En una selección de doce discos no cabe la escena valenciana de un año pero sí puede resultar eficaz para trazar las líneas básicas que la cimentan: hip hop de nueva generación, folk valenciano agitado por las vanguardias sintéticas y bailables, pop clásico de esencia siglo XX y las querencias sincopadas y recitativas de los veinteañeros. Son más los artistas que deberían aparecer en el listado que quienes finalmente lo conforman, en 2024 también lanzaron discos notables Colomet, Platz, La Habitación Roja, Los Invaders, Pastore, Doña Manteca, Yo Diablo, Petit Mal, Skaparapid, 3Cómplices, Andreu Valor, Tiemersma y Reynaldo, Star Trip, Mundo, Pep de la Tona, Junior Mackenzie, Novio Caballo o Montefuji, entre otros.
12. Mala Gestión ‘Se nos ha complicado’
Los de La Canyada cumplen el ejercicio de estilo punk rock adaptándolo a su contexto generacional. Rabia sí, pero disfrutona. Contestatarios también, pero sin exceso de malas calles: el punk ya no habita los barrios desamparados sino las estanterías de vinilos familiares. Estándares sonoros precisos para enganchar a un círculo de nuevos valencianos. La cantera parece asegurada.
11.La Fúmiga ‘Tot està per fer’
Los amos indiscutibles de la música valenciana vitalista del siglo XXI se reafirman en los postulados paridos para las masas festeras. Tienen la fórmula, poseen el bagaje necesario y van sobrados de capacidad para enganchar con las tendencias compositivas de su tiempo. Estribillos adictivos, vientos omnipresentes en comunión con unos beats bailables y crescendos vitaminados para contagiar a varias generaciones de valencianos.
10.Poetas Puestos ‘Tontos felices’
El rapero Charly Efe fue el futbolista exquisito de barrio Carles Sanchis. Mantiene el toque décadas después y aún ronda las calles alrededor del Sorolla moliendo a versos los bares de los trabajadores y los estudiantes. La honestidad no se adquiere en subastas y el álbum de Poetas Puestos dispara verdad. Junto a Teko y el resto de rapsodas, además de las colaboraciones de Zoo y El Coleta, se han marcado un combinado de rap clásico y rock al alcance de pocos en estos lares.
9.Los Radiadores ‘Sorbos de electricidad’
El rock and roll canónico lleva tantos lustros muriendo que ya no hay dios que lo pueda certificar. En Valencia, Los Radiadores llevan años ejerciendo de resucitadores perpetuos. Convertidos en los mantenedores de las esencias del rock valenciano y emparentados con el linaje de Enemigos, Siniestro Total o 091, el combo recupera el espíritu del punk setentero y la energía clashera.
8.Luis Prado ‘La estafa de la vida adulta’
Nadie conjuga el pop adulto con la ironía costumbrista como el alicantino Luis Prado. El pianista dispara contra la certidumbre de la mediana edad y las balas apuntan a los Travelin Wilburys porque aquí no hay vanguardias impostadas sino clásicos para auditorio. Alegatos sobre la conformidad, caprichos sin pretensión y revolución pero sin que la cadera sufra. Las tribulaciones de una generación a punto de aparcar los discos de The Rolling Stones y pasarse a Verdi: una bendición.
7.Palmer ‘Conxorxa’
Aina Monferrer y Jordi Palau mantienen su acción directa contra el aburrimiento. Atentar a base de beats y versos contra la institucionalidad debería ser una obligación en la Valencia de 2024. Fandangos para la chusma y seguidillas mamarrachas contra el búnker barraqueta. ‘Conxorxa’ es el hijo bastardo que Paco Camps nunca tuvo con la dealer de ACTV al salir de Misa del Gallo en 1989.
6.Faixa ‘Faixa’
Carles Pascual, David Blanes, Joaquim Sempere y Pablo Jordà han levantado un templo electrónico en mitad de la huerta y lo han plagado de cantaors de poble. Noelia Llorens ‘Titana’, Carles Dènia y Josep Aparici atraviesan esta excepcionalidad sonora con sus cants de batre mientras los músicos retuercen sintetizadores en busca de la pista central. Castañuelas en el cubo oscuro, rave de bancal, el disco que los tiempos reclamaban.
5.Yo Somos ‘Somos’
Valencia ya tiene la banda estadounidense de rock alternativo de los 80 que aquella década jamás vio nacer sobre el cauce del Turia. Con tres sospechosos tan propicios en la escena indie como Quique Gallo, Xema Fuertes y Caio Bellveser el resultado no podía ser otro que pop adictivo a la primera escucha. La solvencia instrumental del trío, unida a unas letras vitalistas y altamente enamoradizas componen el gran álbum de pop valenciano del año.
4.Alberto Montero ‘Ciudad dormida’
El compositor de Puerto de Sagunto prosigue su marcha hacia la atemporalidad. El folk sosegado de Baja Edad Media transita hacia la contemporaneidad adquiriendo un poso de leyenda que no muchos conocen pero que todos reclamarán algún día. Su reino no es de esta industria musical. Nadie bautiza sus canciones mejor que Alberto, y nunca faltarán padrinos para memorizar sus salmos modernos.
3.Xenia ‘Cuando las sombras se alargan’
Un beat de reguetón onírico marca el paso por unas aceras en penumbra. Alrededor de la voz de la de La Vall d’Uixó emergen bailes espídicos y sueños profundos de los que cuesta espabilar. Coros de capillas vocoderianas, sectas robóticas y otras alteraciones del mal querer. Piezas tratadas con el mimo de quien se sabe elegida para encabezar el nuevo pop valenciano de querencia oscura y atmósferas gruesas.
2.Miquel Gil ‘Viatger’
Que un hombre a punto de cumplir 50 años de trayectoria profesional siga mostrando interés por explorar nuevas sonoridades y abrir caminos escarpados a valientes machetazos sintéticos muestra la talla del músico de Catarroja. Miquel Gil toca todos los palos, vocea a garganta rasgada, autotunea a conciencia y transita de lo minimalista del pandero y la guitarra desnuda a la densidad de los efectos vanguardistas. Un tesoro para la ciudadanía valenciana.
1.Hoke ‘Tres Creus’
La avenida Tres Cruces es la frontera oeste de la ciudad de Valencia. Más allá quedan encerrados por el nuevo cauce del Turia y la V-30 los barrios de La Luz, La Fuensanta, San Isidro y Vara de Quart: tierra fértil en parques de cemento, polígonos y clases trabajadoras, tierra yerma en visibilidad y atención municipal. Los callejones periféricos siguen siendo el único vivero cultural relevante en la Valencia del siglo XXI, y la conexión entre los barrios de aluvión y los garitos de la Plaza del Cedro explican la calidad del rap valenciano de los últimos quince años (Erick Hervé, Yeke Boy, Loren D, Charly Efe, Zoo, Chikos del Maíz, El Hombre Viento,…). Este fue el legado que recogió Hoke para convertirse en el mayor referente del género hace un par de años. El gran letrista de su generación repite, como en 2022 con ‘BBO’ pero esta vez sin Louis Amoeba en la producción, con el álbum transcendental del año valenciano y nacional. Nadie escribe como él, de la jerga fumeta al verso de ingreso en la academia en un mismo tema: ‘Dálmata’ es la canción de 2024. Las colaboraciones de Quevedo y Morat, unidas a los habituales Ergo Pro y Ébano, indican el estatus actual del rapero valenciano. Un trabajo tejido desde el desencanto nacido tras una notoriedad que parece no celebrar.
Yo ya me he puesto muchas marcas y ninguna me abriga
Yo ya maté a todos mis dioses, que Dios los bendiga
No siento nada en la barriga en el pico de mi vida
Ni en una tienda sacando zafiros de la vitrina
Ni cobrando el caché más serio de toda mi puta vida
Ni fumándome un gramo y medio por la Quinta Avenida
Ni en medio de la tormenta, ni en medio de la calima
No siento nada en la barriga en el pico de mi vida












