Irregulares, imperfectos y fascinantes: Dry Cleaning en Valencia

por | 28 octubre 2025 | Conciertos

La banda de Florence Shaw recaló en Valencia el pasado viernes 24 de octubre con todas las entradas vendidas y el aire nuevo de las propuestas contemporáneas. Los del sur de Londres estuvieron a la altura de las expectativas pero con alguna controversia. Buena parte del público terminó feliz, pero no faltaron los disidentes que lamentaron el sonido romo y apagado de las guitarras, la contundencia excesiva del bajo y la batería e incluso lo incómodo de algunos usos de las luces del escenario. Conocemos hasta quien se marchó a la tercera canción dispuesto a no tolerar según qué cosas.

El desgarro del Brexit, el impacto de las redes sociales, la xenofobia y el nacionalismo crecientes, la sensación de un país a la deriva tras años de políticas neoliberales, la desconfianza de la opción laborista. Del No Future a la cancelación del futuro. Un capitalismo en fase acelerada, el auge de las músicas digitales, el autotune y el sorpasso generacional llegaron a cuestionar la validez de las guitarras para dialogar con el presente. Afortunadamente, en la última década, desde lugares como el Windmill de Brixton o desde polos regionales se fue configurando una escena de grupos de guitarra con personalidad propia y rasgos comunes con cierta querencia por las texturas del Post Punk, la rítmica de la No Wave, la desazón frente a estos tiempos inciertos y la necesidad de los relatos propia del Spoken Word. Black Midi, Black Country New Road, Squid, Yard Act, Sleaford Mods, Shame, Maruja, Fat White Family, los propios Dry Cleaning y en ocasiones hasta Fontaines DC. La lista no ha parado de crecer.

A veces, lejos de los centros de poder mediático, surge la oportunidad de disfrutar en directo de propuestas que recogen los humores y las tensiones escondidas en la espuma de los días. Esa capacidad para filtrar la realidad les otorga un extra de capital cultural. Con dos discos notables y un tercero que pronto llegará a las tiendas fue una suerte tener a Dry Cleaning en una sala como Loco Club y no en la inmensidad del festival. Arrancaron con un sonido apagado y con pocos matices. Tardaron varias canciones en dar con el volumen adecuado pero las guitarras siguieron percibiéndose lejanísimas. La voz en primer plano, más Kim Gordon que Mark E. Smith, producía una atracción magnética que concentró en la vocalista casi todo el protagonismo. Hierática y sin perder el control, medio ensimismada o marcando el ritmo con una baqueta, consciente de su atractivo y su capacidad de convicción desplegó desde el primer minuto un liderazgo carismático que ensombreció las labores de sus cuatro acompañantes. Quizás el bajo, muy presente en todo momento y una batería precisa aguantaron el tipo. Un setlist de una hora con los temas más celebrados bien distribuidos a lo largo del mismo definieron un concierto con momentos fascinantes. Se nos hizo muy corto.

A pesar de ciertas discrepancias, algunas explicitadas en redes sociales, los aplausos fueron mayoritarios. Si volvieran la semana que viene casi todos repetiremos. Eso ya no será posible, están llamados a tocar en espacios mucho más grandes. Es el precio de la fama. Con respecto al sonido exhibido. ¿Fue una decisión de la banda, fue iniciativa de los responsables de la mesa o fue consecuencia de sus torpezas rebajar el protagonismo de las guitarras? Se abre el debate. La otra noche Dry Cleaning demostraron que no hace falta la perfección para erizarte la piel.

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