La noche en que Case Oats nos hicieron olvidar que era lunes

por | 9 junio 2026 | Conciertos

Fotos: Víctor López

La interesante ‘Bottom of an Afternoon’, la deliciosa ‘Seventeen’, la sedosa ‘Bitter Root Lake’, la eficaz ‘Nora’, hit incontestable a poco que se se viralice en Tiktok. Case Oats, pese a su corto recorrido, tienen argumentos suficientes para ser tenidos en cuenta por lo que pueda pasar. El cuarteto de Chicago compareció la noche del lunes 8 de junio en la sala 16 Toneladas para dar un concierto que podría ser una de esas citas que se recuerden en el futuro. No éramos muchos, apenas medio centenar, pero terminamos embelesados.

El folk y la música de raíz norteamericana han demostrado en el último medio siglo una plasticidad y una capacidad de mutar y transformarse que parece no conocer límites. Ha sido su manera de resultar contemporánea. La propuesta de los norteamericanos combina los aromas campestres y la tradición de espacios abiertos con el indie intimista y de detalles. La receta funciona y los elementos se engarzan de forma orgánica y convincente. Es una fórmula de resultados probados que ha dado interesantes discos en manos de artistas talentosas como la catalana Joana Serrat, nombres referenciales como Mojave 3 o propuestas instaladas en el estrellato como Big Thief. En su ciudad natal saben mucho de estas aleaciones.

La formación de los Grandes Lagos tiene en su líder, Casey Gomez Walker, una de esas intérpretes con una voz tan expresiva y bella que se basta y se sobra para otorgar personalidad al conjunto. Había cierto morbo en ver en la batería a Spencer Tweedy, hijo del mismísimo Jeff Tweedy. Nos pareció un chico tímido y bien parecido. Estuvo muy ocupado con los ritmos de la batería y las segundas voces. En un momento dado abandonó esa posición semiescondida para situarse en primera línea y tocar la guitarra. Los móviles se agitaron nerviosos sin ningún rubor. Esta sociedad de likes, celebrities, impostura y postureo tiene sus servidumbres.

 

Una vez superado el juego de los parecidos razonables, nos dejamos llevar por una formación que se empleó a fondo para que todo saliera bien. Sus sonrisas disimuladas y su lenguaje corporal nos advirtieron que estaban cómodos en el escenario. La sencillez de su cantante nos atrapó, exhibió una forma de establecer lazos de complicidad con el público muy eficaz. Lo puso de manifiesto cuando, en un momento dado, olvidó la letra de una canción. Era como si todos nos hubiéramos caído bien de repente. Esa naturalidad en las relaciones sociales se tiene o no se tiene. Es un don.

En directo sus piezas de indie folk confesional se estructuran en torno a dos guitarras, bajo, batería, coros y una voz principal. En la segunda parte Casey se permitió abandonar la guitarra para cantar con más comodidad. Sonaron muy bien, son músicos que atienden a los matices, a las segunda voces, a la intensidad de los rasgados, a la contundencia de los ritmos, a los punteos, a las descargas de electricidad, a los espacios, a las subidas de tono y a los cambios de tempo. Transitaron desde el retraimiento inicial a la comodidad y el disfrute. Todos lo pasamos bien y cuando parecía finalizado, el cuarteto regresó al escenario con un regalo, una enérgica versión de ‘Everybody Knows This Is Nowhere’ de Neil Young & Crazy Horse.

La hora larga del set se nos escapó en un suspiro, hasta se nos olvidó que era lunes. No hay duda de que el futuro les podría ser muy benévolo, tienen las canciones, las destrezas, la imagen y la actitud. Si no lo consiguen tampoco pasa nada, su álbum de debut ‘Last Missouri Exit’ (2025), editado en Merge Records, está lleno de piezas notables. A poco que sople el viento en la dirección adecuada nos los volveremos a encontrar.

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