Informe: Trap valenciano ESTADO DE LA CUESTIÓN

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El trap se ha hecho fuerte en medio mundo. València, la ciudad y sus alrededores, no es una excecpión. Aunque su visibilidad sea menor. Tampoco el resto de grandes ciudades de la Comunitat. Ni sus comarcas de interior. En este texto tomamos el pulso a una escena aún titubeante, pero en crecimiento.

Albany ALBANY. Ilustración de Agnès Ricart.

 

Ritmos arrastrados. Rimas macilentas. Bajos opresivos. Voces desfiguradas por el autotune. Letras sobre sexo y drogas. El trap lleva ya unas cuantas temporadas sacudiendo, como un movimiento sísmico de epicentro indefinible, los cimientos de nuestra industria. La de fuera, porque hasta Beyoncé, Katy Perry o Kanye West asumen algunos de sus dictados. Pero también la de toda España. Y también – quizá no de una forma tan visible – la de todo lo que se va cociendo en Valencia. Lo que surgió en Atlanta (EEUU) a finales de los noventa como una singular derivación del hip hop, ha adquirido en nuestro país un perfil diferenciado. Considerablemente distinto al de aquellos espejos norteamericanos – Young Thug, Rick Ross, Migos, Future – en los que dicen mirarse. Y difícil de deslindar: no hay prácticamente nadie que no lo mezcle por aquí con otros estilos. Hip hop, dancehall, reggaeton y hasta flamenco se citan en las creaciones de cualquier trapero hispano. Esos que cuentan sus reproducciones por miles (o por millones) en youtube, vehiculan su música sin filtros a través de mixtapes (y no de álbumes), han articulado otro do it yourself más (¿un nuevo punk?) y han logrado que el neologismo pollavieja se adhiera como una lapa a casi toda la prensa tradicional.

“El trap es como Vox”, nos decía hace bien poco el argentino Joaco Fox, mitad de Mueveloreina, precisamente uno de los proyectos radicados en Valencia que más bandera han hecho de esa hibridez de estilos urbanos que reserva su pertinente cuota al trap. Se refería, obviamente (entenderlo con literalidad política sería no entender nada), a que es aquello de lo que todo el mundo habla, pero casi nadie sabe definir ni delimitar con rotundidad. Por mucho que la presencia del género sea más que palpable ya en festivales como el FIB, BBK Live, Sónar o Primavera Sound. Algo que era difícil de imaginar hace solo unos años.

El caso es que Valencia, sin ser – ni mucho menos – una ciudad ni una Comunidad – en sentido más amplio – huérfana de trap, sí que carece aún de esas figuras de renombre que desde Madrid (C. Tangana, La Zowi), Barcelona (Yung Beef, Bad Gyal, Cecilio G), Sevilla (Pedro LaDroga), Granada (Dellafuente) o Canarias (Bejo) están dando una enorme visibilidad al género. De hecho, valencianos como Goa – uno de los más recientes colaboradores de Yung Beef, en la órbita de su sello, La Vendición, y a quien ya se le considera el Lil Peep español – afirmaba hace poco haberse mudado a Madrid por no querer “morirse de hambre” si seguía haciendo lo que le gustaba: dedicarse a esto del trap. No le veía salida a lo suyo en Valencia. Lo confesaba abiertamente. Así que se fue con su compinche, el también valenciano Pochi Sempere (con quien forma el colectivo Fvck Vibez), directamente con la música a otra parte.

14560077_700750743409077_7528446771753870864_o Fvck Vibez.

Ni siquiera la mezcla con elementos autóctonos, como puede suponer en el sur el flamenco respecto al trap, ha llegado a prosperar aquí, por mucho que las dolçaines atronaran en “Rebesnéts del Tio Canya” (2017), de la almusafense Tesa: lo suyo era hip hop pata negra. Al menos hasta ahora. Hay algo de trap, por supuesto, en lo que hacen Mueveloreina. También en lo que hacen Jazzwoman y la troupe a la que pertenece, Periferia Norte. O en Beauty Brain, el tándem de música electrónica también afincado en Valencia, que coqueteó con el género en un hit underground como“Te coloniso”. Pero si queremos dar con auténticas estrellas en ciernes (o no tan en ciernes) del universo inequívocamente trap, sin ambages, tenemos que irnos hasta Alicante con Kidd Keo, quien cuenta sus temas – como el reciente “Pitbull” – por millones de reproducciones y surge precisamente de la misma ciudad que Nach o Arkano, indiscutibles figuras estatales del hip hop. Desde la cercana Elche, y con una perspectiva bastante más intrincada, generalmente instrumental, reclama atención a voces la propuesta de RedBarBass, el proyecto del experimentado – aunque no sobrepasa los 25 años – Agustín Gil: por algo su última remesa de composiciones se llama “Nø Cønventiønvl Trvp”. Viene del mundo del hip hop, claro. Échenle una escucha a su bandcamp, si tienen tiempo, porque vale mucho la pena.

También podemos quedarnos en Valencia capital, ojo, que no es que sea precisamente un páramo: es donde la jovencísima Albany lleva tiempo postulándose como uno de los grandes nombres emergentes del trap hispano. Nacida en Girona, criada en Granada y residente en el cap i casal desde hace hace un par de años, Alba acaba de editar una colaboración con Yung Beef (“Articuno”) y por lo general practica un trap tristón, pesaroso y con ciertas dosis de finura, que se mira en los referentes estatales y se jacta orgullosamente de carecer de cualquier cordón umbilical con el hip hop.

Por debajo de ella en cuanto a popularidad, pero en una clave estilísticamente similar, figuran los trabajos del colectivo Ethos Fam, del que sobresalen J. Dean (Javi García Roig), Nacho de la Rosa o Zeus. Y desde la defensa del estilo en valenciano, figuran los nombres de Vdelvecchio o White Nigazz, desde una perspectiva – desde luego – menos intimista y más cercana al realismo sucio. Todos desde Valencia. También el alicantino (de Benissa) Krou, que lo funde con el punk rock, y que ahora tiene pinta de zambullirse más de lleno en él con su nuevo proyecto, Purple Clouds. E incluso también podríamos incluir en ese apartado la última canción de las raperas Pupil·les, que coquetean con el trap en “Llàgrimes negres”, una contundente denuncia de los abusos machistas.

1505764494_364248_1505764896_sumario_normal Albany.

Y es que puede parecer extraño, pero es en la colisión entre trap y raíz hip hop (esa que tantos niegan a veces, como si necesitaran tomar distancia negando al padre, algo por otra parte lógico) en donde podrían avistarse frutos de conciencia social o política – de diversa valía – que aparentemente tienen poco que ver con el flow somnoliento y los textos materialistas y procaces de los cachorros del género, víctimas de la bulimia de estímulos audiovisuales que todos padecemos y de una sociedad que no parece reservarles un lugar precisamente privilegiado. Al final, la pervivencia más saludable se suele avistar en la polinización de estilos. Como en casi todo.

Dentro de una escena que ha visto como el número de mujeres aumentaba exponencialmente en los últimos dos o tres años, la del trap valenciano va conformando una pléyade de músicos que también está asistiendo, poco a poco, al creciente protagonismo de las mujeres. Elisa Borredà, la joven de Benigànim (Vall d’Albaida) que llamó poderosamente la atención de los medios hace un par de años con su primera edición, un perdigonazo de trap en valenciano llamado “Trap Brut” a nombre de La Tia Figa, lleva tiempo postulándose como una de nuestras franquicias del género, mirándose en el espejo de Ms Nina, La Zowi y otras féminas que sacan cabeza entre los llamados géneros urbanos. Su trayecto hasta ahora es algo intermitente, pero esperanzador. De hecho, su última colaboración – con Fran Yera, de los raperos Atupa – brinda el momento de mayor infección trap en el álbum de debut en solitario del integrante de la crew hip hop de Moncada.

Dada la porosidad del género, su propensión a cruzarse con otros nutrientes y su complicada rastreabilidad, que obliga a investigar a través de youtube, foros, grupos de facebook, perfiles de instagram y demás redes sociales, ante la indiferencia generalizada de la mayor parte de medios tradicionales, elaborar una radiografía del estado actual del trap valenciano y – sobre todo – aventurar cómo puede crecer y evolucionar en las próximas temporadas es una travesía con puerto incierto y complicado repostaje. Digamos que está lejos aún de siluetear algo siquiera parecido a un star system autóctono, como ocurre también con gran parte de la escena hip hop local, con la que comparte métodos autogestionarios. Así que quién sabe si Karmin Ofhana (desde el Grao de Castellón) o BTMVN (desde Pego, en La Marina Alta), ambos – entre muchos otros – acumulando canciones y vídeos a través de youtube, pueden ser los próximos protagonistas de una maraña de nombres que seguramente aún tenga mucho que decir.

937D0A9B-58CC-4B0A-BD72-BAFFF03BBF6F Kidd Keo.

 

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