Los Punsetes, a hostia limpia

por | 3 enero 2015 | Cultura pop

“Como nadie me hace nada, no sé ni de quién vengarme. ¿Cómo saco de mi cuerpo el odio y la frustración?, la certeza de que no hay manera de escaparse de esta mierda de persona que me dicen que soy yo”, disparan Los Punsetes directamente a la cara durante los primeros compases de “Amanece más temprano”, tema inicial de su último disco, LPIV (Canadá, 2014).

los-punsetes-en-wah-wah-de-valenciaToda esa mala hostia que se puede intuir, y que es santo y seña de su música, en esas primeras notas, plaga y campa a sus anchas a lo largo de todo el disco. Sabemos que Los Punsetes tienen la corrección política aparcada y que el descaro y las frases malsonantes son habituales en su lírica, pero es importante destacar que no se trata de llana provocación per se, todas las letras tienen un mensaje, un contenido característico transmitido a través de toda esa mala baba guitarrera y aquellos tacos como puñetazos.

LPIV está lleno de guitarras, muchas guitarras, es el festival del pedal de distorsión, contundente basamento sobre el que se erige la pétrea voz de Ariadna y las letanías subversivas y nihilistas que componen los chicos, Manu (Anntona) y Jorge, para que ella las cante. “Me gusta que me pegues” el primer single del que tuvimos conocimiento, sirve de declaración de intenciones -al que acompaña un maravilloso vídeo a cargo de los chicos de Canadá- su vuelta no sería un ejercicio de repetición de su característico estilo, si bien todos los temas son tremendamente reconocibles, todas esas capas de distorsión y de guitarras desbocadas hacen de LPIV un disco más contundente que los anteriores, si cabe, más arisco.

Las letras, como no podía ser de otra manera, se recrean con la misma jocosidad en los temas más variados, siempre con ese sello mal hablado que tanto gusta, en “Los últimos días de Sodoma” nos explican sin remilgos: “Esta ciudad se merece un disgusto, un par de verdades a la cara, un escupitajo, una patada…” y aunque su ciudad natal sea Madrid, este pensamiento es extrapolable a cualquier ciudad que se pueda imaginar. En “Opinión de mierda” nos arrancan una carcajada cuando Ari suelta las primeras frases: “Que no pase un día sin que des tu opinión de mierda, que no pase un día sin que cuentes tus miserias…” y nuevamente se nos vienen un montón de nombres a los que señalar con el dedo acusador, aquí que cada uno elija su preferido.

Pero sin duda una de las canciones que más sobrecoge es “Vaya suerte que tengo”, himno generacional inmediato y no precisamente por temas alegres, sino más bien todo lo contrario, toda la precariedad que sufre, en casi todos los sentidos, la juventud (y no tan juventud) de este país, hiela la sangre de principio a fin: “Gracias por darme unas llaves, gracias por abrirme la puerta, por la cama al final del pasillo, gracias por la almohada para que duerma cuando me quede sin dinero y no tenga donde caerme muerto…”

La producción a cargo de Pablo Díaz-Reixa, conocido como El Guincho, destaca por la superposición de los ritmos y las capas de guitarras, un monumento totémico que culmina con la salvaje “Nit de l’Albà”, y que encumbra a LPIV como lo mejor de la producción de Los Punsetes hasta el momento y augura un directo atronador. En una foto que compartía Pablo hace unos meses en Instagram se leía la frase: “Mezcla terminada, suerte tocando esto en directo”. Suerte la que vamos a tener nosotros de vivirlo.

Foto: Ricardo Roncero

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