Desde que se anunció el cartel los escoceses siempre fueron nuestra prioridad. Con el expresidente Zapatero imputado como cerebro de una trama internacional de tráfico de influencias, con la periodista Angels Barceló anunciando que no seguiría en la SER la próxima temporada, con la mitad de la familia de camino a la manifestación por la defensa de la educación pública y con unas temperaturas anormalmente altas que auguran otro verano de récord cogimos el 95 para acercarnos a Viveros. “ El que pueda hacer, que haga “, pidió Aznar con autoridad. ¿A quién iría dirigido? Give Out And Don’t Give Up (1995) reza en el título del álbum de los de Glasgow, el de ‘Rocks’ y ‘Jailbird’. Hay días que cuesta no rendirse.
Qué bonito luce siempre Viveros durante el Deleste, se nota el cariño que le ponen. ¿Serán capaces de forzar su destierro a la periferia? Ahora parece que estemos en eso. Todas las ciudades cool tienen sus festivales, consiste en dar con unas condiciones razonables para todos. Conflicto y consenso, dos de las dinámicas de la democracia. Con las mil cosas que tienen por arreglar: la desmesura de los pisos turísticos, que son el puto mejillón cebra, los problemas de una red de transporte público cada vez mas sur global, la estafa de la vivienda o la oferta cultural pública tan mediocre cuando se compara con la de otras ciudades parecidas nos cae la movida del volumen en los festivales. ¿Alguna idea? ¿ Algún cambio de legislación ? ¿No somos una ciudad musical?

El viernes electrónico dejó la parte más bailable para el cierre con Röyksopp ejerciendo de djs. Menudo disco de debut firmaron los noruegos en 2001, ‘Melody A.M.’; aquellos sí eran amaneceres. Del pistoletazo de salida se encargó Billy Nomates. Sola en un escenario que parecía inmenso, temimos que se la tragara el vacío. No ocurrió. Con su música pregrabada, una voz poderosa y una determinación sorprendente la artista de Leicester nos brindó un estupendo concierto. Valió la pena llegar pronto. A veces es más difícil tocar ante unas pocas personas que ante miles.
A continuación, los canadienses Holy Fuck, con menos calor y más público, se emplearon a fondo en el arte de construir piezas de corte sintético con instrumentos analógicos. Su propuesta nos pareció entretenida para el directo, pero quizás demasiado exigente para militar en ese entramado de percusión, ritmos y texturas en tiempos de fidelidades fluidas y déficit de atención.

Muchos tenían a Apparat como favorito del día. Ya con noche cerrada y ayudados de una iluminación donde primaban los azules oscuros y los tonos rojizos comparecieron los de Sascha Ring para ofrecer un concierto pulcro y muy medido. Las piezas más planeadoras, las más cinemáticas y las más pop se fueron intercalando en el setlist. Incluso en algunos momentos recurrieron al celofán lujoso de dos instrumentos de cuerda. Música con vocación de calidad para tiempos de revoluciones tecnológicas y aplanamiento del gusto. Esa búsqueda de la trascendencia si no te involucra te puede terminar alejando. Eso es lo que nos pasó, por momentos nos acordamos de los coyunturales Alt-J o de sucedáneos desbravados del ‘OK Computer’.
El sábado fue otro día de mucho calor, a The Molotovs les tocó arrancar bajo un sol inclemente. Los hermanos Cartlidge le pusieron ganas, pero habrían estado más a gusto al borde de una piscina en Benidorm. Tienen singles resultones y un álbum recién publicado que está funcionando muy bien en Inglaterra. Aunque siempre nos han atraído esos materiales que remiten a The Jam y al revival mod seguimos echando en falta algo más de originalidad en su propuesta; ya llegará.

Anna Calvi, por el contrario, se presentó sobrada de facultades y con una presencia en el escenario desbordante. Tenía la difícil tarea de remontar el momento Primal Scream y se sobrepuso con facilidad. Intensa, dramática, teatral y sobrada de actitud su pop denso y crepuscular se mezcló bien con un cielo cansado que se teñía de negro. Fue uno de los conciertos del fin de semana y aún quedaban la fiesta de Los Invaders y el broche oscuro y electrónico de Kerala Dust ¿No habíamos convenido que estábamos hartos de festivales sin alma que repiten el mismo cartel ad aeternum?
Las siete y cinco de la tarde del sábado, había llegado el momento. Menudo revuelo se montó cuando aparecieron los horarios. Algunos apuntaron a que era el precio a pagar por tener más volumen, otros que tocaban tan pronto porque Bobby quería llegar al Valencia-Barça. Especulaciones de todo tipo en tiempos conspiranoicos, Horizonte y el aparcamiento de Bonaire como metáforas del espíritu de estos tiempos reaccionarios. De repente la pradera de verde sintético se llenó de un público expectante, apareció el señor Gillespie de blanco impoluto y gafas de sol arropado por cinco músicos de aspecto curtido y comenzó el show.

Nada de recuperar ‘XTRMNTR’ (2000) como se anunció al comienzo de la gira, aquello iba de revisitar muchos de sus logros. La banda sonó compacta, solvente y por momentos bastante rock. Los teclados aportaron sabor vintage. Todo parecía engrasado aunque se permitieron sabotear algún hit por aquello de insuflarle nueva vida. Nos dio igual. Cada generación tiene sus grupos y Primal Scream son fundamentales en nuestra educación sentimental. En la última parte del set, cuando todo era entusiasmo, apareció una bandera palestina que el cantante enarboló con dignidad. Free Palestine coreamos con él. El compromiso político siempre fue parte de la propuesta desde el primerizo ‘Sonic Flower Groove’ (1987).
Menos mal que el concierto resultó notable, no habríamos podido con otro revés. Las maestras y maestros entran en su tercera semana de huelga. Nos están dando una lección de convicción y compromiso que nos dignifica como sociedad. Por mucho que griten los medios, y los que tienen que hacer se estén empleando a fondo, aún no nos han derrotado.










