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Vanguardia y caos en la Italia de Franco (1979-1992)

por | 18 mayo 2021 | Destacado, Música

Franco Battiato en la década de los 80.

Durante los años 80, mientras en España se cimentaba una identidad nacional pop basada en el cultivo de regadío desde el arca pública, ya fuera desde la socialdemocracia española o la católica convergencia catalana, en Italia, Franco Battiato, una anomalía artística con escasos precedentes, que ha muerto hoy en Sicilia a los 76 años, conseguía que “La voce del padrone” fuera el primer disco en vender más de un millón de copias en el país que inventaron los resorgimentistas al son de Verdi.

En 1976 un joven Battiato explicaba a la Rai cómo pretendía revolucionar con su música de vanguardia la Italia del rodillo melódico. Dos años más tarde, el primer ministro conservador Aldo Moro, posibilitador del Compromiso Histórico creado por Berlinguer, un intento de alianza gubernamental entre democristianos y comunistas, era secuestrado y asesinado por las Brigadas Rojas. El máximo beneficiario de aquel acuerdo, Giulio Andreotti, fue quien menos hizo por conseguir la liberación de su predecesor, iniciándose así la época más oscura en la Italia de posguerra.

Fue en aquel contexto de la Italia del pacto de hierro, entre Andreotti y el socialdemócrata Bettino Craxi, que años más tarde se fiscalizaría en los tribunales como la era de la corrupción y la protección política institucionalizada de la mafia, en el que el genio siciliano compuso el grueso fundamental de su ingente obra. Entre 1979 y 1983 lanzó un disco por año, todos ellos ejercicios de maestría sobre la conjunción del pop y la música experimental: L’era del cinghiale bianco, Patriots, La voce del padrone, L’arca di Noè y Orizzonti perduti.

Ya en la segunda mitad de los 80 llegó su eco al resto de Europa, con la grabación de álbumes en inglés y en español (Echoes of Sufi dances, en 1985, y Nómadas, en 1987), y la reconocida pleitesía de popes de vanguardia mundial como John Cale, David Byrne o Brian Eno. Era la Italia institucional del Pentapartito, que orilló la influencia del eurocomunismo para enmascarar la podredumbre sistémica con fastos populares como la celebración del mundial de fútbol de 1990.

Un año después, Battiato publicaba Come un cammello in una grondaia (1991). Como un acto premonitorio, de absoluta clarividencia, abre el disco “Povera Patria“.

Pobre patria!  Aplastada por los abusos del poder
de gente infame, que no conoce el pudor,
se creen poderosos y les va bien lo que hacen;
y que todo les pertenece. Entre los gobernantes, cuántos perfectos e inútiles bufones!
Este país está devastado por el dolor…
¿acaso no os da un poco de pena
aquellos cuerpos en tierra sin ningún calor? No cambiará, no cambiará,
no cambiará, quizá cambiará. ¿Cómo excusar a las hienas en los estadios y a la prensa?
En el fango se hunde la bota de los cerdos.
Me avergüenzo un poco, y me hace daño,
ver a un hombre como un animal. No cambiará, no cambiará,
si que cambiará, verás que cambiará. Quiero esperar que el mundo vuelva a cotas más normales,
que pueda contemplar el cielo y las flores,
que no se hable más de dictaduras,
si tendremos todavía un poco para vivir…
La primavera en tanto tarda en llegar.

En febrero de 1992, los medios de comunicación transalpinos comienzan a informar sobre unas investigaciones llevadas a cabo por el pool de fiscales milaneses de Mani Pulite (Manos Limpias). Lo que parecían ser hechos puntuales sobre empresas de limpieza, que sobornaban a cargos de la administración para conseguir contratos, se convierte en el caso Tangentópoli: el mayor escándalo de financiación política irregular en la historia de Europa contemporánea, que hunde a casi todos los partidos de la Primera República Italiana, el PC italiano se disolvió en 1991. Acababa de nacer la Segunda República Italiana, vacía de poder, y con Silvio Berlusconi a punto de encontrar un centroderecha de gravedad permanente que duraría 20 años.

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