A la hora de escribir este artículo, desconozco cuál ha sido la selección que se ha alzado campeona del mundo. Pero a estas alturas ya se han escrito ríos de tinta sobre el Mundial de Qatar, de sus polémicas políticas, del enésimo fracaso de las campañas de boicot, de las selecciones eliminadas como la española o de la chulería injustificada de Messi contra Países Bajos, callado en cambio, como casi todos, ante los más de 6000 trabajadores muertos por las condiciones laborales del régimen feudal catarí.
Pero es, precisamente, por la celebración del Mundial más obsceno de la historia, la que ofrece estadios majestuosos construidos con sangre y conexiones televisivas que idolatran de nuevo a jugadores millonarios, por lo que se hace necesaria una reivindicación del fútbol, y sobre todo un repaso de sus orígenes, lo que sigue significando y su relación con la cultura popular.
Recientemente, el profesor e historiador Javier Paniagua afirmaba en un artículo en València Plaza que el fútbol, «es la gran aportación de la clase obrera a la cultura universal». Aunque ideado en principio por las élites británicas, especialmente por sus ingenieros y técnicos, rápidamente fue absorbido por la incipiente clase trabajadora y convertido en uno más de sus emblemas identitarios, junto a los sindicatos y la jornada laboral de 8 horas. Tanto es así, que no podría entenderse la clase trabajadora y sus contradicciones sin el fútbol.
De lo poco que podemos celebrar de este mundial, ha sido que la selección inglesa ha realizado el mejor y más divertido fútbol del mundial. Así, aunque hayan sido derrotados inmerecidamente por Francia en cuartos de final, los muchachos de Gareth Southgate, han vuelto a reivindicar el origen británico del fútbol. Un inicio del balompié actual que se remonta a 1863, cuando en Londres en la Freemason’s Tavern se produjo la escisión formal y definitiva entre el rugby y el fútbol, quedando éste en manos de trabajadores de todos los oficios, haciendo descansar en la ciudad del Támesis la capitalidad del fútbol europeo.
Desde ese momento el fútbol se convirtió en expresión de reductos de barrios periféricos, especialmente en Gran Bretaña, aunque en menor medida en otros países. En España, por ejemplo, el nacimiento y extensión de los clubes de fútbol también se debió a expresiones populares, aunque con una mayor rivalidad por ver quien representaba a la ciudad de origen, lo cual siempre le ha restado peso a ser una expresión estrictamente de clase.
En cualquier caso algo tan popular como el fútbol tenía que encontrarse desde sus inicios, con la revolución juvenil del rock and roll en todas sus variantes, en Europa y sobre todo en las Islas británicas. En Reino Unido los miembros de las bandas llevan a gala manifestar abiertamente su amor por los colores del club de su vida, y lo hacen con el mismo orgullo con el que reivindican su pertenencia a la clase obrera.
Es cierto que al inicio de la andadura del rock la pertenencia a la clase trabajadora o el amor al fútbol eran más bien secundarios. Probablemente el nacimiento de las tribus urbanas, parejo al de las nuevas corrientes musicales, era más importante en aquel momento que otras identidades heredadas.

Así, el grupo motor del rock de los 60 y creadores del vocabulario pop, The Beatles, eran totalmente ajenos al fútbol, por mucho que haya quien se empeñe en lo contrario. Una de las excepciones fue el alma mater de The Kinks, Ray Davies, que mostró desde sus inicios sus credenciales de clase trabajadora y, por ello, seguidor acérrimo del Arsenal, equipo del que parece ser también son aficionados Roger Daltrey y Mick Jagger. Pero, probablemente, serían Gerry and The Pacemakers (foto) y su adaptación del tema «You’ll Never Walk Alone» que se convertiría en el himno del Liverpool FC, la mayor vinculación entre rock y fútbol en la época.
Sería el naufragio provocado del Estado social británico por parte de Thatcher, el que devolvería al fútbol un lugar privilegiado en la música pop. Ya unos años antes, el estallido del punk había permitido a grupos como The Clash reconocer su obsesión por el Chelsea FC, militancia que compartían con el guitarra de Sex Pistols Steve Jones, aunque su frontman Johnny Rotten proclamará su adhesión inquebrantable a la causa del Arsenal.
Los duros años 80 y 90 que golpearon a la clase trabajadora británica, hicieron del fútbol un motivo más de orgullo, provocando que muchos músicos hicieran pública adhesión a los colores de su equipo, como ultima expresión para mantener vertebrada a sus comunidades. Por citar solo a unos cuantos, nos encontramos con Paul Weller para la causa del Arsenal, a Robert Smith para la del Queens Park Rangers o a Damon Albarn con el Chelsea. Y claro está, el indomable norte industrial con Manchester como epicentro musical y futbolístico, en el que aparecen Ian Curtis, Peter Hook y los hermanos Gallagher en las filas del City, mientras que Tom Yorke, Morrissey y la totalidad de los Stones Roses apoyando al United. Habrá casos incluso en los que el equipo aparecerá en las portadas de los álbumes, como el Hull City con The Housemartins o la icónica imagen del genio del Manchester United George Best, en el álbum debut de The Wedding Present.
En nuestro país, la escasa tendencia de los grupos a hacer público sus filias, afecta al fútbol de la misma manera que a la clase social, aunque podemos encontrar algunas excepciones. Los seguidores del Atlético de Madrid son los más abiertos en proclamarlo como es el caso de Leiva, Sabina o Rosendo. Ocurre lo mismo con el València Club de Fútbol y músicos como Jorge Martí (de pasado paterno valencianista), Tardor componiendo el himno oficioso del club, o el Llevant UE donde encontramos al baterista José Marco reivindicando como muchos su orgullo granota. Y aunque seguramente Real Madrid y Barça serán los que más músicos motiven, tampoco se prodigan mucho las declaraciones de adhesión a los mismos, con algunas rarezas como Vetusta Morla y Pignoise para los blancos y Love Of Lesbian para los azulgranas.
Sea como fuere, con o sin Mundial, como diría el protagonista de la entrañable película «El sueño de Jimmy Grimble», “todo en la vida se reduce a fútbol, fútbol y fútbol».










