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Las redes sociales como escaparate para los jóvenes creadores valencianos

por | 15 junio 2021 | Reportajes

La bailarina valenciana Victoria Iborra.

Las redes sociales son un escaparate donde los influencers actúan como maniquíes, los cuales llevan puesto un estilo de vida que compran sus seguidores. Así, los usuarios adquieren, por el mismo precio, la concepción del poco esfuerzo y del escaso conocimiento que se asocia a estos perfiles. Sin embargo, también existen youtubers o tiktokers que ponen rostro a la ciencia, el arte o las letras. En ellos reside el verdadero valor, así como también en las personas que esconden, tras sus carreras profesionales, mucho tiempo y dedicación. Entre las tarimas de los escenarios de los teatros y las de los suelos de las casas, cabe mucho talento, el cual se apoya en la columna del trabajo, tanto en una carrera convencional de una bailarina como en las profesiones surgidas del mundo digital. La distancia que se crea entre el binomio tradición-modernidad, debido a las diferencias en los procedimientos, rutinas y herramientas, se acorta gracias a la constancia que requieren los dos mundos.

Las luces se encienden y la tensión baja a medida que los pies se acercan al escenario. “Es una sensación increíble porque te eleva los niveles de concentración, a los que no llegas en un ensayo”, asegura Victoria Iborra, una bailarina valenciana de 24 años. Hace 20 que camina de puntillas por la vida, ya que, a los 4 años, su madre la apuntó a clases de ballet. Esta sería la primera pieza en la colección que conforma la carrera de Iborra en el baile, que se iría completando, dos años más tarde, con la danza española y la urbana.

La casa de la valenciana se encuentra en Ontinyent; su hogar, en el mundo del baile. Sus primeros pasos artísticos los dio en las aulas de Masters Ballet, la escuela que le enseñó a andar en la danza clásica, la urbana y la española hasta los 17 años. La historia que empezó con una madre apuntando a su hija a clases de ballet acabó con la joven obteniendo el grado profesional de Danza Clásica en el Centre Professional de Dansa Valencià. Pero aquí, no se cierra el telón de la bailarina.

Tras pisar los escenarios de la capital, decidió adentrarse en el mundo del contemporáneo. La valenciana fijó su mirada en este y los pies, en la escuela Esther Mortes. Durante ese período, se presentó a una audición de la Jove Companyia Gerard Collins, una plataforma para formar a jóvenes de entre 16 y 24 años, con el objetivo de ayudarles a dar el salto desde la enseñanza hacia la profesión. Mamen García, directora de la Jove Companyia Gerard Collins, explica que intentan que los jóvenes tengan una entrada digna a la profesión y que salgan preparados. En el caso de Iborra, su éxito en las pruebas se transformó en la llave que le abrió las puertas a la profesionalización.

La valenciana se estuvo formando tres años de manera intensiva en la Jove Companyia. Durante el segundo curso, descubrió otro rincón de este universo: la acrodanza. La bailarina se quedó tres años en el centro Roseta Plasencia, donde aprendió acrobacias introducidas desde la danza. El resultado de la suma de estas dos vertientes fue la capacidad de transformar su contemporáneo en uno más físico, más acrobático. La curiosidad, en el caso de Iborra, no ha matado al gato, sino que lo ha hecho más fuerte, a partir de asistir a clases de Flying Low, una técnica de danza contemporánea basada en volar por el suelo con un estilo animal, define la joven.

La bailarina echa la vista atrás y vuelve al momento en el que se sacó el grado de Danza Clásica, una época en la que tenía clase todos los días dos horas, excepto los viernes, que eran cinco, y los sábados, que se alargaban hasta las cuatro horas. La joven matiza que, cuando se acercaba algún concurso o audición, ensayaban tres horas más de las habituales. “La danza clásica, en especial, es complicada porque, si dejas de practicar la técnica una semana, todo lo que has ganado en flexibilidad, fuerza o potencia lo vas perdiendo poco a poco. Necesita constancia y trabajo físico”, destaca Iborra.

La bailarina señala la diferencia entre los ensayos, en los que la cabeza se mantiene centrada en el trabajo para captar todos los detalles de los movimientos, y las actuaciones en escenarios. “Cuando estás en directo, todo eso no lo piensas, te dejas fluir. Como todo el esfuerzo de los ensayos ya está metido en tu cuerpo y sale solo, no has de focalizarte en la técnica porque ya la tienes interiorizada. Solo queda disfrutarlo porque la tensión que experimentas cuando te estás maquillando y peinando te prepara para salir con toda la fuerza”, expresa.

“Los ensayos son duros, ya que empiezan a las 10:00 horas y acaban a las 19:00, con solo una hora de descanso. En ellos, se interpretan diferentes piezas del repertorio, por lo que tienen que cambiar el chip rápidamente”, explica Mamen García. La preparación es un actor que se queda detrás del telón, junto con el entrenamiento físico y mental. “No es fácil todo lo que comporta una actuación, con la exposición al público que supone, los cambios de vestuario en el mínimo tiempo posible y la responsabilidad de ofrecer lo mejor de ti y de presentar la obra de tu coreógrafo en las condiciones que se merece”, expresa la directora de la Jove Companyia.

Actualmente, Iborra ha transformado su pasión en su profesión, ya que trabaja como profesora en una escuela de Moncada, en la que imparte danza clásica a niñas pequeñas y contemporánea a mayores de entre 8 y 21 años. La joven narra que, cuando empezó, tenía claro que su destino era seguir formándose para convertirse en bailarina, aunque tuviera que hacer una parada antes como profesora. La valenciana llegó allí con la idea de estar un año para ganar dinero y continuar bailando. Ahora, ya lleva cuatro. “No esperaba que me gustara tanto, pero he descubierto que no solo se aprende yendo a clases, sino también dándolas porque empiezas a tener consciencia de los caminos que recorre tu cuerpo. Es una parte de la danza que no pensaba que me enriquecería tanto como bailarina”, explica.

Iborra también se ha creado un hueco en la Junta Directiva de la Jove Companyia Gerard Collins, en la que trabaja como asistente de la directora. Un empleo que consiste en acudir a todos los ensayos, así como en pasarles piezas de otros años a los alumnos o enseñarles nuevas. “He podido ver cómo se contacta con las compañías profesionales para ver cuántas becas ofrecen en los concursos. Además, he aprendido a gestionar las ayudas de l’Institut Valencià de Cultura (IVC). Estoy adquiriendo muchos conocimientos sobre la gestión de la cultura en los organismos públicos”, subraya. Mamen García añade que han recibido subvenciones del IVC y, en ocasiones, del Ayuntamiento de València, pero en cantidades insuficientes. “Cualquier cosa que quieras de las Instituciones Públicas cuesta mucho de conseguir”, enfatiza.

Mamen García.

Otro punto en su currículum, Iborra lo añadió cuando estuvo bailando en la Jove Companyia y se presentó a tres concursos, en los que consiguió becas que se convirtieron en pasaportes directos, tanto para irse a Barcelona como para formar parte de las compañías profesionales Maduixa y Fil d’Arena. En esta última, la han contratado para que se encargue de la creación y el estreno de una nueva pieza.

En el edificio de la danza, la formación es el pilar central. “Me formo a través de cursos y de seguir a personas que admiro y que me gusta cómo trabajan. Incluso los grandes bailarines se forman constantemente porque el cuerpo se tiene que seguir moldeando. La danza coge nuevos caminos y hay que avanzar en el mismo sentido que ella porque el arte no es estático, va evolucionando”, establece Iborra.

“La danza en este país no da de comer, por lo que no se puede vivir solo de ella. Nadie que conozco lo hace. Hay que dedicarse a otras cosas aparte de bailar, como impartir clases en muchos sitios”, denuncia. Iborra lo ha dado todo por el baile y, lejos de vaciarse, se ha llenado tanto a nivel profesional como personal. Ahora, obtiene un beneficio económico de él, pero reconoce que no lo ve como un sinónimo de estabilidad a largo plazo. “Mientras pueda seguir bailando, quiero hacerlo. Voy a alargarlo hasta que el cuerpo me deje, aunque ya no sea de manera profesional”, enfatiza la joven.

La bailarina pone en un lado de la balanza el tiempo dedicado a la formación y el trabajo para conseguir meterse en una técnica y que el cuerpo fluya y, en el otro, la adquisición de buenos hábitos, como la capacidad de organización y de ser productiva en poco tiempo. Así, consigue un equilibrio con el que compensar la falta de socialización y de horas para los estudios. “La danza es una carrera de fondo con muchas horas invertidas. Supone una forma de vida distinta”, añade Mamen García.

Iborra utiliza el adjetivo “infravalorado” para describir el retrato de la danza en España. “Todos sabemos que es importante no perder el arte ni la cultura, pero nadie apuesta por ello. En el ámbito económico, se conforma como un campo muy olvidado que no recibe ayudas suficientes. La gente ha de buscarse financiación si tiene algún proyecto, así como se ve obligada a actuar en bolos sin cobrar nada. Hay que trabajar mucho y no está compensado económicamente”, denuncia.

Mamen García lleva más de 20 años en este puesto y, desde los 4, bailando con la danza, por lo que puede asegurar que, en todos los escenarios, se encuentra infravalorada. “Es algo que se repite año tras año. Hace 30 años, me preguntaba lo mismo y es triste ver cómo un mundo tan bello puede convertirse en uno tan frágil. Pienso que hace falta darle un reconocimiento mayor a la cultura de la danza”, establece. García afirma que, desde la Jove Companyia, intentan hacerla protagonista, otorgándole visibilidad y valor.

La danza es elástica y se mueve por diferentes escenarios a través de compañías emergentes. Los espectáculos ya no están solo pensados para quedarse en los teatros, ahora han salido al exterior y se han acercado a la gente que no tiene acceso a ellos. “La danza ha llegado a la calle. Las piezas se preparan para ser bailadas en escenarios urbanos y atraer a otro tipo de público, ya que solo con salir de casa puedes verlas”, explica Iborra.

La valenciana confiesa que se ha subido al escenario con todas las emociones como pareja de baile. “A veces, he estado bailando y me he puesto a llorar de la alegría en plena actuación por la conexión que he sentido con la pieza. Es una sensación de libertad, de sacar todo el esfuerzo, de dejarte hasta el alma”, expresa Iborra. Hay que arriesgar al máximo para transmitir el mundo creativo que llevan los bailarines dentro; esa es la apuesta para ganar la partida: conseguir conectar con el público. “Eso constituye el objetivo principal”, añade Mamen García.

Tanto la dificultad como la gratitud se conforman como dos elementos clave en la ecuación. No obstante, en todas las obras en las que ha actuado Iborra, la danza ha estado sentada en primera fila. “Siempre la he tenido muy presente y creo que sin ella habría sido distinta. Le debo la persona en la que me he convertido”, destaca la bailarina. La directora de la Jove Companyia los anima a no abandonar la danza nunca, de manera que, si confían en ellos y son perseverantes, este arte tampoco los abandonará a ellos.

Las redes sociales interpretan un papel de visibilización muy importante en la danza, ya que son la gasolina que le permite llegar más lejos y a más gente. “No obstante, considero que no hay comparación entre los vídeos que se suben a TikTok, en los que tardas cinco minutos en aprenderte un baile, con las horas de esfuerzo, de dedicación, de trabajo y de renunciar a otras cosas por formarte o con todo el dinero invertido”, subraya Iborra.

“Las redes sociales nos han dado visibilidad, pero no siempre de la forma esperada, ya que es cierto que he visto a algunos que tratan a la danza con verdadera sensibilidad, pero muchos otros no. De la misma manera, tampoco hacen justicia a nuestro mundo los reality shows, en los que se compite por ver quién baila mejor. Esto es telerrealidad, pero no nuestra realidad”, explica la directora de la Jove Companyia, quien invita al público a visitar el teatro. “Esto debe ser una vivencia, no se puede ver a través de una pantalla”, subraya.

Iborra tiene impreso en sus facciones el rostro de la danza, con el esfuerzo y el trabajo tatuados en su piel. Pero, cuando acaba la actuación y se quita el maquillaje, deja al descubierto el perfil malo: la falta de facilidades y reconocimiento esposadas a este mundo. Las redes sociales pueden conformarse como el espejo a través del cual se muestra el talento, pero, ¿qué se esconde detrás? Ahora, se compite tras las pantallas por ver a quién le dan más likes. Aunque, en realidad, el verdadero galardón no pertenece a quien recibe el corazón, sino al que lo entrega bailando.

No obstante, Liliana Arroyo, doctora en Sociología y especialista en Innovación Social y Digital, invita a pensar en cómo colaborar con los influencers para educar a la sociedad en el uso responsable de las redes, así como también para que se conformen como un escaparate donde se muestren y debatan problemas sociales importantes. “Debemos verlos como nuevos actores sociales a tener en cuenta. A lo mejor, hay una bailarina que es influencer y puede transmitir a un público más amplio la pasión por la danza o los valores de disciplina”, establece Arroyo.

Liliana Arroyo, doctora en Sociología y especialista en Innovación Social y Digital.

De mayor quiero ser booktuber

La experta en Innovación Social y Digital explica que no todos los influencers caben en el mismo saco porque el espectro es muy amplio, el cual incluye el mundo de la moda, la alimentación o el deporte, sirviendo, así, como megáfono para dar voz a la pluralidad. “Influencer es como decir persona famosa o con una comunidad de seguidores muy grande. Si solo nos fijamos en la etiqueta, nos olvidamos del contenido”, establece.

Arroyo admite que su figura suele encajarse en un molde que reproduce unos estereotipos concretos. No obstante, expone que cada vez hay más diversidad, la cual engloba a influencers que intentan romper los cánones de belleza, a través de publicar contenido en el que aparecen cuerpos no normativos o que poseen unas características que se alejan de la búsqueda de la delgadez extrema, por ejemplo. “Es verdad que muchos están alineados con cánones de belleza y los perpetúan. Por eso, hay que destacar el perfil de los booktubers, los cuales fomentan la lectura, por lo que es muy importante diferenciarlos de los otros”, matiza.

Marta Meneu es una valenciana de 22 años y, también, un ejemplo de cómo utilizar las redes como herramienta para contribuir a arreglar el motor social a través de la divulgación de la lectura y del valenciano. Meneu deja un hueco para colocar sus videoreseñas de los libros en La Prestatgeria, nombre de su canal de YouTube, el cual empezó a construir hace tres años, una época en la que ya creaba contenido en Internet a través de su blog escrito.

En ese momento, el ascensor de subida al piso de las redes sociales fue una promoción de la editorial Bromera, que consistía en enviarles una videoreseña de un libro y, a cambio, lo publicaban y le regalaban la obra. Fue ahí cuando se dio cuenta de que su interés por el audiovisual le ganaba el pulso al escrito. Meneu seguía a sus booktubers de referencia, los cuales la inspiraron para crear contenido.

Su objetivo consistía en grabar vídeos comentando libros, en los que apareciera en primer plano su valor diferencial: la lengua. Sus referentes utilizaban el castellano o el inglés como lenguas vehiculares, pero la joven eligió el valenciano para dirigirse al público. Así es como llegó La Prestatgeria a YouTube y Meneu a sus seguidores, sin soltar de la mano a la divulgación del valenciano, que se perdía por las redes. “Me di cuenta de que en el sector editorial faltaba gente que promoviera la lengua. Era una línea de publicidad que se estaban perdiendo las editoriales”, defiende.

La joven asegura que expresarse en valenciano es una decisión consciente que tomó cuando realizó sus primeras manifestaciones públicas, las cuales fueron a través de las columnas de opinión que redactaba para el Diari La Veu durante su etapa en el instituto. Y tanto estas, como la novela que escribió en la misma época, tenían en común el idioma de sus palabras. “Me parece importante realizar el contenido en valenciano. Por eso, quiero hacer toda la comunicación pública en esta lengua, puesto que le falta visibilidad y que la gente la gaste”, enfatiza.

Meneu observa con una mirada optimista el avance de la lengua. Considera que se está progresando, pero cree que hace falta darle un empujón grande para que llegue más lejos. “Pienso que hemos avanzado mucho en 10 años, cuando la situación era peor que ahora, pero no sé si nos quedaremos estancados o conseguiremos establecerla más. En Catalunya, por ejemplo, hay jóvenes trabajando en la radio pública, que hablan de temas de gente joven en catalán, por lo que los adolescentes tienen contenido en su lengua de ámbitos que les interesan. En València, aún hay mucho que mejorar”, defiende.

Marta Meneu.

En su viaje profesional, la joven cuenta que ha habido una evolución desde sus primeros pasos en la creación de contenidos hasta los actuales. En el camino, ha ido encontrado lo que le gusta y ha aumentado su conocimiento sobre programas de edición de vídeo de manera casi autodidacta, subraya. La valenciana destaca que ha mejorado sus habilidades delante de las cámaras, pero también detrás de ellas, ya que antes se inspiraba en la estructura de BookTube, que cuenta con unas limitaciones en cuanto al lenguaje y al contenido de los vídeos.

Una vez había adquirido la base, empezó a hacer vídeos más libres que escapaban a la estructura rígida. Ahora, juega a cambiar el formato y el contenido a partir de crear sinergias entre productos culturales, como canciones de reguetón o películas, y libros, que pueden no tener tanta fama, pero que hablan sobre lo mismo. El hecho de ser su propia jefa se traduce en que su canal se convierte en una página en blanco, donde escribe los guiones y en el que dispone de un amplio margen para probar nuevas técnicas. “Han evolucionado hacia unas piezas que, cada vez, tienen una edición más trabajada e incorporan más mi estilo. Estoy encontrando una voz propia”, confiesa.

Meneu enfatiza que no encuentra un equilibrio entre el esfuerzo y la visibilidad. “No hablo de tener miles de seguidores, pero les dedico mucho trabajo y tiempo entre pensarlos, documentarme, grabarlos y editarlos. Cuando un vídeo registra pocas visualizaciones y le he echado muchas horas, me frustra”, expresa. La joven defiende que la interacción con sus seguidores es la única moneda que compensa su dedicación porque, cuando comentan o sugieren mejoras, siente que han hecho una escucha activa del contenido.

En España, país líder en paro juvenil de la Unión Europea, hay un 40% de menores de 25 años sin empleo, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). A pesar de este dato, cada vez son más los jóvenes que abandonan son estudios y carreras profesionales para convertirse en personajes de Internet. Lilia Arroyo explica que la idea que establece que llegar a ser influencer no conlleva esfuerzo actúa como una venda que no deja ver la realidad a los jóvenes; una realidad protagonizada por la dedicación de tiempo y trabajo. La doctora en Sociología afirma que existe una amplia creencia sobre que esta va a ser la profesión del futuro, ya que se asocia a no tener que estudiar y a que el único requisito sea saber ponerse delante de una cámara.

“Me gustaría desmentirlo porque el hecho de ser influencer requiere una creatividad constante y conocimientos sobre herramientas digitales a la hora de pensar contenidos, crearlos y editarlos, así como sobre el funcionamiento de las redes, que incluye saber cuándo publicar los contenidos, leer la actualidad y responder a la comunidad. Pensamos en que solo suben contenidos, pero nos olvidamos de la gestión de los seguidores que se tiene que hacer”, expone Arroyo.

Meneu coloca a La Prestatgeria junto a sus otras aficiones, ya que no gana dinero con ello. “Le dedico tiempo, esfuerzo y ahorros, pero no tengo aspiraciones de vivir de eso”, expone la joven, quien matiza que de obtener unos beneficios a convertirlo en la principal fuente de ingresos hay un trecho, el cual se amplía si se habla del valenciano. “Si es tan difícil convertir esto en tu único trabajo, no es porque no llegues a un número de seguidores, sino porque falta apoyo institucional, de empresas y de medios de comunicación”, denuncia.

La joven enfatiza que los medios de comunicación y las instituciones no les ayudan a ganar visibilidad ni tienen en cuenta a canales como el suyo. No obstante, en la otra cara de la moneda, afirma que hay gente que está apostando por este sector como Escola Valenciana-Federació d’Associacions per la Llengua o Tresdeu, que da voz a jóvenes creadores de contenido en valenciano. “Se está evolucionando, pero me parece que ÀPunt podría hacer mucho más en este sentido”, defiende.

Meneu explica que eligió YouTube por el formato de vídeos editados, ya que le da la posibilidad de grabarlos y, después, añadirles a sus recetas audiovisuales ingredientes como música o efectos. “Me lo he replanteado, pero sigo creyendo que es la mejor opción. Pensé en Twitch, pero el directo no me acaba porque me gusta mucho el proceso de edición”, establece.

La joven asegura que cualquiera puede obtener la llave para entrar en el mundo de las redes sociales, pero no todos encuentran cómo seguir allí dentro. “Sus dinámicas te obligan a tener una periodicidad porque, si no, los algoritmos te castigan. Eso se traduce en que acabas poniéndote una presión para subir contenido periódico que no toca”, explica.

La joven subraya que, aunque no se puede depender de las redes solamente porque no todo el material está trabajado, existe gente que crea buen contenido de divulgación a través de vídeos sobre Psicología o Farmacia, los cuales pueden ser una introducción atractiva a diferentes temas. “No obstante, TikTok tiene unas dinámicas tóxicas, más que Instagram, donde solo se muestra lo bonito”, enfatiza. Al principio, la mayor barrera para Meneu fue la exposición pública. En Instagram, asegura, se plantea mucho en qué parte de ella y de su vida quiere meter a sus seguidores.

Liliana Arroyo defiende que existen factores detrás de las pantallas que no se muestran a los seguidores, como el juego que plantean los algoritmos. “Por mucho que hagas bien tu trabajo, si tocas un tema que a TikTok no le interesa o tienes facciones que denotan cierta discapacidad física, la aplicación no te va a permitir subir contenidos porque cuenta con una política muy dura en este sentido; te los va a cancelar o no va a dejar que se difundan bien. Hay muchos recovecos que explorar”, subraya.

La gente piensa en TikTok cuando hablan de futuro, ya que las marcas están apostando por este como su caballo ganador. La aplicación se constituyó como la más descargada del mundo en 2020, según Sensor Tower, una compañía que proporciona información del mercado tecnológico y datos sobre aplicaciones móviles. “Creo que tiene mucha audiencia por su formato, al cual nos estamos acostumbrando: vídeos muy rápidos y dinámicos con música, que suele ser un producto cultural que engancha mucho. Ahí se esconde la razón de por qué son tan virales”, explica Meneu. Los vídeos cortos de Instagram o los tuits con caracteres limitados ya han hecho el trabajo previo para que los usuarios demanden piezas breves e inmediatas. “La sociedad, ahora mismo, está comprando ese tipo de formato y de contenido”, establece la joven.

La clave, para Meneu, reside en analizar por qué la sociedad les da más importancia a esos vídeos que a otro tipo de contenido más contrastado. “Me fastidia trabajarme tanto las reseñas y ver que la publicación de otra persona, que solo se ha puesto delante de una cámara a bailar o a hacer gracia, tiene muchas más reproducciones que la mía. Me frustra, pero no hacia esa persona, sino hacia mí, ya que me pregunto si estoy haciendo algo mal”, confiesa.

Detrás del trofeo, se esconde la razón del triunfo de TikTok. A raíz de envolverse con pantallas en el teletrabajo o el telecolegio, los usuarios se dirigen a esta aplicación para desconectar. “La gente comparte más un vídeo gracioso que uno que le ha hecho reflexionar”, asegura Meneu. Incluso en Instagram, se observan cuentas que publican contenido informativo, pero los usuarios prefieren otras que les conduzcan a la evasión.

Las colaboraciones de influencers tuvieron un 57% más de alcance e impacto en 2020, en comparación con el año anterior, según el informe “State of Influencer Marketing 2021” de Klear, una plataforma de análisis e inteligencia de redes sociales. Meneu recuerda que un influencer es alguien que influye, una definición que encaja en el perfil de la gente famosa, la cual ha hecho publicidad de productos toda la vida porque se suponía que la suma de la imagen que proyectaban y de la capacidad de influencia tenía como resultado un incremento en su valor.

“Si entendemos la palabra influencer como una persona que recibe productos para anunciarlos en sus redes e influir en la gente a la hora de comprarlos, es lo mismo”, establece. La diferencia entre celebrity e influencer se basa en que a las primeras la prensa las buscaba para enseñar su vida y los segundos, directamente, deciden qué partes de su intimidad mostrar. Las redes sociales han sido las modistas que han confeccionado una figura que puede vivir solo de eso.

Existe una brecha generacional, por la que se cuela un cambio de perspectiva entre jóvenes y mayores. “Los adolescentes no vemos a los influencers como algo negativo. Pero los mayores pueden catalogarlos como gente que gana dinero de las redes sociales sin trabajar mucho. Sin embargo, ese perfil de persona, que por tener una imagen pública parece que no trabaje, ha existido toda la vida en la prensa rosa. Es un término que puede tener un significado ambivalente según la edad o el ámbito en el que lo preguntes”, matiza Meneu.

Liliana Arroyo enfatiza que los influencers tienen que entenderse como vectores para el cambio social. La doctora en Sociología propone desviar la atención que reciben las fotos hipersexualizadas hacia otro tipo de contenido que suben. “En el confinamiento, se unieron algunos influencers e hicieron una canción conjunta para animar a que la gente se quedara en casa”, expresa.

Las redes sociales se conforman como una gran sala con las puertas abiertas para todo el mundo, por lo que es fácil acceder a ellas. Una vez dentro, existen muchas aplicaciones que dan la bienvenida a nuevos usuarios; invitan a los espectadores a sentarse y a ponerse cómodos, pero también les dan la posibilidad de interpretar el papel de protagonistas. En este espacio democratizador, no hay un control en las puertas que detecte el tipo de publicaciones que se suben y pite cuando ha descubierto contenido inadecuado. Las redes sociales pueden servir para que la gente se disfrace con una habilidad que no tiene, pero también pueden convertirse en vías para canalizar el talento y formar el camino que lo lleve más lejos, sin coger atajos para llegar sin esfuerzo o perseverancia, como la gente que no solo está detrás de ellas, sino fuera, bailando con la realidad.

Aplicaciones más descargadas en 2020. Fuente: Sensor Tower.

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