Cuando Nixon llegó a la presidencia de los EEUU recrudeció la Guerra de Vietnam. Se iniciaron los sorteos televisados de reclutamiento forzoso y el 30 de abril de 1970 las tropas estadounidenses invadían Camboya. El movimiento estudiantil se convirtió en la punta de lanza de la resistencia antibélica del país y comenzó una huelga que tuvo su punto culminante en la matanza de Kent State (Ohio) el 4 de mayo, en la que fueron asesinados cuatro estudiantes, y nueve resultaron heridos de gravedad, por disparos de la Guardia Nacional. Tras los acontecimientos, Neil Young escribió «Ohio», lanzada como single por Crosby, Stills, Nash & Young un mes después, y en este contexto llegaba, un 25 de julio de hace 50 años, Cosmo’s Factory (Fantasy, 1970), quizá el último gran álbum de rock clásico americano. Hemos aprovechado para hablar con músicos y periodistas sobre el legado del disco y de la Creedence Clearwater Revival.
Descubrir a Creedence Clearwater Revival supone una asignatura obligatoria para todo aquel que ame el rock: “Gran parte de mi formación musical viene del padre de un amigo que tenía una colección de discos buenísima. Tenía de todo, Pink Floyd, Dylan o Deep Purple, pero se abría también a cosas como Slayer. Me encantaba ir a su casa porque como yo no sabía apenas nada del contexto de esos grupos, no existía algo que fuese cool o no. Te gustaba per se. Y él tenía, por supuesto, a CCR que con once o doce años te impresiona muchísimo.” (Igor Paskual: Babylon Chat, Loquillo). Y, de entre toda su discografía, “Cosmo’s Factory” se puede considerar uno de los trabajos más revolucionarios de la banda comandada por John Fogerty: “La primera vez que lo escuché fue en un garito donde solía ir de jovencito. Por las tardes había poca gente y los únicos quinceañeros del local conseguimos que el dueño nos hiciera sonar toda su colección. Eso nos sirvió para disfrutar de álbumes que no teníamos en casa, como por ejemplo “Cosmo’s Factory” cuya sensación al escucharlo fue de revelación al descubrir que, junto a algunas canciones que ya había escuchado, existían en el mismo disco otras que me parecían igual de buenas o más. También me llamó la atención la naturalidad, bicicleta incluida, de la foto de la portada.” (Emilio Rodríguez: Kraken Roll Band, periodista en Jot Down).
Se podría afirmar que “Cosmo’s Factory” fue, en cierto modo, un disco importante para romper barreras entre estilos musicales; y todo ese espíritu transgresor se encuentra reflejado en una estupenda versión de “I Heard It Through the Grapevine”: “Cada una de las covers que han hecho es una declaración de intenciones. Pistas que te permiten rastrear qué es lo que le interesaba a la banda en ese momento; y siempre he visto giros muy propios del soul en la voz de Fogerty. Para mí simplemente en “Cosmo’s Factory”, y con la versión de Marvin Gaye se hace mucho más evidente, se ve la evolución vocal del líder. En realidad supieron transitar de un pasado más californiano hasta el rock sureño de raíces pasando por el blues, el country, la psicodelia o el soul de una manera tan natural que al final, escuches el disco que escuches, siempre suena a la Creedence. No abandonan ningún género por el que pasan, sino que lo mastican y lo incorporan en cada nuevo trabajo. Así inventaron su propio estilo e hicieron que perdurase hasta hoy en día.” (May Ibáñez: Badlands). Aunque, en el fondo, tras toda esa fusión de géneros, se escondía un grupo bastante fiel al sonido clásico del rock y el country: “CCR son hijos de su época y es que, a finales de los 60, tras varios años de lisergia y experimentación, se produce una vuelta muy consciente a las raíces. Sí, es cierto que mezclan todo, pero ya estaba presente en The Byrds o los propios Beatles. Incluso, los Stones amplían su catálogo de estilos y llegan hasta el country. Hasta entonces, habían sido las bandas inglesas quienes mejor habían entendido la tradición americana; ellos junto con The Band, aunque eran canadienses, ya revisitan su propio patrimonio.” (Igor Paskual).
Por supuesto su versión de “I Heard It Through the Grapevine” no es el único momento emocionante que nos regala “Cosmo’s Factory”: “Es un disco trufado de clásicos pero si tuviera que elegir me quedaría con “Travelin’ Band” por la energía que emite y porque llevo más de 30 años aplicándome el cuento, jaja”. (Hendrik Röver: Los Deltonos). Emilio Rodríguez es otro fan enamorado de la canción: “Mi favorita del álbum es “Travelin’ Band” porque me encanta Little Richard y es una verdadera delicia escuchar a Fogerty escribiendo e interpretando ese estilo de canción. También destacaría “Ramble Tamble” porque son siete minutos en los que el grupo apenas cambia de timbre y textura instrumental, pero consigue generar atmósferas muy distintas entre sí. Y además demuestra que John Fogerty no solo era un gran cantante y compositor, sino un guitarrista muy inteligente”. Mientras Igor Paskual coincide en la grandeza de “Ramble Tamble”: “Ese sonido, los cambios, la parte final en la que la guitarra llora; tocando con esa calma, sin prisa, yendo de un sitio a otro. Fíjate que en manos de otro grupo, esa introducción hubiera sido una pachanga, pero hay algo atávico en la voz y desde el momento en que entra a cantar pasas de estar en un granero a plena luz del día al misterio de la noche en un pantano. La manera en la que bajan de velocidad todos a la vez, con el mismo pulso y los arrastres de la guitarra. Y por si fuera poco esa entrada del piano, como si de pronto hubieran convertido el country en música progresiva. Es una de las mejores canciones de la historia”. Por otra parte May Ibáñez prefiere destacar otras dos composiciones: “Long as I Can See the Light”, es otro de los temas que abren esa brecha soulera de la que hablamos antes y que tan bien le sienta a Fogerty. La combinación de las melodías y la instrumentación propia del soul con su voz rasgada me parece una maravilla. Y “Lookin’ Out my Back Door” es otra de mis favoritas, con ese toque folk, más propio de sus anteriores trabajos, se demuestra que la gente de la Creedence puede hacer lo que quiera, como quiera y donde quiera. La armonía entre las canciones la crean simplemente siendo ellos”.
A la hora de hablar CCR es fundamental centrarnos en John Fogerty, posiblemente uno de los mejores guitarristas de la historia del rock: “Siempre destacó por su solidez rítmica, y la calma con la que toca. Es como si hablara, sus solos son una conversación (con planteamiento, nudo y desenlace) y no hay un solo fraseo gratuito. Me gusta que no repita los clichés del blues tan manidos de muchos guitarristas de la época, además es realmente ingenioso, siempre tiene algo que decir, y toca muy atento a las dinámicas de la banda y de su hermano Tom que hace ese ritmo tan marcado del upbeat, que casi parece ska, importante también para el sonido del grupo.” (Igor Paskual). Asimismo Hendrik Röver no olvida resaltar ciertas cualidades que hacían especial al líder de CCR: “Como guitarrista tenía un “tono” particular con ese uso “poco ortodoxo” de la Rickenbacker pero apostaría que pasará a la historia como vocalista. Supongo que a los de mi quinta nos animó a probar hacer riffs con trémolo para conseguir ese sonido pantanoso”.
Aunque siempre se ha comentado que el fuerte liderazgo (casi rozando el despotismo artístico) de John Fogerty fue una de las principales claves a la hora de facturar éxitos como “Cosmo’s Factory”: “Por entonces él era una fuerza imparable. La apoteósica racha creativa de Creedence se debió a él y a su talento. Puedo entender que sus compañeros se sintieran menospreciados, pero Creedence no eran los Beatles, donde había dos genios, Lennon y McCartney, y un tercer talento, Harrison, que también aportaba genialidades. Tampoco eran The Who, donde Pete Townshend era el indiscutible líder musical, pero tenía a su lado dos instrumentistas excepcionales imprescindibles: Keith Moon y John Entwistle. En Creedence, John Fogerty era el centro de todo. Cuando sus compañeros intentaron contrarrestar ese hecho, el grupo dejó de funcionar. Una dictadura artística puede ser una situación difícil en cuanto a las relaciones personales, pero en lo musical no tenía sentido disputarle el liderazgo a quien había demostrado poseer casi todo el talento.” (Emilio Rodríguez).
“Cosmo’s Factory” fue su quinto disco en menos de dos años: “Imagino a Saul Zaentz (ejecutivo de Fantasy Records) con un látigo animándoles a producir más material que exprimir. Por cierto no olvidemos que al menos un tercio de los discos eran versiones, muy “creedencizadas” pero versiones al fin y al cabo. Puedo pensar que se dejó material menos brillante fuera y se rellenaron los discos con versiones (pero me desmonto a mí mismo esa teoría porque si esas canciones menores se hubieran grabado, Saul las hubiera editado como tarde durante el juicio que tuvo contra Fogerty).” (Hendrik Röver). Un trabajo musical que muestra la brillante, e inagotable, creatividad artística que se vivió a finales de los sesenta: “En esa época se grababa y publicaba muy deprisa. El ritmo habitual era de cuatro discos cada cinco años. Y no era raro que un artista publicase dos álbumes en un mismo año: lo hicieron Jimi Hendrix, Beatles o The Doors. Eran artistas jóvenes que estaban en plena explosión de creatividad, así que se daban todas las circunstancias para que apareciesen discografías tan fulgurantes y concentradas en el tiempo como la de Creedence. Con el éxito de los Beatles y similares, las compañías discográficas descubrieron que podían ganar mucho dinero dejando que los artistas gozaran de libertad creativa. Los artistas libres producían música nueva que no hubiera podido ser planificada de antemano por ejecutivos, y era una música cuyo carácter imprevisible excitaba y enganchaba a los jóvenes.” (Emilio Rodríguez).
La influencia de CCR en el rock posterior es un hecho indudable: “Creo que hoy Creedence tienen más influencia sobre otros grupos de la que tuvieron en su día. Eso es consecuencia, curiosamente, de que Creedence hacían rock sureño aunque eran de California. Tenían un pasado beat-hippie-psicodélico, cuando se hacían llamar The Golliwogs, pero cuando se reconvirtieron en Creedence, Fogerty quiso destilar la esencia de los pantanos del sur y sonar lo menos californiano posible. Por ese purismo de Fogerty, Creedence hicieron un difícil trabajo de alquimia y consiguieron destilar esa esencia pantanosa que es mucho más difícil separar en la música de artistas sureños como Tony Joe White o Allman Brothers, porque estos la mezclaban con otros estilos. Creedence son una referencia desde los noventa, con el auge del nuevo folk-rock y del “americana”. Muchos artistas se inspiran en el sonido de la Creedence porque ahí tienen los mimbres básicos de lo que suena pantanoso, por ejemplo una canción favorita con sonido heredado de Creedence es “Joy” de Lucinda Williams, que encajaría perfectamente en cualquiera de aquellos discos.” (Emilio Rodríguez).
En la escena musical valenciana Badlands es uno de los grupos que mejor han manejado y actualizado la herencia de CCR: “Como curiosidad, cuando estábamos ideando la portada de “Tornado”, una de nuestras referencias fue la portada de “Cosmo’s Factory”. Queríamos crear una escena tipo collage con objetos que representaran momentos o personas importantes en nuestras vidas. Cada uno de nosotros sabe por qué eligió unos objetos y no otros, pero a vistas de la gente es una escena con bártulos varios que no tienen mucho que ver entre sí. Y es que hay mucha influencia de la Creedence en la música de Badlands, porque lo que nosotros hacemos es experimentar desde un estilo de raíces, que es parecido a lo que hacían Fogerty y compañía. A nivel vocal, Fogerty puede que sea una de mis pocas influencias masculinas, me ha acompañado tanto tiempo y he cantado tantas veces sus canciones que quiero creer que algo he aprendido de él. Una vez escribieron en una crónica de un concierto de Badlands que parecía que me hubiese tragado un trozo de lengua de Fogerty y creo que es lo más bonito que me han dicho hasta la fecha.” (May Ibáñez).