Visor Fest: Los Happy Mondays en Benidorm y otras historias antes del Brexit sin acuerdo 13 Y 14 DE SEPTIEMBRE. BENIDORM

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En su primera edición el Visor Fest se desmarcó de otros festivales gracias a  un cartel que reunía a grandes nombres que descollaron en la escena musical de los años 80 y 90: Jesus & Mary Chain, Ash, The Flaming Lips o Cat Power. Este espíritu se prolongará en una segunda edición que llevará a Benidorm, el 13 y el 14 de septiembre, a luminarias de la talla de The House of Love, Nada Surf, James, Surfin’ Bichos, New Model Army, Lightning Seeds o Happy Mondays.

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Aprovechamos la ocasión para recordar el Manchester de comienzos de los noventa y las circunstancias que rodearon a “Pills ‘n’ Thrills and Bellyaches” (1991), tal vez el disco más celebrado de los Happy Mondays. La pasión que Tony Wilson prodigó para apoyar los Happy Mondays es comparable solo a la que volcó con Joy Division años antes. El fundador de la Factory Records estaba convencido de que Shaun Ryder era uno de los mejores autores de letras en la historia del pop, considerándolo a la altura del poeta William Butler Yeats.  Manchester era a finales de los años 80 una de las capitales de la música, y debido al brillante debut en 1989  de los Stone Roses o a los primeros singles de formaciones como Inspiral Carpets y The Charlatans se comenzaba a dibujar en la escena un nuevo movimiento, lejos de los postulados post-punk, proyectando un  futuro donde ya no había límites entre el rock y la música de baile. En pocos meses, Manchester se convirtió en “Madchester” e Inglaterra se inundó con una ola de drogas sintéticas nunca vista antes. Esa escena fue musicalmente tan fértil como dañina a nivel humano; tan rápida que se deshizo tras unos pocos éxitos comerciales, como influyente a corto y largo plazo, al menos en lo que respecta a la floresta de la música británica.

Manchester se convirtió en la ciudad de las fiestas nocturnas, de los zumbidos y la música house. El house estaba en todas partes y gustaba a todo el mundo, después que Inglaterra al completo la hubiera absorbido poco después de que Estados Unidos la inventara. Es en Inglaterra donde el house entró en las listas por primera vez, es en Inglaterra donde Farley Jackmaster Funk salió en televisión en 1986 cantando “Love Can’t Turn Around”, es en Inglaterra donde el house comenzó a contaminar otros géneros musicales como un germen imparable. Los jóvenes de las clases más modestas encontraron de repente El Dorado del entretenimiento en Manchester: océanos de personas fluían a los clubes de la ciudad todas las tardes desde todos los rincones, para escapar de la opacidad de la provincia y los suburbios. Algunos lugares se convirtieron en puntos estratégicos para la venta de las sustancias alucinógenas más poderosas en circulación y pronto las pandillas comenzaron a marcar sus territorios como manadas de lobos en el bosque. Los tiroteos estaban a la orden del día, al igual que las muertes por sobredosis, los accidentes en las raves y los arrestos. Pocos momentos en la historia de la música, al menos en países democráticos, dejaron más cicatrices que esta época.

Era una diversión a un alto precio, pero nadie parecía darse cuenta. “Madchester” era una ilusión perfecta. Thatcher afirmó haber renovado la economía británica, Occidente había derrotado al comunismo y la música británica había vuelto a abrazar la vida, después de una década de oscuridad (la ansiedad de la amenaza atómica había emponzoñado la new wave y, aunque con gentileza, la melancolía nunca abandona del todo las canciones de los Smiths). Títulos de Stone Roses como “I Am The Resurrection” y “I Wanna Be Adored” fueron emblemas de esta atmósfera. Esta área urbana era la punta de lanza de una nación que había encontrado confianza en el futuro. Cuando en realidad no había seguridad alguna. El desempleo había alcanzado niveles alarmantes y las tensiones sociales estaban en alza. Pero todas las noches, las luces y el ritmo reiteraban la sensación de que todo iba bien y parecía que la diversión sería infinita. Cuando unos años más tarde explotó la burbuja, muchos se encontraron sin puntos de apoyo. Fue un despertar traumático.

Sin embargo, de tal colapso nacieron algunos de los sonidos más vanguardistas que la música pop había producido hasta ese momento. Algunos de los textos más profundos. Algunas de las atmósferas más sugestivas. Y, sobre todo, el sentimiento de pertenencia a algo. Si eras un perdedor, estabas junto a iguales. Si no tenías un centavo, con el conocimiento adecuado, era algo que se podía remediar fácilmente. Si uno siempre había sido excluido, ahora ya no lo era (no es sorprendente que la comunidad gay fuera una parte activa de este movimiento). “Madchester” significaba la redención en primer lugar, era la nueva música hecha desde abajo. Y fue un fenómeno social irrepetible, entre la autolesión y la búsqueda de un rescate, y lo que más nos interesa en particular, permitió una gran mezcla de géneros musicales y su renovación.

Una introducción larga pero absolutamente necesaria, porque ningún disco encarnó mejor que “Pills’n’Thrills And Bellyaches” ese preciso momento histórico. Su innovador single, “Step On”, se lanzó en abril de 1990. Se trata de una revisión de un éxito de 1971 “He’s Skirt Step on You Again”, del sudafricano John Kongos. El original era una obra maestra pop con guitarras distorsionadas, acompañadas de un coro  soul y de una alfombra percusiva obtenida a través de cintas pregrabadas. La versión de los Happy Mondays es una bomba para la pista de baile con un piano  y una batería sincopada con un sonido pulido, que pronto se encontraría en cientos de discos contaminados con la electrónica. Pero también hay elementos de rock. El torpe estilo vocal de Shaun Ryder  es sorprendentemente efectivo y parece proporcionar a la composición un nuevo propulsor rítmico.

Quizás por la musicalidad contagiosa, quizás por el texto emotivo, “Kinky Afro” consiguió escalar en las listas de éxitos, y cuando el disco llegó a las tiendas un mes después, la prensa musical se volvió loca. Muchas publicaciones lo eligieron como disco del año y fue saludado como un evento histórico para la música inglesa. “Loose Fit” describe los sentimientos de aquellos que vivieron esta escena (“No sé lo que viste, pero sabes que es la ley, y sabes que quieres algo más”); oscila entre una base hipnótica para la guitarra y una voz femenina, la de Rowetta, que se convertiría en su cantante permanente en actuaciones en vivo. “Bob’s Yer Uncle” es quizás el instante en que todas las personas involucradas en el proyecto se cruzan en todo su potencial. El ritmo amortiguado, la percusión tropical, el dúo repetido de saxo y flauta,  la voz de Rowetta. Es funk, es rock, es pop, es música atmosférica, es una pista de baile, es el fondo de cóctel, es una banda sonora lisérgica. Pero,  como el mundo efímero que representaron, la gloria de los Happy Mondays no duró mucho. Su siguiente disco solo aguantó dos semanas en las listas de éxitos. Sin embargo su legado musical sigue siendo fecundo.