Los cheetos de Lynch, el electropunk snob neoyorquino y las listas del año

por | 22 diciembre 2022 | Reportajes

David Lynch saluda visiblemente emocionado a un completo desconocido. Foto: Sam Howzit Creative Commons

La epifanía se mostró ante mis ojos con una claridad absoluta al considerar el algoritmo de Google que era una noticia que merecía mi atención. La revelación llegó a través de una de esas páginas de crítica y análisis de películas y series, recomendada para mí, sin duda debido a mi recientemente desmedida afición por la pesca de altura en el Mar Muerto. Magazines digitales cuya objetividad e imparcialidad permanecen fuera de toda duda a base de publicidad encubierta hecha pasar por análisis y reseñas a mayor gloria de productoras cinematográficas y plataformas de streaming. Por medio de uno de ellos fui sabedor de las condiciones de David Lynch para interpretar a John Ford en la nueva peli de Spielberg.

Lynch, un tipo de capaz de filmar un cortometraje de cuarenta minutos en los que interroga a un mono, solicitó en primer lugar que se le proporcionase el vestuario con el que saldría en la película con dos semanas de antelación, seguramente para poder habituarse al mismo. Incluso el mono consideraría la petición como algo de lo más lógico. Pero su segunda e innegociable petición fue la de encontrar un surtido inagotable de Cheetos de todos tipo de sabores en el interior de su camerino. Fuentes de toda confianza, aka el portero del estudio, aseguran que una vez finalizada la filmación Lynch devolvió los trajes y preguntó amablemente si podía llevarse a casa los Cheetos sobrantes, deseo al cual la producción accedió sin problema.

La anécdota elevada a la categoría de noticia disparó todo tipo de debates y especulaciones a través de los medios. ¿Fueron los Cheetos un alimento culturalmente relevante e imprescindible para que Lynch pudiera realizar su labor en la película? ¿Fueron tan solo un alimento de vital importancia para mejorar su aportación a una obra culturalmente relevante? ¿Deberían los Cheetos formar parte de los créditos de la película? ¿Cuál sería el posible discurso de una bolsa de Cheetos al ganar un Oscar? La cuestión es que la relevancia cultural es un concepto totalmente subjetivo, a diferencia de axiomas como que el cielo es azul, que el agua moja o que Pablo Motos es un personaje poco recomendable más allá del siglo XIX, sobre todo si ha nacido usted con cromosomas XX.

Comprobemos la teoría de la subjetividad a través del siguiente ejemplo, que atraerá la atención de todas y todos los seguidores de páginas de tendencias y asistentes a festivales veraniegos para clase media/alta de este país a través del uso tres simples palabras mágicas: grupo electropunk de Nueva York. ¿Se les ha hecho ya el culo gaseosa? Así, no nos alejamos mucho del bueno de Lynch para centrarnos en Bodega, grupo nombrado así, en castellano. Banda de la escena underground que un buen día a lo largo de este año se metieron en el local de ensayo para dar forma a un nuevo tema, dejando de lado esta vez los sintetizadores y apostando por un sonido más guitarrero. Lo que les salió fue un tema sencillo, efectivo y bastante pegadizo. Es decir, un single de toda puta la vida. Para más señas, el tema titulado “Statuette on the Console”.

Sin duda, aquel fue el momento en el que los miembros del grupo fueron presa, a su vez, de otra epifanía. Debieron mirarse los unos a los otros, seguramente aún con los turulos en las napias, y pensar “¿para qué coño cagarla haciendo más?”. Dicho y hecho. En este mismo año de gracia de 2022 que pronto toca a su fin, Bodega edita el álbum digital “Statuette on the console”, compuesto por la canción “Statuette on the console” y ocho versiones en idiomas como griego, ruso, francés, italiano o castellano de la canción “Statuette on the console”. La reducción del riesgo creativo a su mínima expresión. La literalidad absoluta de esa sensación que tod@s hemos tenido alguna vez al pensar que todas las canciones de un determinado disco sonaban iguales unas a otras. ¿Boutade elevada a la categoría de arte? ¿Un arrebato de pura genialidad? Para tratar de decidir la balanza en un sentido u otro procedemos a analizar en profundidad algunos de los temas más significativos del álbum

  1. Statuette on the Console: The Chinese are the bad guys and they smoke a lot. Russians only drink vodka and they are also bad. Germans only speak loudly and have to be constantly reminded that they were ruled by Nazis. The Spaniards play rancheras dressed as Mexicans and that is flamenco. Learn to look at the world according to Hollywood. Make Cincinnati great again.

  1. Statue Auf Dem Stehtisch: Die Europäische Union existiert, weil wir die anderen assoziierten Länder dafür bezahlen, unsere Freunde zu sein, aber wir versuchen, es nicht zu zeigen. Wir versuchen, auch gegenüber den Franzosen, die alle schwul sind, tolerant zu sein, aber einige wissen es nicht und schlafen mit Frauen. Traue niemals jemandem, der Froschschenkel isst. Fahrten nach Magaluf zum halben Preis.

  1. Statuette Sur La Console: Allez-vous vraiment croire cette bande de têtes carrées ivres ? Ils ne sauraient pas la différence entre le cul d’un babouin et celui d’une femme. Des siècles avant l’incendie du Reichstag, nous avons déjà décapité des rois et des reines. Vous n’allez pas me comparer. Alors ils s’étouffent avec toutes leurs putains de saucisses.

  1. Estatuilla en la Consola: Llantos desconsolados por depresión existencial desde el sofá de un loft en Park Avenue. ¿Combina bien mi tinte de pelo rosa con mi chaqueta de lentejuelas? Las lentejuelas dejaron de estar de moda hace siete segundos. Más llantos. Si Dios existe está escondido en el fondo de la estantería del chocolate del badulaque de la esquina de la calle 15 con la 45. Jamás ganaré para Kleenex.

¿A qué conclusión nos conduce todo esto? A que este álbum podría ser tan culturalmente relevante como el 90% de las obras reseñadas en cualquier lista de lo mejor del año en el plano musical. Extiéndase a los planos literatura, cine o cualquier otra disciplina artística, desde que la industria del entretenimiento fue hábilmente enmascarada como maquinaria cultural. Es decir, mierda de rata hecha pasar por caviar que tan solo en excepcionales ocasiones suele resistir el paso del tiempo, a mayor gloria de productos de marketing que no saben tocar, ni cantar con o sin autotune, ni seguramente tan siquiera aparcar en paralelo. Cualquier editora y redactor de este planeta preferiría someterse a una colonoscopia sin anestesia antes que pasar año tras año por la confección de semejante tortura numerada con podio final. Tortura únicamente soportada en beneficio de un aumento en el porcentaje de clicks mediante el que conseguir mayores ingresos publicitarios y así fingir que la profesión no vive bordeando la indigencia.

Por tanto, desde estas líneas se recomienda ejercitar saludablemente el criterio propio, pasar de este tipo de listados y destinar ese tiempo de lectura a actividades más edificantes como ver crecer la hierba, contemplar el recorrido de un caracol de un punto A a un punto B o directamente frotarse los genitales con papel de lija. Este humilde servidor destinará su propio tiempo en pensar en lo típico en lo que se piensa viendo caer la lluvia fuera de la ventana cualquier tarde de invierno: cómo conquistar Azerbayán disfrazado de Leonor Watling.

Suscríbete al boletín mensual

El podcast de Beat València

Así suena València en verano

Artículos relacionados

Pin It on Pinterest