Loquillo y los 30 años de El Ritmo del Garage

por | 21 junio 2014 | Reportajes

Querida gentuza, un disco adquiere la categoría de mito al conjuntarse una serie de factores cuya alineación en ocasiones se adivina tan compleja como irrepetible. Tal vez los más importantes sean el contexto, la oportunidad, el peso iconográfico, y por supuesto, un material sonoro capaz de resistir sin despeinarse la embestida del tiempo. Vayamos por partes.

Jordi-García-Loquillo

Jose María Sanz Beltrán (Barcelona, 1960) más conocido como Loquillo, debuta discográficamente a los 20 años con Los Tiempos Están Cambiando (Cúspide, 1980), y ya por entonces descoloca que un rocker tome el título de una canción de Bob Dylan. Le acompañan en el aspecto musical Carlos Segarra (Los Rebeldes), y su grupo de entonces, Los Intocables, donde figura un tal Sabino Méndez, pieza clave y fundamental tanto dentro de la historia de nuestro alto y espigado protagonista, como por ende, de la historia del rock cantado en castellano. Después suceden, también junto a Los Intocables, los singles “Rock and Roll star” y “Esto no es Hawai”, que Jesús Ordovás elige como sintonía del programa con el que comienza su andadura en Radio 3. Esto sirve a la banda para dar el salto a Madrid desde una Barcelona en el que no encuentran su sitio, dentro de un panorama cultural refractario a la innovación y anclado en una tradición musical que daba síntomas de agotamiento y nada podía aportar a las diferentes tribus urbanas de chavales de barrio.

Primer concierto en Madrid, sala Rockola. Sala a parir, y público heterogéneo que no sabe muy bien cómo clasificar a una banda en la que unos tienen aspecto de punks y otros de rockers. ¿Saldo final del debut? Todos a hostias y la banda sale escoltada por la policía. Los cimientos del mito se asientan, sobre todo porque en Madrid, el caldo de cultivo era bien diferente. Teniendo en cuenta el relativo escaso tiempo transcurrido desde la muerte de Franco, la gente empieza a creerse que igual esto de la democracia va en serio (sobre todo después del 23-F), y tiene ganas de divertirse de una puta vez. La efervescencia creativa no da respiro, y el nuevo movimiento (de acuerdo, probemos a decir “Movida” sin sensación de hastío), necesita nuevos iconos con los que identificarse, quedando atrás bandas como Leño, Miguel Ríos, y demás nombres de una generación que ya se etiquetaba como obsoleta sin remisión. Si los popes de la modernidad ya habían entronizado a Alaska como reina del cotarro, hacía falta un rey consorte, y aquel catalán a un tupé pegado tenía papeletas desde luego para aspirar al trono.

Loquillo-y-Sabino-Méndez-p

Aunque Loquillo ya había alcanzado fama incluso antes de la publicación del primer disco, la prueba de fuego llegaría con su primer larga duración El Ritmo Del Garaje, publicado por DRO-Tres Cipreses en 1983. El disco compuesto por Sabino Méndez (tan solo dos canciones aparecen coescritas por Loquillo), y en el que se estrenaba nueva banda, Los Trogloditas, no admitía fisuras. Desde el ansia de relevo generacional de la canción que da título al álbum, o el sentimiento de desubicación en “Barcelona ciudad” o “El cadillac solitario”, a relatos cotidianos con los que el público adolescente y juvenil pudo sentirse rápidamente identificado, como “Quiero un camión”. Un disco plagado de hits que conectó rápidamente con el público, fue aclamado por la nueva crítica, y que supuso el espaldarazo a una banda que haría historia. Cuesta creer que de eso haga ya treinta años.

A partir de ahí, todos conocemos la historia. Con la mayoría de sus coetáneos ya desaparecidos, o sobreviviendo con mayor o mayor fortuna, Loquillo y Sabino se muestran hoy en día, superadas viejas rencillas, como unos supervivientes de una época tan convulsa como dorada. Supervivientes que han sabido reinventarse sin olvidar de dónde vienen, y que a día de hoy rinden tributo a un álbum que con el tiempo ha alcanzado la categoría de mítico. Como rezaba un estribillo que todos hemos cantado alguna vez, ellos querían tener una banda de rock and roll. Y aún la tienen.

 

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