio del Ensanche, concretamente bajo la Avenida Jacinto Benavente.

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El Ayuntamiento de València acertó abriendo el cauce del río. Las aceras del Ensanche son relativamente estrechas para su densidad de población, y el barrio no tiene avenidas tan amplias como Paseo Alameda, que descongestiona otros barrios colindantes con nuestro jardín fluvial, como Pla del Real o Penya Roja, prácticamente desde Viveros hasta el Oceanogràfic. Además, el área de Urbanismo aún no ha habilitado las supermanzanas peatonales, algo que ultiman ahora mismo.

Allí conviven 42.400 habitantes en 173 km2, lo que implica una alta densidad, 244,7 hab/km. De ellos 5.851 son menores de 14 años. Solo Camins al Grau y Extramurs lo superan en densidad poblacional, aunque en estas dos zonas no se reportaron documentos periodísticos, ni vídeos virales, hasta ahora, que confirmen el incumpliento de las normas de desescalada para que los menores de 14 años salgan de casa. Los comportamientos incívicos de ayer, incluso en aquel barrio, fueron la excepción, no la norma.

El Ensanche es un barrio de rentas altas, entre las mayores de la ciudad junto a Pla del Real y Ciutat Vella, y con el porcentaje de voto mayoritario entre Partido Popular y Vox, que en un buen número de sectores acumulan entre el 50% y el 60% del voto total. Sería temerario intentar analizar los hechos puntuales de ayer (la formación de los corrillos vecinales, y multifamiliares, saltándose la distancia social, la ausencia de mascarillas, y los grupos de niños de una misma familia, o grupo de WhatsApp, jugando juntos al fútbol) mostrando una relación directa entre el pensamiento liberal, o el populismo de ultraderecha, con el incumplimiento deliberado de las recomendaciones gubernamentales.

Pero, del mismo modo lo sería tomar a un sector del extrarradio valenciano, al que la policía acude asiduamente, para señalar a los Poblados Marítimos, Malilla, Torrefiel, u otras periferias, como focos de conflictividad social, de desarraigo en valores o de desestructuración por su población inmigrante, y, en estos casos, algunos de aquellos votantes (que ayer miserablemente introdujeron la cacerola a la hora de los aplausos al personal sanitario) no dudan en estigmatizar a las clases populares.