Algún día el mundo volverá a reconocer la importancia de las melodías; esas líneas de sonidos tan evocadoras siempre serán parte de la solución. De algunos usos de la IA, de la nostalgia del autoritarismo, del racismo creciente, de las desigualdades desaforadas y de las mentiras como armas de destrucción masiva no se podrá decir lo mismo. La semana pasada, con las actuaciones de The Reflectors el jueves 17 de octubre y Dropkick tres días después, el Loco Club se volvió a reivindicar como uno de los referentes del power pop global. Los que buscamos oro en las canciones de tres minutos pedimos el premio Planeta o el Mercury Prize para sus responsables. Cruel To Be Kind, Magia En Tus Ojos, Metal Baby. Thirteen. Un estribillo certero bastará para sanarnos.
‘Going Out Of Fashion’ (2024) es el álbum que The Reflectors venían a presentar. El difícil tercer disco lo resolvieron los angelinos tensando el discurso e inyectándole vitalidad. Catorce composiciones nerviosas y aceleradas de apenas tres minutos sin levantar el pie del acelerador. El concierto debía ser un reflejo de esa urgencia. A la media hora se marcharon a los camerinos como si todo estuviera ya dicho. Fue pura pose, nadie les creyó. Al poco estaban de vuelta con la segunda parte del set. Alguien en el público que los había visto en el Fantastic Carnival Drácula nos había advertido que en Benidorm sonaron más Punk que Power Pop. No nos lo pareció.

Mientras el cuarteto desgranaba sus pildorazos vitaminados se nos hizo inevitable acordarnos de bandas como los Beat de Paul Collins, Kurt Baker Combo, The Whiffs, The Undertones o incluso de los Nacha Pop de los primeros ochenta. Nunca vimos en directo a los creadores de maravillas como Atrás o Alta Tensión y de repente nos envolvió su espectro como una caricia sincera. Los norteamericanos demostraron oficio pero nos parecieron con el entusiasmo algo impostado. Hay visitas a Valencia que se pueden hacer muy largas. Hasta en cuatro ocasiones proclamaron el privilegio inmenso de tocar para nosotros. No había pasado una hora y ya se habían marchado. Tantas ganas de tocar no tendrían. Nos quedamos raros.
Si la respuesta del personal fue notable la noche del jueves a Dropkick les tocó bregar con muy poco público. El Barça en televisión, el peso insalvable del domingo, la densidad de la oferta de estos meses, los caprichos del destino. Como buenos artesanos que aman lo que se traen entre manos, cuando llegó el momento se pusieron manos a la obra. Los escoceses sonaron compenetrados, cuidadosos en los detalles y muy solventes. Los juegos de voces certeros, el bajo versátil, la batería correcta y la guitarra, con todos sus pedales y efectos, capaz de ofrecer la consistencia, las texturas y los matices que exigen esas composiciones. Contra lo que se podía esperar el trío dio uno de los mejores conciertos que les recordamos.

Traían recién publicado su último trabajo ‘Primary Colours’ (2025) y sobre él volvieron en varias ocasiones. Sin embargo, no descuidaron sus piezas más celebradas y hasta recuperaron algún tema de sus inicios. Fue un acierto. Tardamos un poco en conectar pero terminamos muy involucrados. La magia de las cervezas y las melodías con sabor al norte de la isla nos hicieron olvidar las miserias que nos esperaban al día siguiente. Movimos la cabeza y asentimos al reconocer algún estribillo. En esas armonías vocales y en esos dibujos de guitarra nos podríamos quedar a vivir una temporada. Casi al final de la actuación se atrevieron con una de The Replacements. Miguel Miravet, que sabe mucho del asunto, nos aseguró que esa versión era toda una rareza. Esas sorpresas nos encantan.
Fue hasta tierno ver el jueves como se reconocían y se saludaban muchos de los habituales de estas citas. No seremos tan cuidadosos con nuestra indumentaria como los amantes del soul o los modernos del nuevo post punk, pero pocas comunidades exhiben un sentimiento tan fraternal en tiempos de exaltación de la competitividad y de egoísmos infinitos. También fue muy loable la actitud de Dropkick en el escenario, su ética del trabajo fue todo un ejemplo frente a la desidia de muchos responsables públicos. Con lo raras que se están poniendo las cosas nos parece que hay aquí lecciones que nos podrían venir muy bien en el futuro. Vivan los Jam, Stiff Records, The Ramones, The Birds, Teenage Fanclub, Big Star y la Democracia.










