León Benavente y el espíritu de la zozobra

por | 31 mayo 2016 | Cultura pop

“Tú, que viviste los ochenta, te mereces lo que te pase”. La letra de “Ánimo valiente” apela a una generación muy concreta: la de aquellos que creyendo que su vida estaba ya encauzada, contemplan con mirada atónita como todas sus certezas se hacen añicos ante las embestidas de la crisis.

Leon-Benavente

Se trata de una de las canciones del disco de debut de León Benavente, que, en 2013, consiguió aglutinar como pocos el desencanto que latía en el ambiente, encapsulando también una esencia sonora muy concreta. Un manojo de composiciones que hizo que gente que llevaba ya años -décadas- en esto de la música, demostrando una profesionalidad intachable pero situada siempre en la retaguardia, saltara a un primer plano. Abraham Boba se confabuló con artistas habituados a velar las armas en formaciones de primer nivel:  César Verdú (Schwarz), Edu Baos (Tachenko) y Luis Rodríguez (miembro de la banda de Nacho Vegas, donde también milita Boba). Juntos logran un sello de identidad propio que no es fácil de alcanzar. Cuatro confluencias diversas: cada uno aporta la colección de cromos musicales atesorados a lo largo de sus batallas para dar lugar a algo nuevo y excitante. Aunque no exista ninguna tentación transgresora en su música, más bien el deseo de hacer bien aquello en lo que ya son unos virtuosos, la autenticidad del resultado es incuestionable: filtran de forma admirable el espíritu de la zozobra.

Tal vez por ello se convirtieron en una apuesta segura; bendecidos por el favor de un público que se sintió identificado con unos mensajes que reflejaban sin ambages una situación que clama al cielo, no desatienden por ello unos ropajes musicales en los que se reúnen retazos de lo mejor de la escena indie, distanciándose así de otras propuestas más inocuas respaldadas por un eco mediático atronador. Recurren a las aristas del rock agreste y a la vertiente más sombría defendida por grupos como Ornamento y Delito, Chucho o El Columpio Asesino para verter ecos de krautrock que se dibujan entre leves toques electrónicos. No es necesario nada más para que fermente una magia oscura que se convierte en una madeja irónica y cruda en disparos como “La gran desilusión”.

Una brecha en la que ahondan en el reciente 2, que consigue prolongar coherentemente el discurso que inició su anterior aventura sin redundar en lo ya dicho. Nos rencontramos estribillos irresistibles en la adictiva “Gloria” , y “La vida errante” parece apuntar hacia el Nacho Vegas más decadente, mientras que en otros momentos se enfilan en cabalgadas destartaladas a lo Pony Bravo. Hacen aterrizar a la Velvet, los Smiths o Can en sus letras, pero tampoco desatienden -como suele ser habitual- a aquellos que también nos han regalado alegrías en nuestro entorno. La colaboración de Banin de Los Planetas enferma “Nuevas tierras” con una poética sideral, logrando el estremecimiento. Y un bajo sinuoso nos acecha agazapado en “Habitación 615”, siguiendo las enseñanzas de “The National Athem” de Radiohead sobre una letanía recitada bajo la cadencia del rap. Un deseo de desmarcarse de lo hecho en su paso precedente que se evidencia también en los latidos electrónicos y atmósferas turbias que envuelven algunas de las composiciones, dando lugar a una suerte de post-punk esquizofrénico acribillado de anotaciones a pie de página.

Resulta complicado distinguir cuando hacen referencia a la actualidad con una crítica irónica, o si éstas se deslizan para dibujar un mapa renovado de la cultura pop: “Tipo D” se convierte un glosario de iconos contemporáneos que enlaza a Norma Jean con el Opus Dei, Lady Di con los Bardem, propiciando el abandono del ensimismamiento críptico de otros grupos para asomarse a los iconos y neones que aturden el abigarrado imaginario de una población desnortada. No sorprende por ello que el escritor Agustín Fernández Mallo, el miembro más célebre de la llamada Generación Nocilla, acostumbrado a frecuentar collages escritos en los que los textos ajenos se mezclan con los propios y el torbellino pop invade los espacios canonizados, haya declarado su fervor por el grupo: “Hay bandas que nada más nacer parece que desde siempre las estuviéramos esperando: sólo cuando su disco es editado notamos el vacío que había y nos preguntamos cómo podíamos vivir sin ellas”.

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