Se encendieron las luces del escenario y la noche cálida del jueves 17 de julio se llenó de intriga. Como una tela que se rasga irrumpió en escena una batería poderosa ahogando los ritmos pringosos que llegaban a la Marina Norte de València desde los chiringuitos cercanos. Escuchamos retorcerse la electricidad de los instrumentos y la guitarra de Floren dibujó ese riff certero que abre pasó a las confesiones. La voz de Jota hace mucho que ya no esconde dudas, ha asumido su papel en la Historia. “Sentado, esperando a que llames / Rezando por que des una señal”. Había llegado el momento de la verdad. Media vida orbitando en torno a esas canciones. ¿Cómo no celebrarlas como si nos fuera la vida en ello?
Cuando alcanzamos el recinto el sol aún mordía y los Gazella ya habían comenzado su set. Nos costó más de la cuenta llegar porque parte de la línea de metro que nos acerca a la Marina Norte está suspendida por obras. Lo sabía todo el mundo menos nosotros. La vuelta fue peor. Si el transporte público de Valencia tiene un buen rato de conversación, el servicio nocturno y las frecuencias de paso ya ni les contamos. A pesar de lo que puedan decir muchos medios regionales desde que llegaron los azules, no todo va mejor. La gente llegaba agitada, muchas caras conocidas de cuando entonces, mucha camiseta con el logo de Aramburu, muchas ganas de Los Planetas y bochorno tropical en la explanada de cemento. Unas cuantos cientos se concentraron frente al escenario mientras los autores de Vías (2025), con seriedad y solvencia, presentaban los temas de ese trabajo y algunos de los hits más vistosos de su álbum de debut. Son una de las bandas del momento.

La Plata tampoco lo tuvieron fácil, es complicado encontrar tu lugar en una cita con un cabeza de cartel tan potente. Además, el arranque de su actuación coincidió con la hora en la que llegaba buena parte del público. Comprar cerveza, saludar, hablar con unos y con otros, sonreír, preguntar por conocidos. Los valencianos tenían ganas de hacerlo bien. Sobrios, concentrados y con un setlist de lo más efectivo consiguieron congregar cada vez más público. Apetece mucho verlos en una sala, con sonido robusto y el protagonismo que se merecen. Tocaron muchos temas de Interzona (2025), alguno de Acción Directa (2022), como ‘Victoria’, y para la recta final reservaron munición procedente de su excelente álbum de debut. Cómo nos siguen gustando Desorden (2018) y cortes tan vibrantes como ‘Está ciudad’, ‘Incendio’ o ‘Un Atasco’. ¿Fue aquel primer disco un punto de partida o es uno de esos logros donde siempre se puede volver para tomar impulso?
La noche pintó por fin de negro el cielo del golfo. La brisa salada apenas alivió el calor. Arrancaron los de Granada con contundencia y las filas frente al escenario se apretaron como si reaccionaran a un corrimiento de tierras. ‘Segundo Premio’, ‘Qué puedo hacer’, ‘David y Claudia’ y ‘Espíritu Olímpico’ encendieron a la audiencia. Los Planetas siempre fueron especiales, una de las pocas formaciones con capacidad para explicar mejor que nosotros mismos nuestros sentimientos. Esa virtud les podría hacer trascender a su época. Nos sorprendió gratamente encontrarnos con adolescentes y veinteañeros entre el público. Su audiencia ensancha los contornos y augura la posibilidad de seguir siendo relevantes en el futuro; sus haters pueden estar contentos.

Pasado el primer impacto llegaron composiciones más sosegadas: ‘Corrientes circulares en el tiempo’, ‘Santos que yo te pinte’, ‘Islamabad’ o la recuperada ‘DB’ entre otras, en una selección con pocos riesgos. Demasiado oficio. Para el tramo final, como es costumbre, reservaron algunos de los hits más celebrados: ‘Un Buen día’, ‘Pesadilla en el parque de atracciones’ o ‘Cumpleaños Total’ con la que recordaron que su trayectoria y la de Tranquilo Música habían discurrido en paralelo. Para el bis definitivo recurrieron a ‘La Caja del Diablo’ y a ‘De Viaje’, que nunca fallan. Para entonces, miles de gargantas habían hecho suyas esas historias como algo propio. De eso se trataba.
Junto al mar, al sur del corazón que diría Julio Bustamante, cantamos, bailamos, saltamos y volvimos a confiar en la posibilidad de viajar por galaxias infinitas hacia el sol desafiando la ley de la gravedad. Cuando se aprueben las nuevas medidas para acabar con la corrupción, que no se olviden de incrementar el volumen permitido para nuestros conciertos en grandes espacios. Por salud democrática.

Foto Gazella: Pedro Martínez Fotos Planetas: Far Ciclo










