“Ya ha llegado el momento de ser Badlands” VIERNES 7 DICIEMBRE. PALAU DE LA MÚSICA DE VALÈNCIA

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Cuenta Andy Fletcher, el miembro más sobrio de Depeche Mode, que uno de los secretos de la legendaria supervivencia de la banda inglesa está precisamente en todo ese tiempo que los tres dedican a no verse. En el caso de Badlands, el factor clave reside en una especie de sintonía colectiva que hace que sus seis miembros compartan la hoja de ruta del grupo sin necesidad de evidenciarla. “Badlands es un sexto de cada uno, nadie lleva la voz cantante”, explica su voz cantante literal, May Ibáñez. A un concierto -el del Palau de la Música el 7 de diciembre- de cerrar 2018 y tomarse un tiempo para descansar y pergeñar un disco que quiere ser punto de inflexión, los seis tienen claro que no es hora de ponerse la capa de salvadores del rock’n’roll. Es hora de ser Badlands.

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¿Cómo lleváis el concierto del Palau?
May: Estamos preparando ahora el setlist en el local. Hemos intentado establecer un orden cronológico de lo que es nuestra trayectoria. Nos falta cuadrar las versiones con los invitados que van a participar.

¿Cuánto más de lo normal estáis ensayando para el concierto?
Guillermo: Un 700% más.
M.: Tenemos épocas de ensayar más o menos, pero al final el tiempo que dedicamos a la banda de media casi siempre es igual; cuando tenemos bolos en verano, por ejemplo, el tiempo también es mucho.
G.: Yo lo que noto es que es más duro. Por temas de trabajos y demás, estamos ensayando casi siempre a última hora; son ensayos que se hacen un pelín más duros, pero bueno, luego también sientes que estás currando y dándolo todo.
M.: La media serán 3 o 4 días por semana de curro aquí, luego ya el curro de cada uno en casa.
Rafa: ¡Que no es poco!

Recuerdo hablar el año pasado por estas mismas fechas con Carles Chiner, sobre su -también- último concierto del año en el Palau con Gener. Y me confesaba que ellos apenas ensayaban después de grabar el disco.
M.: Hay maneras de trabajar. Nosotros somos muy banda, las canciones son de todos: una vez entra una idea de alguien se convierte ya en un sexto de cada uno, y por eso trabajamos mucho en local, porque al final no soy yo ni Rafa quien trae una idea cerrada y aquí se instrumenta: directamente se cocina aquí. En Gener creo que la cabeza más pensante es Carles.

¿Sigue en pie la idea de publicar las canciones del próximo disco en Eps de 3 en 3?
M.: La idea inicial era esa para darle importancia a todas las canciones que sacamos –todas con un videoclip al uso–. Este tiempo que vamos a tener después del concierto va a servir para que sigamos componiendo; ahora mismo tenemos dos canciones más. Tenemos muchas ideas pero, como trabajamos en el local, tenemos que ponerlas en común y empezar a construir.

¿Tenéis algún plazo establecido?
R.: En principio el disco era para septiembre u octubre del año que viene.
M.: Queríamos sacarlo antes, la verdad, pero…
R.: Ahora mismo está la cosa un poco difícil con el tema de los lanzamientos porque ahora todo se lanza para que les llegue a tiempo a los promotores de festivales. Ahora mismo, sacar un disco en mayo o en agosto no te sirve de casi nada.
M.: Además, lo veíamos absurdo porque nuestra velocidad natural no era la de sacar un disco ya, e íbamos presionados por algo que ni siquiera nos está presionando realmente: es decir, por cómo actuarán los medios, cómo responderá tal… Al final, si necesitamos tener 4 meses para componer tranquilamente, en verano poder girar con lo que ya hay y sacarlo en octubre del año que viene, pues mira, lo haremos así y ya está. Precipitarse…
R.: Aparte, como no tenemos discográfica n inada parecido, realmente los que nos metemos la presión somos nosotros mismos. No hay nadie que te esté marcando un plazo y diciéndote “oye, bonico, las canciones deberían haber estado para hace tres meses”.
M.: Siendo sinceros, no tener discográfica también conlleva que no tienes dinero que sale de ahí para ti, entonces todavía tenemos cosas que estamos pagando y es un hándicap que tienen los grupos que se autogestionan. Queremos acabar de pagar lo que tenemos ahí, queremos empezar de cero, centrarnos, y estar tranquilamente componiendo sin presiones.

¿Os habéis planteado algún objetivo con este disco? Algo que queráis conseguir.
Ben: Queremos modernizar un poco el sonido.
R.: Construir algo nuestro ya. Llevamos mucho tiempo tocando y grabando, ya están claras nuestras referencias, y ahora ya ha llegado el momento de ser Badlands.
B.: Es como que las raíces ya están asentadas fuerte, y ahora lo que hay que hacer es conseguir que crezca el árbol.
G.: ¡El americano habla mejor que todos nosotros! (risas)
B.: Hombre, es así, ¿no? En el mundo del folk, del country y del blues hay muchos que plantan las raíces y se quedan ahí. Es más auténtico, pero hoy en día, si quieres salir un poco del mundo del folk y el country, necesitas algo diferente. El próximo disco va a llamar la atención por eso.
M.: Nos dimos cuenta de que nos estábamos precipitando, así que decidimos que íbamos a darnos un tiempo para pensar realmente qué concepto queremos trabajar en el disco, cómo lo queremos transmitir y hacerlo de una manera más consciente. Siempre hemos sido muy impulsivos: iba saliendo e íbamos grabando, así que ahora queremos sentarnos y darle vueltas para que sea algo más consciente.
R.: Sea lo que sea lo que salga no va a ser superfluo. Va a ser un punto de inflexión. Todos tenemos la vista puesta en ello para que sea algo diferencial.

¿Sentís la presión del entorno?
R.: Yo creo que un poco sí.
G.: Hace unos meses de cara a la prensa dábamos por hecho que teníamos disco ya, y al final no, pero creo que tampoco nos esté matando esto.
R.: Estamos concentrados en la música, no tanto en la presión externa.
M.: O bien nosotros hemos puesto muchas expectativas en nosotros mismos. Queremos dedicarnos a la música, pero vemos que llegamos a un punto en el que no sabemos cómo subir de esa última línea del cartel; ahora ya hemos estado en todos los festivales importantes de España, ¿cómo se sube de línea? ¿Podemos? ¿No podemos? Muchos hemos sacrificado nuestra otra vida y hay veces que yo me pregunto si estoy haciendo lo correcto, si hemos alcanzado el techo de cristal y de aquí no podemos pasar. Yo sí que tengo presión. Te vas haciendo mayor y el proyecto ya tiene 4 o 5 años; dicen por ahí que la media son unos 8 para consolidar, pero muchos no aguantan. ¿Aguantaremos esta presión?
R.: Al final el grupo que parece triunfar es el que, dicho mal, acaba comiendo mierda durante ocho años. El que más consigue tragar es el que llega.
A.: Eso da tablas.
M.: Claro, pero tienes que sacrificar un montón de cosas. Yo sí que siento presión y quizá inquietud de “joder, que llegue ya”. Estás en una situación en la que dices “quiero dedicarme a la música, pero no puedo, ¿cómo se hace? Que alguien nos lo explique”.
B.: Creo que estamos en un punto de inflexión. Yo tengo presión porque quiero hacerlo con ellos y quiero sacar este proyecto fuera de España, lejos de la zona de confort. Yo soy americano y quiero llevar a esta banda a Estados Unidos, a mi casa, a comer con mi madre, y la única forma de hacerlo es seguir comiendo mierda y tener persistencia.

Cómo subir en el cartel sin renunciar a las raíces…
G.: Tenemos esas raíces tan claras que, compongamos lo que compongamos, siempre van a estar ahí y no nos vamos a vender. ¿Cómo subir en el cartel? Pues tú ves lo que está sonando ahí fuera y puedes coger algo de lo que está escuchando la gente, pero nunca nunca vamos a soltar las raíces.
M.: No creas que no lo pensamos. Sabemos que no lo vamos a hacer, pero a veces nos lo planteamos. Vemos un panorama ahí fuera con el que no nos sentimos identificados, pero la gente en general sí, y eso hace que te plantees cosas. Si hiciéramos electrónica o trap… No lo vamos a hacer porque todos hacemos lo que nos gusta, pero sí te lo planteas porque has tomado la decisión de vivir de la música y no lo estás consiguiendo.
R.: Hay una vía más rápida y más fácil para conseguirlo, pero queremos hacer nuestra movida. Queremos ser nosotros mismos, pero evolucionando.

¿Cómo os hacen sentir titulares y epítetos como “los salvadores del rock’n’roll”?
(risas)
M.: ¿Esos somos nosotros?
R.: ¡¿Eso sobre nosotros?! ¿Nos han dicho eso? ¿Del rock’n’roll?

Lo he leído, sí.
R.: Pues no sé. Yo no lo había visto. No queremos salvar nada. ¡Queremos que nos compren discos y que nos hagan caso! (risas)
M.: Al final, suena un poco frívolo, pero es que coño, yo quiero salvar el rock’n’roll, pero quiero poder vivir. Quiero que me pueda dar de comer: salvar al rock, pero que el rock me salve a mí también de la miseria (risas).
B.: Hay tantas ganas de hacer esto que no pensamos en salvar nada. Hacemos lo que hacemos y si alguien dice que estamos salvando algo, pues muy bien, yo estoy viviendo y haciendo lo que quiero.

¿Es difícil gestionar la presión de medios y de gente en general que eleva a Badlands a la categoría de salvadores de la escena valenciana?
R.: En València se está muy cómodo, y está muy guay tocar en las salas de aquí porque el público nos quiere. Nos ha salido bien, les ha gustado lo que proponemos, pero ese techo de salir fuera de España y llevar el nombre de València está siendo difícil por la misma autogestión. Si tiene que hacerse alguien tiene que ayudar.
M.: Yo creo que lo que estamos intentando también es que esas expectativas se cumplan a base de aguantar. Y salir de València a tocar; creo que en los dos primeros años de Badlands no salimos de la Comunitat Valenciana.
R.: Habíamos ganado ya el Sona La Dipu y ni aún así.
M.: Con Juanma (Johnny B. Zero) lo hemos hablado. Hostia, es que aquí se está muy guay: tocas en el Loco y llenas la sala. Luego está la otra situación en la que vas a un festival y el público compra entradas para otros grupos y se encuentran contigo, pero es que el terreno de las salas es complicadísimo: alguien tiene que comprar una entrada para verte a ti exclusivamente. Nosotros ahí todavía no nos hemos metido.
R.: Sin quererlo nos hemos saltado el paso de salir fuera por las salas. Nos has sido el doble de fácil estar en festivales. No nos llaman salas, muy pocas. Nos hemos saltado ese paso… nos lo han hecho saltar.
A.: Aquí, en España, no se percibe el rock’n’roll igual que en Inglaterra, por ejemplo. Se percibe en castellano y muy poca gente conoce los éxitos de los años 50. Con el country pasa lo mismo.

¿En esto de aguantar tienen mucho que ver los cambios en la formación de Badlands en los últimos tiempos?
R.: Yo creo que en nuestro caso sí. Es súper importante que todos vamos hacia el mismo sitio. Los cambios de formación han ayudado mucho en ese aspecto. Ahora mismo somos seis novias y, claro, no puedes ponerle los cuernos a tu novia (risas). Tienes que ser fiel, aguantar y luchar un poco para estar siempre en el punto medio de las opiniones de los seis para que a todos nos siga motivando esto y vayamos al mismo sitio. Es la clave para sobrevivir. La supervivencia de un grupo tiene mucho que ver con las personas; seguramente hay grupazos que se han separado antes de llegar al gran público.

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