Marah, historias de Filadelfia

por | 3 octubre 2016 | Entrevistas

Los estadounidenses Marah son una de las mejores bandas de rock ’n’ roll que uno pueda ver sobre un escenario en la actualidad. Los hermanos Bielanko volverán a tocar juntos tras casi cuatro años de separación. Aprovechamos que su gira española hará una parada en Loco Club para hablar con Dave Bielanko, repasar la trayectoria de la banda y desgranar lo que el presente y el futuro les aguarda.

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Cuando anunciasteis esta gira de reunión fue una sorpresa. Los hermanos Bielanko juntos encima de un escenario de nuevo. ¿Cómo se gestó esta reunión? ¿Echabas de menos tocar con tu hermano?

Sí, lo echaba de menos. Ha sido lo que nos ha unido desde que teníamos 12 o 13 años. Tocar rock ’n’ roll era nuestra defensa contra lo ordinario: los divorcios, los trabajos sin futuro y el salario mínimo, toda esa mierda. Era nuestra vía de escape de la tristeza y la depresión, nuestra forma de elevarnos por encima de una vida vacía de arte. A través de los años hemos desarrollado algo así como una moneda de dos caras, el yin y el yang. Nos equilibramos. A lo largo del tiempo nuestras canciones han contado una larga, larga historia. Estoy muy interesado en ver dónde podrá ir ahora. Hay mucho que echo de menos, su ausencia en mí mismo… es complicado, hasta que conectamos nuestras guitarras eléctricas, entonces todo comienza a ser simple y tener mucho más sentido.

El año pasado publicasteis “Marah Presents Mountain Minstrelsy of Pennsylvania”, un disco en el que recreas un oscuro libro de canciones de los años 30. ¿Cómo surgió este proyecto? 

Cuando estoy solo, cuando me falta una dirección, mi cerebro empieza a unir puntos. Me pongo a imaginar nuevas vías. Mountain Minstrelsy es eso en forma de LP. Hemos explorado y reinventado una parte de un pasado musical olvidado. Personalmente, me he sentido muy inspirado.

El disco está grabando utilizando técnicas antiguas de grabación. ¿Cómo te has sentido al trabajar con estas limitaciones tecnológicas?

Sí, me he convertido en un “grabador de cintas”. Me encanta la forma en la que te empuja ese formato; todavía puedes estar relajado y ser espontáneo, pero debes estar completamente involucrado. También me encanta el hecho de que se pueda crear música sin depender de las empresas tecnológicas japonesas. Afrontémoslo, grabábamos rock ’n’ roll mucho mejor en 1956 que ahora. Hay un espíritu de rebeldía en instalar una grabadora de dos pistas en una vieja granja a un millón de millas de distancia de la “industria musical”.

Vuestros discos siempre han mostrado una inclinación por los sonidos de raíces americanas pero con un marcado carácter urbano; sin embargo, este último es mucho más rural. ¿Cómo encajan estas nuevas canciones en vuestro repertorio?

Somos de la ciudad, pero rápidamente nos dimos cuenta de que los fundamentos de la música americana se encuentran en el campo. El rock ’n’ roll es el sonido de campesinos intentando tocar jazz. Es una idea muy divertida pero precisa. Gran parte de la música es el sonido de gente oprimida que se levanta y le da la vuelta a toda la oscuridad de sus vidas. Por la razón que sea, lo vimos desde el primer día. La música americana tiene sus raíces en las granjas y los campos; los ritmos imitaban a los pollos, las guitarras imitaban el ritmo de los trenes. Little Richards lo sabía. Otis Redding lo sabía. Los sonidos urbanos posteriores fueron una apropiación. Tal vez es la línea más grande que puedes seguir a través de cualquier forma de arte. Es hermosa cuando se mira correctamente.

Vuestros conciertos siempre se han caracterizado por tener una gran potencia, pero también una gran conexión emocional. ¿Cómo conseguís alcanzar ese equilibrio?

Tocar rock ’n’ roll en directo es para mí el arte más delicado. Extender tu vida en un espectáculo, convertir el escenario en una ventana; ese es el trabajo. Creo que es necesario tener un agujero bastante grande en ti mismo para hacer esto bien. Es necesaria una desesperación real. Debes necesitar pagar el alquiler, impresionarte a ti mismo, vivir contigo mismo, caer tan bajo como sea necesario. Debes ir hasta los confines de la Tierra para crear una conexión entre una multitud y tú. Somos iguales, pero el truco está en conseguir que lo crean. Romper sus corazones si es necesario, hacerles reír, sonreír, gritar, conectar. Es muy humano y conmovedor si se hace bien. Es muy generoso. Te expones en beneficio de todos, te dejas llevar. Así que celebramos esa simple y humana conexión con volumen, sudor y felicidad.

En vuestros últimos discos como “Angels of Destruction!” o “Life is a Problem” vemos como el sonido ha ganado en inmediatez, con una producción más cruda, ¿por fin habéis logrado capturar la potencia de vuestro directo en el estudio?

Nunca he conseguido capturar la potencia de mi banda en el estudio. Es algo que me despierta por las noches, así que sigo intentándolo.

Precisamente en “Angels of Destruction” encontramos la canción “Santos de madera” en la que hacéis muchas referencias a Zaragoza y Aragón, además habéis publicado el DVD “Sooner of Later in Spain”; parece que tenéis una relación especial con nuestro país. ¿Cómo os sentís cuando venís de gira?

Tal vez España es un lugar excesivamente idealizado dentro de mi corazón; así que discúlpame, pero tenemos tantos recuerdos increíbles, tantos grandes conciertos. Me encanta el espíritu de la gente, su rebeldía y su rechazo de la falsedad. Soy un gran fan de España. Hay una inteligencia inherente. Se presta atención a la familia, la comida, la política y la tradición. La gente es moderna sin esfuerzo, sin ser esclavos de la moda. No es un lugar que busque desesperadamente crear tendencia como California. Es más como una chaqueta de cuero vieja, pero es una buena chaqueta. La echo de menos cuando estamos lejos mucho tiempo.

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Algunas de vuestras letras, especialmente las de “If You Didn’t Laugh, You’d Cry”, son como pequeñas películas que transmiten imágenes constantemente. ¿En qué os inspiráis?

Decir cosas en las canciones fue una decisión tomada cuando empezamos una banda en el instituto. Recuerdo las conversaciones muy bien. Discutimos sobre las limitaciones de nuestras habilidades musicales y la posibilidad de compensar esas “deficiencias” con las palabras, así que tomamos esa parte del trabajo muy en serio. Nos gustaba que las guitarras sonaran libres e imperfectas, como las de los Rolling Stones o The Replacements. El rock ’n’ roll es una música rudimentaria, debe sonar como una guerra. Es sucio y desagradable, por eso es hermoso. No me gusta sonar sobreensayado, no quiero sonar “seguro”. Montones de bandas gravitan en torno al “punto medio” y bueno, que les jodan, pueden tenerlo, en mi opinión no hay nada vivo allí.

Uno de los momentos más duros de la banda vino con las duras críticas que recibisteis tras la publicación del disco “Float Away With the Friday Night Gods”, con un sonido que no se parecía a vuestros discos anteriores y que desconcertó a vuestros oyentes. ¿Qué cambiarías ahora de aquel disco?

Ja, ja, ja. Buena pregunta. Lo amo con locura, es un clásico perdido (risas). Me sentí halagado por la forma en la que la gente se lo tomó personalmente. Era provocativo y trajo una gran cantidad de emoción que sin duda inició un diálogo y puso a la gente gritándose entre sí. Mi opinión personal sobre “Float Away” es ésta: El 11 de septiembre acababa de ocurrir y por primera ven en la vida, no creía en absolutamente nada. Sólo en emborracharme y tomar éxtasis. Mi única queja es que no pasamos las mezclas a través de un pedal RAT, distorsionando todo jodidamente. Me encantan esas canciones, es un disco extrañamente “honesto”.

Os recuperasteis con la publicación de “20.000 Streets Under the Sky, uno de vuestros mejores trabajos. ¿Las críticas os dan más ganas de seguir adelante?

Tal vez nos acercan más a nosotros mismos. Me encanta tocar “East”, líricamente habla de nuestra infancia, nuestra ciudad. Aquí fue la primera vez que me di cuenta del efecto negativo que tiene el ordenador en mis grabaciones. ¡Casi pierdo la cabeza! Me puse muy furioso y no he escuchado el disco en años. Dicho esto, amo profundamente las canciones y estoy muy ansioso por reeditar LP con Valley Farm Songs y que sea mejor disco de lo que nunca fue.

Hablando de Valley Farm Songs. Ya habéis reeditado “Kids in Philly” ¿Tenéis pensado recuperar el resto de vuestra discografía para este sello?

Poco a poco vamos a publicar vinilos con una increíble calidad. Estoy muy emocionado por eso. Estos discos se hacen con un gran amor y por personas con mucho talento a las que respeto. Nos exigimos mucho. Nos esforzamos en hacer algo bueno… algo bastante raro en estos días. Además me encantan los discos de vinilo, son mis cosas favoritas de la Tierra.

Han pasado casi 20 años desde la publicación de “Let’s Cut the Crap & Hook Up Later on Tonight”, vuestro primer LP. ¿Cómo ves ahora ese disco?

A riesgo de sonar como un ego-maníaco, para mí este es uno de los mejores discos de debut de la historia. Soy fan de todo lo relacionado con este disco; su imperfección, los descuidos, las canciones, el espíritu, el mensaje… todo. Lo hicimos por unos 9 dólares encima de un garaje al sur de Filadelfia; es muy rock ’n’ roll, tiene una pasión enorme. ¡Echo de menos aquellos días! Me estoy tomando dos semanas de descanso simplemente para invitar a gente a casa y escucharlo.

¿Cuáles son vuestros planes para el futuro?

Nuestra última frontera… allí iré. Sin miedo. También voy a arrastrar a cada una de las personas que forman Marah allí conmigo, se lo merecen. En 2017, nuevo disco de Marah. Ya es hora.

Fotos Marah: Marko Korkeokoski

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