Kings Of Convenience, la melodía que vino del frío

por | 1 diciembre 2015 | Cultura pop

Es curioso el parecido que Erlend Øye mantiene con Art Garfunkel, ambos delgados, de semblante melancólico y pelo rizado alborotado. La comparación entre ambos grupos, aunque facilona, no deja de ser epidérmica. El dúo noruego formado por Øye y Erik Glambek Bøe ha demostrado que sus fuentes son de lo más variadas, si no que se lo pregunte a Øye, facturador sempiterno de temas de distinto calado y octanaje.

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El embrionario Quiet is the New Loud (Astralwerks, 2001), su primera referencia discográfica, es un buen testigo de esas atmósferas vaporosas que se convertirían en marca de la casa. Una fórmula hecha a base de arpegios acústicos, percusión ligera, pianos delicados, secciones de viento o sutiles cuerdas aquí y allá, que mezcladas, pero no agitadas, daban como resultado un disco amable que se podía escuchar en bucle, mientras uno miraba por la ventana como el otoño daba paso al invierno. El resultado, efectivamente deudor de folk-pop de Simon & Garfunkel, sumaba además guiños directos al “Pink Moon” de Nick Drake, incluso toques jazz al estilo del “Moondance” de Van Morrison.

Si el primer álbum era prometedor, el salto a las ligas mayores llegó de la mano de Riot on an Empty Street (Astralwerks, 2004) una producción mayúscula que atrapa y maravilla desde el primer corte, “Homesick”, una canción que ya forma parte del imaginario colectivo del mejor pop contemporáneo. En esta ocasión se atreven con temas cercanos a la bossanova como son “Know How” y “Live Long”. A estas alturas la confianza adquirida se plasma en sus canciones, todas ellas sostenidas por un esqueleto de guitarras acústicas y voces suaves que se mezclan hasta parecer una, pero al mismo tiempo la colisión de distintas vertientes es palpable en la riqueza sonora que atesora el disco. Incluso encontramos piezas más pizpiretas y coloridas como “I’d Rather Dance with You” o “Love is No Big Truth” que hacen del conjunto un disco más esperanzador que apesadumbrado.

Al año siguiente, 2005, los tuvimos aquí al lado presentando las canciones de su nuevo y flamante disco, nada menos que ofreciendo una de las actuaciones más memorables que el Festival Internacional de Benicàssim recuerda. Hicieron el silencio en un caluroso atardecer de agosto, un silencio sepulcral que solo era roto por los aplausos y los jaleos atronadores con los que los allí presentes respondíamos, todo esto ante una atónita mirada y alguna que otra risilla nerviosa que el dúo mostraba ante tamaño recibimiento.

Las últimas noticias que tenemos de los Kings es el postrero Declaration of Dependence (EMI, 2009) un disco donde desnudan, aún más si cabe, sus canciones. Dos guitarras, dos voces, algún chelo ocasional y alguna tecla solitaria. Al parecer Øye busca el “menos es más” en una vía de experimentación opuesta a los caminos que transita en sus encarnaciones hedonistas de DJ y con “The Whitest Boy Alive”, electro-pop discotequero y rompesuelas. Un Øye que es un rey Midas de la música contemporánea y que abarca todo lo que puede y más. Nosotros, mientras nos acerque esporádicamente a Kings Of Convenience, responderemos agradecidos.

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