Ainara LeGardon, mostrando músculo

por | 4 noviembre 2014 | Cultura pop

Coge algo con lo que hacer una melodía (o su ausencia, según se prefiera), y escúpelo, quítatelo de dentro, exorciza tus demonios y haz que un montón más de gente al otro lado de los altavoces sepa perfectamente de lo que estás hablando.

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Así es como siempre ha funcionado, para los que han tenido el talento y los medios para poder expresarlo, o por lo menos así era antes. Gracias a las nuevas tecnologías, los medios cada vez se han ido acercando al creador facilitando su tarea de vehicular sus emociones en forma de grabaciones sonoras.

Ainara LeGardon sabe un rato de esto. Según ella misma cuenta, tuvo durante los años noventa algunas experiencias que la hicieron desengañarse de la industria discográfica (¿cuántas veces hemos oído esta historia?), y la empujaron a gestionarse ella misma, una circunstancia por la que pasaron muchos de los grupos más añorados de aquellos años. Y es que, si algo tiene la industria es precisamente eso, que es un negocio, que mira por números y frías cuentas, por rankings de ventas y volumen de popularidad, dejando precisamente de lado lo verdaderamente importante, el verdadero germen de la creación, la música. De esto nos habla largo y tendido nuestro entrañable Mark Oliver Everett en aquel maravilloso e imprescindible libro suyo “Cosas Que Los Nietos Deberían Saber”, y Ainara también explica que no fue hasta que ella cogió por completo las riendas de su producción que no empezó a sentir que estaba llevando su cometido hasta las últimas consecuencias. Un cometido que no es otro que el hacer sentir, pensar, emocionar y emocionarse a sí misma.

El D.I.Y. (Hazlo tú mismo) no sólo se ha convertido en un credo y una necesidad para infinidad de bandas, no sólo acuñó aquella manida palabreja “indie” que ya ha perdido todo su significado, el D.I.Y. ha servido para que artistas como Ainara LeGardon pudieran expresar en su globalidad su discurso musical, sin edulcorantes ni tamices, requiere mucha valentía y voluntad, confiesa ella, da vértigo, también, pero al final merece mucho la pena. Es de esta manera como llevó a cabo sus tres primero álbumes tal y como la conocemos ahora, “In The Mirror” (2003), “Each Day a Lie” (2005) y “Forgive Me if I Don’t Come Home To Sleep Tonight” (2009), todos editados bajo su propia batuta, y es también como a partir de “We Once Wished” (Aloud Music, 2011) se sirve de la discográfica Aloud Music para dar salida a sus canciones. Esto en ningún caso supone una renuncia a sus principios o una moderación de su discurso, no entendamos a Aloud como una “discográfica” (término que huele mucho a rancio) sino más bien como una plataforma de difusión gracias a la cual grupos de mucho talento han conseguido tener algo de repercusión, véase a los interesantísimos Fira Fem o a los contundentes (LO:MUêSO).

Es por medio de este canal que este mismo otoño saldrá una tirada limitada, serigrafiada y muy cuidada, del quinto disco de esta vasca: “Every Minute” (Aloud Music, 2014) un ejercicio de rock lleno de aristas y con el músculo que la caracteriza, el mismo que hace que nos retumben constantemente los nombres de Neil Young, Patti Smith, Nirvana o PJ Harvey cada vez que oímos la música de Ainara.

Foto: Álvaro Sanz

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