Pasa todo el tiempo. Nos cruzamos con alguien caminando calle abajo, sentado frente a nosotros en el tren o de pie esperando el metro, el contacto visual no dura más de un segundo, normalmente no damos a esas interacciones mucha reflexión, pero hay ocasiones en que, como explica Nicole Schneit, la voz que se esconde detrás de Air Waves, esos chispazos de conexión desencadenan un chorro de conjeturas y especulaciones, fantasías sobre aquel desconocido y su vida.
Ese nexo que se genera con una simple mirada en la compleja telaraña de relaciones en que se desenvuelve la vida contemporánea es uno de los temas favoritos de esta brooklynita. En palabras suyas: “Estas miradas son mundanas y fugaces, pero también implican una conexión poderosamente íntima”.
La imaginamos reflexionando en un vagón de metro, atravesando el puente que une Manhattan con aquella cuna “cool” que es el barrio de Williamsburg en Brooklyn, fantaseando, mirando por la ventana el East River y no podemos evitar sentirnos parte de esta mágica reflexión. Está claro que el exotismo idealizado que nos produce la ciudad de Nueva York dista de la idea de coger el tranvía que va hacia la Malvarrosa en un día de verano, aún así tenemos claro el sentimiento al que se refiere. No en vano el título de su último disco, el cálido Parting Glances (Underwater Peoples, 2015) que viene a significar “miradas de despedida”, hace referencia a esta cuestión.
Parting Glances es una colección de viñetas que nos cuenta observaciones personales y anécdotas, sus letras hablan sobre los complicados sentimientos que surgen alrededor del amor, la identidad propia y también sobre como sobrevivir a una gigantesca metrópoli como Nueva York con una escuálida economía.
El disco cuenta con colaboraciones de lujo, en el primer sencillo –Thunder– sin ir más lejos, aparece la voz Jana Hunter, miembro de Lower Dens, también se encuentran presentes miembros de Woods, Cristal Stilts y Hospitality, flor y nata de la escena neoyorquina de neo-folk, por no hablar de la conexión existente con Real Estate, grupo insignia de la célebre y singular población “williamsburguesa”.
Queda patente que aquel núcleo de efervescencia y creatividad tiende lazos de ida y vuelta entre sus ilustres habitantes y sus motivaciones diarias, un gran esbozo sobre el despertar a la complejidad de la vida adulta, sobre las eternas reflexiones que te atacan cuando cruzas la treintena, canciones que podrían poner banda sonora a las películas de Andrew Bujalski, canciones que dibujan un universo parecido al de la serie “Girls” pero sin tantos cupcakes y sin tanta situación superficial y edulcorada.
La narrativa de Schneit es sencilla y evocadora, las cálidas guitarras parecen pasadas por un filtro de Instagram, la melancolía que sobrevuela el disco revive noches de infancia en la playa con la familia, tardes de domingo de pizzas y pelis, tu manta favorita en la que te enroscas las tardes de invierno. Un sinfín de desconchones en la memoria sentimental de un treintañero, al que ya ha dado tiempo de cambiar su decoración mental unas cuantas veces y que Nicole describe a la perfección en la apertura de “Thunder”: “Es tiempo de irse, dijo ella, como las fotos que caen de la pared ¿Debemos recogerlas o tirarlas a la basura?”.











