50 años de Moondance HABLA LA ESCENA VALENCIANA

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El paso de la década de los 60 a los 70 significó todo un terremoto para la escena musical, en realidad supuso el descubrimiento y confirmación de grandes alquimistas del pop: durante ese periodo, músicos como Elton John, Carole King, Neil Young, Dusty Springfield, George Harrison o Cat Stevens entregaron algunos de su discos más celebrados, pero fue un norirlandés, con fama de huraño, el que tomó la delantera consiguiendo una fusión perfecta de folk, melodías y calidez soul; según el periodista Greil Marcus: “Ningún hombre blanco canta como Van Morrison”, algo que el mundo pudo comprobar con el maravilloso Astral Weeks (Warner Bros, 1968). Sin embargo, dos años después la genialidad de este trabajo fue igualada por un disco que el 28 de enero de 2020 cumplirá medio siglo. Aprovechando tal efeméride hemos hablado con algunos músicos valencianos sobre el fascinante legado de Moondance (Warner Bros, 1970).

VAN-MORRISON-BEAT-MOONDANCE Van Morrison sonriendo durante las sesiones de grabación de Moondance. Fotos: David Gahr.

 

Introducirte en el mundo de Van Morrison puede ser consecuencia de bucear en el trabajo de otros artistas, como si cada disco y músico tuviera la cualidad de comunicarte con otros paraísos sonoros: “Tuve una época muy fuerte con Joni Mitchell y Leonard Cohen y, si no me falla la memoria, es de la forma que llegué a Van Morrison y su Moondance. Creo que más allá del buen hacer de Van Morrison me sorprendió la frescura y la perfección de una instrumentación tan bien medida.” (Ainoa Cabanes – Flaco Favor, Sierra Leona).

Sin embargo, la recompensa vital, al descubrir los tesoros que se encuentran tras el autor de “Brown Eyed Girl”, no tiene precio: “La verdad es que para mí Moondance fue poco menos que una catarsis. Empecé viendo su atómica versión de “Caravan” en The Last Waltz, de Scorsese. Después me hice con el recopilatorio The Best Of Van Morrison, con el que comencé a obsesionarme y lo siguiente fue comprar el cedé de Moondance (poseo también una copia del precioso vinilo gatefold original USA). Pasé varios meses de mi vida escuchando sólo a Van Morrrison. En ninguna otra ocasión he alcanzado una obsesión tan insana por un músico. Vivía para comprar todo lo que se pudiera comprar de él, y eso fue por Moondance, que siempre he preferido a Astral Weeks. Cuando lo descubrí no daba crédito. Cada canción es un mundo en sí mismo. Es un disco en el que perderse. No para llevarse a una isla desierta, sino para ir a una isla desierta a no hacer nada más que escucharlo.” (Juanjo Frontera – Lülla, Frontera).

Entre los temas que conforman el disco destaca “Caravan”, señalada por Nick Hornby (en el libro 31 canciones) como la canción que desearía que tocaran durante su funeral: “Es también mi favorita, aunque yo no llego a tanto como Hornby (la mía para eso es “Waterloo Sunset”). Condensa en sí muchas cosas que huelen profundamente a América, el góspel de los Staple Singers, el soul de Stax y Atlantic, el folk rock de Dylan y The Band. Es una canción muy épica, su letra aporta imágenes muy poderosas. Van, cuando quiere, es un gran poeta.” (Juanjo Frontera).

Otros músicos también destacan la excelencia de este tema: “És una cançó rodona, una conjunció perfecta de lletra, música, rítmica, fonètica i espai sonor. I quan l’escoltes (i veus) en The Last Waltz, t’eleves.” (Borja Penalba – Mireia Vives i Borja Penalba). Aunque no todos están de acuerdo con la afirmación del autor de Alta Fidelidad: “Allá los motivos del Señor Hornby. Para un funeral yo hubiera elegido “Domino”, que tiene ese punto eufórico y dinámico que le falta a Caravan.” (Pablo Maronda – Maronda).

Por supuesto Moondance guarda en su interior más joyas a reivindicar: “La canción titular es un milagro que ha sido capaz de acercar el mundo del jazz al pop, algo que sólo han podido lograr con éxito además de Van, quizás, Steely Dan. Y también destacaría “Glad Tidings”, una canción muy jovial para los estándares de Morrison, que refleja muy bien el momento pletórico en que se encontraba entonces. Una canción que va creciendo poco a poco y en la cual la Caledonia Soul Orchestra, una de las mayores máquinas de hacer música que hayan existido, está soberbia.” (Juanjo Frontera).

Por otra parte, Ainoa Cabanes destaca “Crazy Love”: “Es el tema más top del disco por la sensibilidad con la que se transmite y por ese toque de magia que aportan los coros gospel”. Y Borja Penalba confiesa su predilección por tres temas: “Into The Mystic”, fonètica i vocalment, és un flipe, “And It Stoned Me” és simple però preciosa, amb els clàssics arranjaments de vents de Van Morrison i “Brand New Day” es una balada soul carregada de nostalgia, em recorda molt a “The Dark End Of The Street” de James Carr”.

Pablo Maronda también recalca algunos temas del disco, para bien y para mal: “Moondance” siempre me ha parecido que suena demasiado a estándar, aunque “Into The Mystic” sí es más del Van Morrison que a mí particularmente me engancha, “And It Stoned Me” es un clásico instantáneo y una gran apertura de elepé y “Brand New Day” me recuerda un poco a Gram Parsons”. Y es que, a la hora de hablar de la obra de Van Morrison, él acaba prefiriendo Astral Weeks: “Sigue siendo para mí la obra cumbre de Van Morrison y uno de los hitos de la música popular del siglo veinte, por su mezcla de folk, jazz, pop en ese todo orgánico y atemporal que suena igual de fresco que el primer día; además es una obra conceptual, prácticamente minimalista en lo instrumental, lo hizo en estado de gracia y se grabó apresuradamente, antes de que se esfumase la magia. Siendo sinceros Moondance no me impresionó tanto como His Band And The Street Choir, por ejemplo. Siempre me pareció un disco demasiado correcto; el típico disco en el que no pasa nada. Tiene un punto como de música de bar; como de Randy Newman, con el que no conecto demasiado”. Ainoa Cabanes también tiene una opinión similar: “Partiendo de que “The Way Young Lovers Do” es uno de los temas que más me gusta de Van Morrison, me atrevería a decir que Astral Weeks tiene esa parte más mística que me emociona y que Moondance, por su punto vitalista, no tiene”.

Sobre esa eterna disputa entre Astral Weeks y Moondance Juanjo Frontera tiene una teoría: “Yo creo que representan las dos caras de Van. Astral es en cierto modo producto de la casualidad. Él no quería exactamente que sonara así, de hecho, renegó de él durante un tiempo, pero los músicos de jazz que le acompañaron y la forma de grabar las canciones en una sola toma obraron el milagro de que suene así de místico y vaporoso. Moondance fue más premeditado. Contaba con una banda cohesionada y vivía un buen momento vital, lo cual se refleja a la perfección en el disco. También ambos representan dos lados diferentes de su música: el reposado y el jovial. En ese sentido son complementarios. Como dos plantillas sobre las que ha edificado su carrera”. Mientras que la opinión de Borja Penalba acaba decantándose por un tercer disco: “Per mi, ni Astral Weeks ni Moondance. El millor és The Healing Game”.

La herencia que nos ha dejado Moondance (y por extensión toda la obra de Van Morrison) es de una riqueza musical y emocional que no conoce límites ni géneros musicales, como bien dice Juanjo Frontera: “Van Morrison me ha enseñado a sentir, a ver el arte a través de emociones y no ser cerebral. También que un blanco puede aproximarse a la música negra si realmente la comprende. A mí él me enseñó a entenderla. A través de él empecé a introducirme en el mundo de Ray Charles, Bobby Blue Bland, Jackie Wilson, Curtis Mayfield y otras cosas maravillosas. Aunque Van no es necesariamente soul, ni un blanco con el alma negra. Van es un planeta en sí mismo. Un planeta en el que quedarse a vivir”.