Apenas unos instantes tras las campanadas de medianoche aparecía la primera referencia discográfica valenciana del año, «Doomed» de Mad Robot. Podríamos calificar a Mike Grau como uno de los auténticos paladines con los que cuenta nuestra escena musical a la hora de ejercer lo verdaderamente indie. Una palabra que ha acabado maltratada para vender festivales con grupos clónicos y anuncios de cervezas, pero que no fue un significante vacío en su origen, hace mucho, mucho tiempo.
Primero en los 90 con Furious Planet y ahora con Mad Robot, Mike Grau siempre se ha guiado de manera encomiable por el espíritu do it yourself, ese que te lleva a tocar en casales populares junto a grupos de punk mientras buscas la iluminación entre grabaciones lo-fi y noise pop. Su quinto disco al frente de Mad Robot, Doomed, vuelve a demostrar que hay pocos como él a la hora de actualizar las enseñanzas musicales de Stephen Malkmus: “Never Smile Again” o “My Town” tienen ese perfecto tono entre nervioso y melódico que caracterizaba a las mejores composiciones de Pavement.
Grabado junto a Borja Boscà, al bajo, estamos ante un disco sucio, temperamental y de carácter impulsivo sobre todo cuando se deja llevar por la anarquía del punk (“Time After Time” y “Wrecked” suenan más a Pixies que los últimos trabajos del grupo de Boston), pero no nos engañemos, esta nueva colección de canciones también sabe perseguir cierta ensoñación pop como quien busca la luz al final de un túnel: “Stephen And David”, “Untitled” o “Been Let Down By Someone” tienen ese brillo de una buena tarde playera acompañados de Rivers Cuomo y Bob Mould.