Intensidad, entrega e incertidumbres para abordar el presente

por | 20 abril 2026 | Conciertos

Deadletter fueron una de las grandes sorpresas del Deleste festival de 2025. Su concierto en la jornada del sábado lleno de energía, intensidad y momentos de arrebato consiguió llamar la atención pese a lo temprano de su comparecencia. Nunca resulta fácil en ese tipo de encuentros con un público que generalmente acude por los cabezas de cartel. El pasado 16 de abril volvieron a Valencia dispuestos a consolidar posiciones. Creemos que lo consiguieron.

Llegaron con un segundo álbum en año y medio Existence Is Bliss ( 2026) como nuevo argumento y El 16 Toneladas casi se llenó para la ocasión. Durante la hora y cuarto de actuación hubo refriegas, contorsiones, balanceos y hasta conatos de pogo. No parecía miércoles. Escuchamos hablar mucho inglés entre la concurrencia; erasmus y expats tienen una alegría en el beber que siempre desconcierta. Ver grupos y artistas en su etapa de crecimiento, cuando el cinismo y la realidad de las cosas aún no han aguado las expectativas, siempre es un valor a tener en cuenta.

El combo con base en el sur de Londres es parte de esa hornada de bandas post brexit que recuperaron las guitarras, los ritmos angulosos, el gesto agrio y los músculos tensos. Adolescentes abollados por las redes sociales, abonados a la desesperanza, magullados por la sucesión de crisis económicas y desencantados con unos gobiernos que bajaron impuestos a los ricos mientras el Estado de Bienestar se agrietaba como el amor de Ian Curtis. La pandemia y el confinamiento no ayudaron y resultó que eran formaciones con muchas cosas que decir. El lugares como el Windmill de Brixton encontraron cobijo. Los poderosos medios de comunicación de las islas se apuntaron al fenómeno con entusiasmo. Ha pasado el tiempo y podríamos estar ya en otras cosas. Su segundo disco parece intuir el cambio de ciclo.

Compareció el sexteto con una intro que parecía de Sergio Leone y en seguida entraron en materia. Tienen un frontman, Zack Lawrence, de voz grave y complexión atlética, que desplegó en todo momento una gestualidad física admirable. Su entrega y entusiasmo fueron por momentos pirotécnicos. No habían pasado diez minutos y ya cantaba desde el público. Qué derroche. El otro elemento distintivo de la formación, el saxo de Poppy Richler, también estuvo muy presente. Si en sus primeros tiempos su contribuciones servían para tensar las músicas y reforzar los ritmos, en la nueva coyuntura parece haber optado por las texturas cinemáticas, las atmósferas más oscuras y los aromas crepusculares. Entre el Spaghetti y el Noir, su presencia resulta tan inquietante como los tiempos que vivimos.

El concierto estuvo muy bien, la banda sonó eficiente. Las dos guitarras, el bajo y la batería supieron asumir su papel sin invadir territorios, cada uno a lo suyo y espacio para todos. Fue un set que se movió entre la espera tensa de los momentos más reflexivos y las sacudidas en temas como More Heat!, que apareció pronto, o Fit For Work, que provocó el delirio de las primeras filas. Esa tensión entre cortes afilados llenos de ritmo y vigor a lo Franz Ferdinand o Yard Act y piezas de tempo pausado más sofisticadas y oscuras es una de las cuestiones importantes que tendrán que dilucidar en el futuro.

Qué difícil es crecer, lidiar con el presente y sonar relevantes y contemporáneos. Qué complicado es dar, en medio de la entropía reinante, con las preguntas adecuadas y las respuestas más convenientes. Qué estimulante sigue siendo disfrutar con las bandas cuando todo es nuevo y tienen tantas cosas que decir. Estaremos atentos.

PD: Poco antes de enviar la crónica leímos en redes sociales que a los británicos les habían robado en Barcelona y ya no podían seguir con la gira. Ojalá no sea verdad. Acaso los ladrones no saben que los instrumentos son tan sagrados como el pan, el vino, las esperanzas y los sueños.

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