Siguiendo la estela de la anterior banda de Dean Wareham, Galaxie 500, Luna se convirtieron en la banda arquetipo del indie pop espacial de principios de los años noventa. Paisajes de guitarras cósmicas en perfecta colisión, un mano a mano entre los gurús de las seis cuerdas –Wareham y Sean Eden- y una sección rítmica de lujo: el ex Feelies Stanley Demenski a la batería.
Luna nacieron como paso posterior a una banda que había supuesto la quinta esencia del pop ensoñador de guitarras tormentosas. Galaxie 500 habían dejado un hueco de enormes dimensiones tras su separación, cuatro discos gloriosos que hacen las delicias del buen entendedor hasta nuestros días, y si bien los pasos posteriores, segundos intentos o grupos que nacen de las cenizas de otros no suelen quedar en más que una mera anécdota, Luna consiguieron brillar, con igual luz si cabe que su antecesora.
Se podría decir que Luna son la sucesión lógica de Galaxie 500, pero sería injusto, sería limitar a una banda que exploró y se adentró más allá de sus propios límites. Si con el proyecto anterior Dean Wareham exprimió las letanías de guitarras distorsionadas y quejicosas deudoras del Neil Young más herido, el punto socarrón de un grupo que conseguía divertirse al no ser tan denso y no tomarse tan en serio a sí mismo, haciéndonos disfrutar con sus visiones de temas de Young Marble Giants, New Order, Yoko Ono, The Modern Lovers, y por supuesto la Velvet Underground.
Luna fue un grupo más alegre, más atrevido y más prolífico que Galaxie 500, conservando lo mejor del anterior pero ampliando su espectro hasta dimensiones que la banda de antaño no hubiera llegado a alcanzar. Wareham se permitió explorar y ejecutar todas sus inquietudes musicales en un proyecto que tuteló a su gusto, las formaciones oscilantes de la banda no eran más que una muestra del ejercicio de poder que ejercía el líder y final responsable del grupo.
De esta manera asistimos a colaboraciones brillantes con Tom Verlaine (Television) en “Moon Palace” y “23 Minutes in Brussels” y con Laetitia Sadier (Stereolab) en “Bonnie and Clyde”, una revisión de Serge Gainsbourg; a discos resplandecientes como Lunapark (Elektra, 1992), Bewitched (Elektra, 1994) o Penthouse (Elektra, 1995) un tridente de inagotable finura en donde sobresalen las canciones antes mencionadas además de “Anesthesia”, todavía muy deudora de los Galaxie con un Wareham arrastrando una voz delicada y herrumbrosa, “Slash Your Tires”, más combativa y desafiante. “Bewitched” por su parte es una melodía ensoñadora de pop delicado y cuidado con precisión de orfebre, “I Know You Tried” recuerda a unos Big Star en estado de gracia, con esa cadencia melancólica característica de grupo de pop. Con Luna Dean Wareham se aventuró a otra dimensión a la que dudosamente hubiera llegado con Galaxie 500 y nos regalo con las piezas de pop contemporáneo más emocionantes que se han hecho en los últimos 20 años.











