We Used To Pray: “Es como si un agujero negro en las fronteras valencianas se comiera todo antes de poder zarpar o expandirse” VIERNES 31 DE ENERO. CINES BABEL

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Tras cinco años de silencio, We Used To Pray renace con Company Undone (2019), una apuesta radical y a contracorriente que transita, siempre con sofisticación, entre varias identidades sonoras (rock alternativo, electrónica, post-rock…), a modo de reflejo mutante de los vaivenes emocionales. Un trabajo conceptual, atmosférico y casi cinematográfico que proyecta a contraluz un viaje a través de la ruptura, la búsqueda y la decepción. Tal vez por esto han elegido un camino atípico, la acogedora oscuridad de una sala de cine, como lugar para presentar el disco. Será el 31 de enero en los Cines Babel, una de las salas más emblemáticas de València, en un concierto que promete sinergias reveladoras entre la música y el audiovisual. Hablamos con Joecar Hanna.

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En primer lugar, es inevitable señalar que sorprende que hayan pasado cinco años desde que ganaste el concurso Vinilo Valencia y editaste el EP “Loud Intertitles”. ¿A qué se debe que haya transcurrido tanto tiempo?
Realmente es un periodo engañoso. No han sido 5 años como tal. A mediados de 2016 todavía participamos en un último evento, un Circuito de Les Arts, después de hacer una mini gira de conciertos por Londres al principio de ese año. Es cierto que el último trabajo editado fue en 2014, pero no fue hasta 2016 que empecé a generar nuevo material. Entre todo lo que pude aprender de la industria en ese tiempo, las experiencias que nos dieron concursos como Sona La Dipu (tocar en el Primavera Sound) y el cine, digamos que hicieron que mi visión y madurez avanzara en poco tiempo. Cuando pasa todo eso y haces material a largo plazo empiezas a querer esperar para poner a prueba tu música. Llevaba mucho tiempo queriendo hacer un disco muy concreto, y no era para nada acorde a lo que se “debía” hacer ya por 2018. Es un disco totalmente fuera de su momento, para mí. Pero lo quería hacer igual porque es lo que tenía en mi cabeza.

Al componer “Company Undone” partías de un guion previo, una forma de trabajar que se aproxima más a los mecanismos de creación en el cómic o el cine. ¿Por qué elegiste este método?
Cuando empiezas a hacer música y tratar con aspectos como la producción, la distribución y la promoción, empiezas a aprender lo que supuestamente son normas para hacer funcionar un proyecto. Normalmente todos seguimos un proceso de aprendizaje hacia la industria musical. Luego algunas personas decidimos darle al botón de “desaprender”. Yo lo hice, me di cuenta de que en los sectores artísticos, a pesar de que el estandarte suele ser lo “disruptivo”, seguimos muchas cadenas que nos llevan a crear clones, tanto musicales como formales. Yo quise probar otra manera de expresarme, algo más acorde a cómo funciona mi cabeza.

Las canciones de “Company Undone” proyectan un viaje emocional que atraviesa el trauma de la ruptura, el deseo de algo nuevo y la decepción. ¿Cuál es el concepto que se desarrolla en las composiciones del disco?
Company Undone trata de hacer una radiografía al proceso de romper con nuestro entorno. El viaje que emprendemos todos en algún momento o de alguna forma concreta, y lo que significa esa ruptura, o los conflictos que conlleva con otras partes, hasta encontrar el nuevo camino. Ese viaje es personal e intransferible. Pero a pesar de ello, la mayoría compartimos una misma estructura: Decisión, ruptura, conflicto, búsqueda, aterrizaje y conclusiones. A veces, es importante ver que la huida es un espejismo. Que no es más que un momento de previsualizar nuestro ego encima de una nueva montaña de forma equivocada. Que a veces hay que aceptar, que el lugar del que quieres marchar, era mejor que el lugar en el que has acabado, que siempre será hogar.

¿Existe una intención crítica tras esta idea?
Significa el viaje que todos intentamos hacer, y el disco se centra en las personas que fallan. Normalmente se nos cuentan las historias de éxito. Las más numerosas son las de fracaso. Y yo quiero entender el fracaso como un camino más, y quitarle un estigma. No todos están hechos para llegar a la Luna. Laika falló. La mayoría somos Laikas y está bien. Pero en este disco, el personaje ficticio se creyó de verdad su propio camino, con tanta vehemencia que rompió con todo, de principio a fin. Entorno familiar, amigos, pareja, entorno más cercano, entorno más lejano y finalmente su propia sociedad e ideas. Pero cuando llega a terreno desconocido, pensando que es el primero en conquistar ese terreno, se da cuenta de que su falta de humildad le ha costado caro. Pues ahí ya habían llegado miles antes que él. Y ahí vuelve a mirar atrás, a su hogar, y a todo el proceso de reconstrucción que le va a tocar hacer.

En este disco se personifica en la imagen gráfica como una metáfora en la que un edificio escapa de una ciudad y se instala en el campo. Se cree que ahí ha descubierto un lugar desconocido, y se ríe de los demás edificios, que no son inmóviles y alienados. Pero el único que no conocía ya ese terreno “inexplorado” era él. No se da cuenta que el resto de edificios se han quedado en la ciudad por decisión propia o porque ya saben que no han sido “hechos” para vivir fuera de la ciudad. Cumplen un propósito. Una historia de disección del ego. Creo que el ser humano empieza en general a disfrutar cuando se da cuenta de que todo el mundo tiene la razón y ninguno es más que otro. A mi personalmente siempre me gusta evadirme un poco de la realidad con las creaciones en general, pero en este caso solo trato de acercarme a un lugar neutro para contar la idea ya expuesta antes. La idea del disco es reflejar la misma ilusión con la que un artista encuentra su primer estribillo y cree que puede hacerse de oro con él, sin tener en cuenta que la música ya está toda escrita al menos cinco veces antes de que llegara ahí. Ese contraste ciudad-espacio natural me sirve como conducto para exponer esta idea de forma inversa. El espacio natural es el lugar desconocido para un edificio que ha olvidado el horizonte.

“Company Undone” es un disco arriesgado, muta en varias identidades sonoras (rock alternativo, electrónica, post-rock…), que parecen transitar distintas emociones. ¿Era ese el efecto lo querías? ¿Buscabas cierta coherencia dentro de la variedad?
La idea era dejarme llevar. Tengo algo en contra de buscar la coherencia en una obra. Creo que así como una película o una novela tiene sus saltos y tempos, un disco puede perfectamente contar con varios géneros y tempos más “realistas” para contar algo. El tempo varía mucho en las mismas canciones en este álbum, de la misma forma que los movimientos de una danza tiene sus crescendos y ralentizaciones. Creo que en muchas ocasiones las piezas de rock y pop han abrazado un formato de tempo fijo por algún tipo de eficiencia que no comprendo. O incluso que incluir una canción de un género o formato más alejado en una obra parece “arriesgado”, o asusta. Incluso puede ser ya como un acto de valentía. Es algo que tampoco entiendo.

Desde siempre se han establecido fértiles sinergias entre el cine y la música. Las atmósferas sonoras que pinta el disco resultan muy cinematográficas (en los momentos más épicos casi podemos visualizar una cinta bélica). ¿Crees que tu dedicación al audiovisual influye en tu forma de acercarte a la música?
Desde luego. Como he comentado, veo guiones y música a la vez en mi cabeza. Veo historias y melodías entrelazarse sin separación alguna. Cada vez son más inseparables para mí. Creo que es mi identidad. La música que me sale hacer es de alguna manera cinematográfica, y las piezas audiovisuales que hago son muy musicales. Y no niego que me hace feliz que eso me identifique, o más bien, que me sienta identificado con este mundo bípedo que me he montado en mi cabeza.

Codirigiste el documental “La otra educación”. ¿Qué nos puedes contar de este proyecto? ¿Qué te ha aportado?
La otra educación es un largometraje documental que mezcla ficción con el formato documental. Cuenta cuatro historias únicas en tres puntas del mundo, España, China y Camerún. Nos encontramos con historias sobre esa “otra educación” (es decir, todo lo que no forma parte de la escuela y que educa igual) muy potentes, como una familia que educaba a sus hijos en casa con un método llamado Unschooling (no-escuela), un poblado camerunés en el que más de 100 mujeres juntan cada mes todo su dinero para sortearlo y que uno de sus hijos o nietos puedan ir a la escuela o una niña china que vive con la presión de no bajar del 10 y estudiar más de 16 horas diarias.
A mí me aportó dos cosas. La primera un auto-encuentro conmigo mismo. Pude aportar mi historia, de una forma bastante autobiográfica con una de las historias que conforman la película. La segunda, es la gratificación de que me propusieran dirigir en ese momento con solo 25 años este proyecto, y con una figura de la talla de Carmen Pellicer. De esa forma nos embarcamos en una dirección en la que yo me encargaba de la narrativa y la técnica y ella de los contenidos que tuvieran que ver con la educación, que era el tema central de la película.

Participaste en el montaje de la película “El desentierro” de Nacho Ruipérez, protagonizada por Leonardo Sbaraglia y Jan Cornet, y también en “Bikes”, una cinta de animación que aspira al Goya. Tradicionalmente se ha visto València como un entorno casi hostil al audiovisual. ¿Hasta qué punto están cambiando las cosas?
Es un tema espinoso. No creo que sea hostil, es que como pasa muchas veces en varios ámbitos artísticos, y no solo en el audiovisual en València (y a la vez en España de cara al mundo), es que no sabemos posicionarnos o vendernos. Es como si hubiera una maldición en la parte de la distribución. Como si un agujero negro en las fronteras valencianas se comiera todo antes de poder zarpar o expandirse. Yo lo achaco a una especie de urticaria a la promoción, como si fuera algo malo. Creo que en València está instaurado un espíritu de miedo a la exposición y venta, pero porque nos criticamos a nosotros mismos cuando lo vemos en otros compañeros. Y es algo que se contagia y va creando una perspectiva equivocada, de como si el verdadero aura de un artista tuviera que darse por una forma de automatismo divino. La promoción y la distribución son partes esenciales y hoy, además, incluso igual o más importantes que las obras en sí. Quitarle la etiqueta de elemento polémico vendría muy bien. Creo que aceptarlo también es un gesto de humildad. Todo debe tener su promoción. El aura de artista callado que espera a ser escuchado o visto no funciona a todos ni es el mundo real. De hecho, es hasta poco humilde. Y además de esto, veo que somos sectores que no saben hacer piña. Vamos a nuestra bola, compitiendo demasiado, y evitando posibilidades de crear cosas tan necesarias como un potente sindicato que funcione para la música y el cine que reivindiquen ciertos derechos y condiciones laborales. Creo que es más que urgente. Estamos perdidos en una ola de talentos que huyen, y los que se quedan siguen bajando los niveles de ingreso con la falsa promesa de seguir construyendo bobinas fantásticas que siguen sin traer trabajos que de verdad hagan crecer el sector también en lo económico. Creo que talento hay de sobra en esta ciudad, y pocas infraestructuras y engranajes igual de profesionales que armen el sistema.
Aún así, pienso que empieza a haber grandes proyectos y obras que se abren paso. “El desentierro” es un claro ejemplo. El talento y apostar por dar los mínimos medios para que toda la cadena de acciones se arme de la manera debida (incluida la distribución), empieza a dar sus frutos y a oírse en la lejanía. La instauración de la academia valenciana también es un
gran paso.

Te encargaste de la dirección del videoclip de “Laika Pretend!”, que muestra un entierro retratado de forma ambivalente. ¿Qué es lo que quisiste expresar?
Laika, como he comentado antes, es la perra que trató de ser astronauta y no llegó a la luna. Esta canción trata sobre el momento preciso en el que nos hinchamos de ego y tenemos el valor de accionar el botón de ruptura con todo en ese viaje del que he hablado. Ahí, hay voces que nos hablan, los fantasmas de todos los mentores y conciencias, diciendo que no lo hagamos. Y nos damos cuenta, de que toda la masa de gente que forma nuestro entorno, tira de nosotros para que no nos subamos a la nave.
Esto lo relacioné con un entierro al que acudí un día, y me planteé lo peliagudo que podía ser si viéramos a veces la cara B de un entierro, en el que medio público asistente sintiera una satisfacción oscura de que esa persona se hubiera ido. Que esas caras de tristeza podían ser un mero trámite, que escondían un gozo porque esa persona en realidad ya no estuviera para estorbar. Que simbolizaba la incomodidad del cambio, ya que era una persona que recordaba constantemente a ese entorno que eran demasiado convencionales. Al final, quien no está alienado, es un estorbo. Me pareció ilusionante poder representar ese mundo B como lo imaginé, y todas las mini traiciones que podían haber debajo de esa fachada hacia esa persona. Y lo triste que era la miseria a la que podíamos llegar como seres humanos.

Se ha dicho que tu música se centra en la búsqueda de una alternativa a ese punto medio en el que nos encontramos incrustados en la sociedad actualmente: El miedo a lo políticamente incorrecto y a la vez, la época de mayor rotura de estereotipos y tabúes en la que nos encontramos. ¿Qué te interesa de esta problemática?
Siempre ha sido el centro de los mensajes de las canciones. Aportar a la rotura de temas que deberían ya estar normalizados para que la vida sea un poco mejor. Cada día hay más grupos sociales que consiguen dar más pasos hacia la normalización de ciertos temas, pero a la vez en la red, que es el mayor símbolo de libertad de expresión de estas ultimas dos décadas, se está dando una mayor censura por miedo a la crítica. Y hay aún muchos temas que deben de ser de un mayor dominio público y que prácticamente superen ya la barrera del debate, como la desintegración del género como algo binario y fijo. Y así, muchos más temas que no caben en una respuesta aquí. En esos temas, We Used To Pray estará aportando su discurso para ser un elemento más que haga ruido y seguir avanzando.

Presentarás el disco en un lugar atípico: será en los Cines Babel el 31 de enero. Todo apunta a que será una cita muy especial, aunque tus directos siempre han estado distanciados de los códigos de un concierto al uso. ¿Por qué has elegido este lugar? ¿Qué podemos esperar?
La idea vino de la mano casi de la propuesta. Ya habíamos tocado en un cine antes, y se veía la forma natural de presentar el nuevo formato y disco. Que no lo haya hecho antes es lo raro, teniendo en cuenta los dos mundos de los que vengo y lo fácil que es unirlo en un espacio así.
Espacios de cine que apuestan por una serie de contenidos afines a nosotros, como los cines Babel, que también son unos luchadores natos (llevan tantos años luchando contra viento y marea para defender su propuesta y mantenerse a flote), hacen la relación entre nosotros para este proyecto algo casi natural. No ha habido problemas para ponerlo en marcha, todo lo contrario, ha sido muy fácil por parte de ambas partes adaptarnos a las necesidades. Presentaré el disco al completo, de principio a fin, respetando el formato conceptual, y con la parte visual en su máximo esplendor (y tamaño), en un concierto eléctrico en su formato completo con el resto de miembros, y con el añadido de contar con la sinergia que ya empezamos en el Atomic Art, contando con ilustradoras que completen la parte B del disco con sus propuestas y estilos, y romper así el formato blanco y negro aséptico de las caras del formato antiguo.

También tenéis previsto presentar el disco en Madrid. ¿Resulta complicado moverse a nivel nacional partiendo de, por así decirlo, la periferia?
Sin duda lo es. Como he comentado antes, de València al centro de la península hay un especie de agujero negro. Pero faltan conexiones sólidas que creen canales de promoción fluidas, bajo mi punto de vista. Los proyectos de compañeros y amigos míos que han dado saltos importantes a nivel estatal desde València no son pocos, pero tampoco son demasiados. Sigue habiendo mucho talento encerrado. A veces los canales son tan cerrados que con pocos medios para distribuirse es casi como ser invisibles. Es como si al partir de aquí, el trabajo que hubiera que hacer fuera doble. Es algo que no puede seguir pasando, bajo mi punto de vista. La escena es actualmente efervescente, y se amontonan propuestas creativas cada vez más abundantes esperando a que esos canales adecuados también pongan las cosas más fáciles.