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Abel Hernández (El Hijo): «Mucha electrónica es tan conservadora y purista como cierto rock y, a menudo, más esnob»

por | 15 febrero 2022 | Entrevistas

Abel Hernández es uno de los músicos más interesantes surgidos de la escena independiente española. Con Migala creó  composiciones brillantes de post-rock nacional en los 90 y principios de los 2000, canciones que no tenían nada que envidiar a la producción de grupos como Tortoise, Mogwai o Godspeed You Black Emperor!. Después de militar en Emak Bakia, Abel Hernández comenzó un nuevo proyecto personal, El Hijo, que le ha llevado a expandir y jugar con los límites del pop experimental, fusionándolo con otros géneros. Como resultado de tal proceso creativo hemos podido disfrutar de excelentes trabajos como Las Otras Vidas (Acuarela, 2007), Capital Desierto (Intromúsica, 2019) o La Rueda del Cielo (Intromúsica/Ruido de Fondo, 2021), este último será presentado el viernes, 18 de febrero, en la sala Electropura de València, y hemos aprovechado para hablar con él sobre su nuevo disco, la importancia en su música de artistas como Aphex Twin y la actual relación entre pop y electrónica.

En tu nuevo disco «La rueda del cielo» se encuentran desde líneas de sintetizador, que remiten a cierto sonido de los 80, hasta ritmos arábigos, synth wave, autotune, vaporwave… ¿Tiene que ver con el post-mainstream, ese concepto que, medio en broma, ya planteaste al publicar “Capital Desierto”? ¿En qué consiste ese post-mainstream?

Como dices, fue una ocurrencia medio en broma (o sea, también, medio en serio, jajajajaja) para explicar un poco qué intentaba hacer en Capital Desierto: jugar a aplicar la idea de “post-algo” tal y como se ha aplicado en otros casos en la música pop (como post-punk o post-rock…). En el caso del post-mainstream sería trabajar con elementos e ingredientes propios del pop mainstream de mis contemporáneos para llevarlos a otro lugar y conseguir resultados musicales muy distintos a los de ese mainstream. Un tachar y afirmar. En La rueda del cielo no he trabajado tan conscientemente con ese sistema como en Capital Desierto, porque es un disco que se concentra más en un cierto interior propio. Pero hay elementos en este disco, como dices, que continúan ese divertirse tergiversando cosas de estilos varios más característico del anterior, Capital Desierto, ya sea el hip hop y sus nietos trap o el post-punk y sus nietos dark y synth de ahora. En este sentido, me parece que sobre todo lo que hago sobrevuela una idea o un ánimo común de juntar elementos de forma no ortodoxa que eviten el cliché, para hacer cosas estilísticamente ambiguas. Y el gesto de retomar o remezclar en un sentido muy amplio, también, pero siempre experimental, en plan ¿qué pasa si pongo esto junto a esto…?

En ese sentido, ¿“La rueda del cielo” se puede ver como una continuación espiritual de “Capital Desierto”? 

Todos los discos que he publicado desde Fragmento I están internamente interconectados premeditadamente. Siguen en cierta manera una línea, una especie de narración y personajes, un plan trazado de antemano hace unos ocho años… Los entiendo como si fueran capítulos (no necesariamente ordenados según una línea recta) de una serie o de un cómic por entregas. Lo que pasa que no es algo que esté subrayando demasiado porque estoy en una etapa en que esa parte narrativa me interesa más como excusa y, a cambio, estoy mucho más centrado en elementos musicales y en cómo suenan las cosas. Hay esa continuidad narrativa interna y, desde luego, cierta continuidad estilística: trabajar desde la producción más que de la composición, darle más jerarquía a la creación y diseño del sonido y jugar más con los aspectos rítmicos, trabajar con saltos de escena… No sé, creo que, en cada disco hay continuidad con los anteriores y una cierta intención de ruptura a la vez, aunque parezca contradictorio.

¿De dónde procede el título del disco? ¿Es una referencia a una obra o película?

Está tomado de una novela de Ursula K. Le Guin que estaba leyendo justo cuando terminaba el disco. Es el título de una de las primeras ediciones en castellano. Ella lo toma de una cita del libro taoísta chino Zhuangzi que dice:

“Los que quieren aprender se empeñan en aprender lo que no pueden aprender. Los que quieren hacer algo, se afanan por hacer lo que no pueden hacer. Los que quieren argumentar, se esfuerzan por argumentar lo que no pueden argumentar. La más alta perfección es saber detenerse allí donde ya no se puede saber más. Si no haces así, la rueda del Cielo te destruirá.»

Al leer esa cita que ella incluye en el libro me pareció perfecto para la narración que subyace en este disco. Además, me gustaba esa imagen un poco oscura e incomprensible de una rueda del cielo. Es poético, extraño, un poco loco. ¿Habla de un carro volador, del Sol, de un ovni? Me llamó la atención y busqué un poco de información y descubrí que había un error ¡doble! en la traducción y fue entonces cuando me encantó verdaderamente. Ursula K. Le Guin titula su libro The Lathe of Heaven, que sería algo así como “El torno (de alfarero) del Cielo”, a partir de una cita que traduce mal de ese libro chino que comento y cuya correcta traducción debería ser “La ley del Cielo” o “El equilibrio del Cielo”, algo parecido. Después en aquella edición argentina de los 70 que yo estaba leyendo, a su vez, tradujeron su The Lathe of Heaven de una forma más rara aún: La rueda del cielo.

Me pareció maravilloso que, además de por el sentido que podía evocar en cuanto a los conceptos y narrativas del disco, el mismo título fuera resultado de un doble error de traducción, porque de eso va un poco el rollo que te comento que me gusta hacer en mi música más reciente: de tomar elementos y traducirlos mal.

El álbum comienza con “Burberry”, uno de los más pop de este trabajo. ¿Cómo surgió? Porque según he podido leer procede de otra composición tuya más antigua.

Muchas de las canciones de los últimos discos proceden de otra cosa ya terminada. Muy a menudo de mis propias canciones ya publicadas. En este caso, es la letra lo que se retoma de una antigua canción de El Hijo, Cabalgar. La cosa fue que tenía una rueda de acordes con un sinte tipo pad y una melodía para cantar encima y, entonces, me di cuenta de que podía encajar parte de la letra de esa canción de 2005-2006 que, curiosamente, ya utilizaba el tema del desierto, aunque en ese caso de una forma mucho más pegada a la lírica ro(ck)mántica. Entonces empecé con un juego de “qué pasaría si”: qué habría pasado si el Abel que escribió la canción quince años atrás hubiera estado pendiente de otras cosas, escuchando otras cosas, pensando y haciendo cosas distintas (menos ro(ck)mánticas) a las que pensaba y hacía yo entonces. Con eso juega la letra y la producción. Ese planteamiento, además, hizo que la canción cambiara mucho de ser un tema rollo Laurie Anderson, con pads y un beat tranquilo sobre la que iba la voz sin autotune, a la base rítmica acelerada y el punto más dark-synth (al que contribuyeron decisivamente los sintes que puso Juan Carlos Roldán) y así.

En esta canción canta Jorge Tórtel y toca la guitarra en “Circe”. ¿Qué tal ha sido trabajar con él? ¿Qué es lo que más te atrae de su música para que haya acabado colaborando contigo y coincidiendo ambos en muchos conciertos?

Somos amigos desde 2006. Es una de las personas que tengo la suerte de tener siempre cerca en la vida y su opinión tiene mucho peso en mis procesos musicales. Nos mandamos muchas cosas a menudo. Nos consultamos. Estamos muy pegados. Lo raro para mí es que no acabe participando de una u otra forma en lo que hago. Es un tipo muy genial, además.

En “Circe”, y en “Tebas (La Rueda del Cielo)”, canta Lauren Casline. Su voz tiene una mezcla de dulzura y misterio que confieren a estas canciones cierto espíritu de ensoñación. ¿Cómo surgió esta colaboración?

Conozco a Laura porque le di clases en la universidad y tiene mucho rollo cantando, que, además, me encajaba muy bien con lo que buscaba, ese misterio y ensoñación que comentas (no es exactamente eso, pero pensaba también en el rollo de Julee Cruise). Estoy muy contento de que canten ella y otro exalumno, Óscar Zazo (este en una canción que sólo puede escucharse en la edición de vinilo). También ha colaborado Gabriel Pais, que, después, se ha incorporado a la formación de directo. Es especial poder contar con gente tan talentosa y nacida en torno al año 2000. También he colaborado y colaboro con otros exalumnxs como Beatriz López-Nogales o Queidem o Dani Núñez. Me alegra un montón poder tener esta relación de colaboración con ellas.

En “Espejismo” colabora Rodrigo Cuevas, la canción posee un halo árabe pero combinándose con el flamenco y con sonidos actuales como el trap. ¿La canción nació con esa idea de fundir sonidos y estilos, o fue la entrada de Rodrigo Cuevas lo que dotó a la canción de ese carácter especial?

La posibilidad de contar con Rodrigo Cuevas surgió en el último momento, cuando la canción ya estaba terminada y ya contaba con cantarla yo. De hecho estaba cantada, aunque, por una cuestión conceptual, todavía estaba dándole vueltas a buscar una voz distinta. Gracias a algún amigo común, se presentó la posibilidad de que la grabara él. Yo conocía sobre todo el disco que él había hecho con Refree, que me gustaba mucho y, cuando surgió, no dude en proponérselo. Fue muy de último momento. Habría estado guay poder colaborar más intensamente. Aún así creo que aporta algo muy chulo a la canción y al balance de voces del disco.

En “Sirenas” dices “Y suena Aphex Twin a 33”. ¿Cómo de importante ha sido este artista de música electrónica en los distintos discos de El Hijo?

Mucho. Aunque hay otra mucha gente que lo ha sido también. Sí que es verdad que Aphex Twin es un símbolo de cierta forma de hacer música electrónica y de pensar en lo nuevo en la música, en el uso de las máquinas… Me parece una de las figuras más potentes de las últimas décadas, claro. Pero más que un guiño al artista veo ese verso como un guiño a ciertas personas, ciertos rasgos que pueden encajar con la narrativa, personajes e ideas que están en mi disco. En Sirenas, escuchar a Aphex Twin es un ejemplo de lo que molaría experimentar siempre por primera vez, una metáfora “de lo que da placer”.

Por otro lado, lo de sonar “a 33” quiere decir aquí sonar más lento de cómo ha sido en principio editado un single. En Internet encuentras videos subidos por gente anónima que bajan el tempo y ponen en loop discos o temas de Aphex Twin. Siempre me ha llamado mucho la atención ese trabajo creativo, activo, de los fans. Me interesa mucho también el movimiento mexicano de la cumbia rebajada, en la que se ralentizan las cumbias colombianas para intensificar su sonido, su sabor. Y lo que se hace en el vaporwave… Imaginaba a los personajes de la canción como gente que necesita esas intensificaciones de la música, para seguir disfrutándola.

Y no es menos importante que además la canción habla de pasados inventados, futuros falsos, lugares como “El Oasis”, que ya no funcionan, que pertenecen a otro tiempo, personajes que ya no tienen ni fantasma… Es decir, que es una canción (en cierta forma emparentada con Burberry, aunque ésta última más por la manera en que ha sido hecha que por su temática) que habla sobre un sentido del tiempo roto, fuera de quicio, desde el punto de vista de nuestro pensamiento dominante, que no entiende otro tiempo que el del reloj y el calendario.

Un grupo que se ha mencionado mucho como influencia en la música de El Hijo ha sido Disco Inferno. ¿En La rueda del cielo, a pesar de la diversidad de estilos, también podemos encontrar el influjo de esta banda inglesa?

Me gustan mucho algunas de las cosas de Disco Inferno desde que me los descubriera mi amigo Coque Yturriaga en la época de Emak Bakia (curiosamente nos comparaban también con Disco Inferno) pero, la verdad, creo que no llegan a ser una influencia para mí. No los controlo tanto, además.

¿Como ves la actual unión entre pop y electrónica? Entre las etiquetas de moda como “Bedroom-Pop” y el “Hyperpop”, artistas como Arca y la evolución de estilos como el Trap y el Reggaetón parece que, hoy más nunca, hay una oferta infinita para disfrutar de música electrónica ¿no?

Bueno, diría que hace décadas que no hay música que no sea electrónica en cierta forma. El rock, en especial desde mediados de los 60 (aunque diría que antes) también lo es. Es música debida a cierta utilización de la tecnología y que no puede ser sin ella. Pero, desde luego, en los últimos 25 años (el tiempo que llevo yo publicando y tocando en vivo y tal) se ha impuesto en todas las facetas de la música, también en el uso, la escucha, los formatos, etc. Si uno piensa en el disco más “acústico” que uno pueda, pongamos, por ejemplo, uno de los American Recordings de Johnny Cash producido por Rick Rubin, donde por momentos solo se oye la vibración de las cuerdas resonando en la caja de la guitarra y el aire emitido por el viejo aparato fonador del cantante, no puede concebirse sin la tecnología de grabación, producción y mezcla con que está hecho. ¿Es menos electrónico el último disco de Iron Maiden o de, qué se yo, Interpol, que un disco de Lee Scratch Perry de principios de los 70 o de techno de principios de los 80? Yo diría que no.

Por otro lado, los móviles, PCs, etc., son hoy herramientas tan folk como lo era una armónica o una castañuela hace un siglo. No parece nada extraordinario que la música hoy pase por lo digital y los ordenadores y otras máquinas.

Pero la pregunta, para mí, es qué se hace con los medios electrónicos y digitales. Particularmente no me interesa más una música porque lleve la etiqueta de electrónica. Lo que me interesa más de la música es que parta de algo pasado para traicionarlo y llevarlo a otro lugar, a poder ser que abra caminos de futuro. Me parece que en el pop actual, esto casi no ocurre en ninguna música que no tenga ese componente electrónico de forma más marcada e intencional. Pero tampoco me parece que porque una música sea más claramente electrónica sea ya más avanzada o más interesante. Mucha electrónica es tan conservadora y purista como cierto rock y, a menudo, más esnob.

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