La vida sigue matando 30 años después

por | 4 mayo 2020 | Reportajes

A finales de la década de los 80 el rock español vivió una época confusa. Los grupos de la Movida entraron en decadencia mientras seguían cobrando cifras astronómicas de las administraciones públicas, y, por otra parte, aún no existía la suficiente estructura económica y cultural para permitir a la generación indie coger el testigo, su base eran pequeñas discográficas y fanzines. En medio de ese desierto crecieron algunas propuestas que bascularon entre el éxito comercial (Los Ronados) o la indiferencia reconvertida, a la larga, en fenómeno de culto (Surfin’ Bichos). De entre todos esos grupos, fueron Los Enemigos quienes supieron conjugar con brillantez rock descarnado, un sentido del humor poético y melodías luminosas. Su tercer disco, La vida mata (Gasa, 1990), es una de las obras fundamentales de la música española, y, aprovechando que cumple 30 años, hemos hablado sobre su legado con su autor Josele Santiago, así como con otro pionero de aquella música entre décadas, Josema Gómez (Los Hermanos Dalton) y con Jose de Rueda, responsable de 16 Toneladas Rock Club, uno de los mayores conocedores del grupo de Malasaña en la ciudad de València. 

La vida mata es el disco que acabó posicionando al grupo en un lugar importante dentro del rock español, definiendo, a su vez, el discurso y posterior trayectoria musical de Los Enemigos: “Sin duda es el punto de partida de lo que luego fue la banda, en los dos primeros discos estábamos buscando eso que se llama una voz propia. Pero en La vida mata ya están Chema “Animal” Pérez y Fino Oyonarte, y la cosa comienza a moverse más seriamente. Este disco es la piedra angular de todo lo que vendría después.” (Josele Santiago).

Estamos hablando de un elepé capaz de fascinar a todo aquel que se adentre en el mundo de Los Enemigos: “Recuerdo que el disco me enganchó desde la primera escucha por su buena producción y por los grandes temas que había. Me encantaba como sonaba la voz de Josele y, de hecho, fue la primera vez que presté atención a las letras en un disco de rock & roll de forma obsesiva. En realidad llevo desde que era un chaval escuchando a Los Enemigos, y, aunque sigo oyendo un montón de cosas distintas, cada cierto tiempo necesito recuperar algún disco de ellos y oírlo unos días, porque su música forma parte de mí.” (Jose de Rueda).

Otro que cayó rendido a los encantos del álbum fue Josema Gómez: “Recuerdo haber escuchado “Septiembre” por primera vez en un bar de mi pueblo donde solían poner otros grupos nacionales de la época. Y me di cuenta rápidamente de que no se parecía nada a lo que estábamos acostumbrados a escuchar allí. En ese momento ya sabía que iban a ser mi grupo español favorito. Precisamente cuando estábamos empezando en esto de la música Los Hermanos Dalton les taloneamos en Olvera, un pueblo de la provincia de Cádiz, y justo en la gira de ese disco”.

“Septiembre” es posiblemente uno de los grandes himnos de Los Enemigos, aunque su origen se encuentra en una noticia de sucesos: “Un chaval se suicidó, se colgó de un carballo que es un árbol típico de Galicia, incluso dejó la nota del pan y la leche al que hago referencia en la letra. La vida mata es un disco que refleja mi obsesión, por aquel entonces, con la muerte, porque en ese momento el sida estaba causando estragos y lamentablemente muchos amigos estaban muriendo. Ante la perplejidad y la rabia que sentía me puse a escribir canciones.” (Josele Santiago). Otro tema que también expresó los sentimientos del cantante en aquella época fue “Desde el jergón”: “La irrupción de la heroína en los años 80 fue muy dura, y tenía muchas amistades que habían caído presos. Precisamente esta canción salió al volver de visitar a un amigo en la cárcel de Alcalá, y la furia contenida por todo esto fue canalizada con mis compañeros en el estudio, dando como resultado un disco muy potente y luminoso. Generalmente temas como la cárcel o las drogas se asocian a músicas más fúnebres y repetitivas. Pero nosotros tiramos hacia la luz, buscándola desesperadamente”.

Ese contraste entre letras oscuras y melodías luminosas es algo que impactó a muchos: “Esas canciones me producían una sensación rara que lo hacía muy interesante. Por una parte la música era muy guitarrera y casi feliz, lo que hacía un gran contraste con aquello que las letras nos estaban diciendo. Es como tomarte a cachondeo un suicidio o estar recluido en una celda. Eso me llamó mucho la atención y hacía que fueran composiciones diferentes al resto”. Ese contrapunto permitía celebrar la festiva musicalidad de Los Enemigos a pesar de que estuvieran narrando un drama íntimo: “A la gente le encantaban esas historias de perdedor romántico, aunque recuerdo sentirme en una ocasión un poco culpable de cantar “Septiembre” a gritos junto a mis colegas de fiesta, cuando realmente era una historia tan triste”. (Jose de Rueda).

Los_Enemigos-La_Vida_Mata-Frontal Foto: Paco Rubio.

Sin embargo, en La vida mata hay muchas más canciones a reivindicar: “Un tema como “Traspiés” podría ser el tercer hit del disco, pero los cambios de intensidad al final de la canción la hacen menos accesible, aunque para mí ese final es lo que le pone la guinda a la composición. En el disco también sobresale “Paquito”, en la que le pusieron música a una letra de Javier Corcobado, ahí consiguen una bonita melodía para una historia oscura siguiendo la tónica del disco; y tampoco me puedo olvidar de “Miedo” que tiene una letra cojonuda, además, musicalmente, me recuerda al estilo de Los Bichos, un grupo que había sacado entonces su primer disco y que me gustaba mucho”. (Jose de Rueda). Por otra parte, Josema Gómez destaca “Firmarás”: “Es una canción casi pop, pero otra vez hablando de algo que nunca habíamos escuchado en una canción pop, y con un ritmo que te mantiene arriba durante toda la canción. También tengo muy buenos recuerdos escuchando “El Fraile y yo” en todos los saraos que montábamos, el estribillo era muy cantable con una cerveza en las manos”.

Otro de los aspectos más reseñables en el álbum es la voz de Josele Santiago, repleta de rasgos personales que aportaban una mayor profundidad a las historias que relataba: “En un principio tenía la esperanza de que entrara otro a cantar; porque lo que quería era tocar la guitarra, hacer como Pete Townshend o Keith Richards o Lapido que en 091 las canciones las interpretaba José Antonio García. Pero no encontramos a nadie para ese puesto, y asumí la responsabilidad de ponerme delante del micro. Afortunadamente para La vida mata me ayudó el productor, Carlos Martos, que era un perro viejo, mientras yo estaba dando mis primeros pasos como cantante. Él me enseñó muchísimo en aquella grabación”. (Josele Santiago).

Por otra parte la portada del álbum sigue siendo una de las soluciones visuales con mayor carga metafórica del rock español de los 90: “Tenía muy claro el concepto para la portada, incluso los colores; así que llamé a Paco Rubio, el fotógrafo con el que habíamos trabajado en “Un tío cabal”, y nos fuimos al Parque del Oeste. Allí compramos los helados, para después tirarlos al suelo echando un cubo de agua. Eso nos dio como resultado una imagen muy simbólica y potente, que, si no recuerdo mal, incluso se me ocurrió paseando por la calle: vi dos helados tirados, y pensé que ahí podía haber una muy buena portada” (Josele Santiago).

Los Enemigos siempre se han caracterizado por poseer una fuerte personalidad capaz de crear algo nuevo y apasionante a partir de varias influencias: “Lo más grande que tienen Los Enemigos es su autenticidad. Son tipos que han escuchado mucha música, conocen bien el idioma del rock & roll y han picado de un montón de estilos sin repetir clichés. En La vida mata encuentro infinidad de influencias musicales de los 70, desde rock sureño a glam rock, pero no se dedican a imitar, en realidad esas influencias las intuyes en un solo de guitarra, en algún riff o en la forma de cantar”. (Jose de Rueda).

Sin embargo, siendo un disco tan importante para el rock español, sorprende que prácticamente nadie haya sido capaz de heredar la energía poética de Los Enemigos: “Siendo un grupo tan grande, que lo mismo te vale para un festival indie, como para uno de blues, bajo mi punto de vista no han tenido tantos alumnos en los nuevos grupos que han ido saliendo desde que sacaron La vida mata. A lo mejor eso los hace únicos e inimitables.” (Josema Gómez). Respecto a este tema Josele lo tiene claro: “Hay mucha gente haciendo muy buena música pero no creo que hayamos creado escuela, como mucho en espíritu o algo así. Si he de serte sincero no veo una gran influencia en las bandas que han venido después y tampoco me importa.  La vida mata siempre estará ahí, y el que quiera disfrutarlo que lo disfrute y el que quiera coger algo de ahí que lo coja, para eso está”.

Los Enemigos visitaron València el 10 y 11 de mayo de 2019 y dieron dos conciertos en los cuales sonaron clásicos como “El gran calambre final” o “Yo, el rey”: “En la época de La vida mata sus conciertos eran mucho más salvajes, pero en la actualidad es una banda en directo muchísimo mejor. Cuando tocaron en el 16 Toneladas fue increíble la conexión que hubo entre público y banda desde el primer acorde”. (Jose de Rueda). Esa especie de magia que siempre ha flotado alrededor del grupo pudo tener su génesis en la creación de su mejor disco: “Si ahora fuera a un estudio de grabación y viera a tres chavales en el estudio pasándoselo tan bien como nosotros cuando grabamos ese disco no les diría absolutamente nada para no cortarles el rollo. Porque eso hay que disfrutarlo y no comerse mucho la cabeza, además acaba reflejándose en el álbum. La energía que tuvimos entre Chema, Fino y yo cuando grabamos La vida mata fue la hostia, y, a pesar de que en muchas de las canciones se relatan hechos muy amargos, el resultado es brillante, pura energía vigorizante. Fue una catarsis importante y muy efectiva para mí”. (Josele Santiago).

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