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No vamos a pagar su fiesta

por | 22 diciembre 2021 | Opinión

Imagen de una discoteca valenciana el pasado fin de semana. Foto: Facebook.

El Gobierno de España acaba de decretar, tras la Conferencia de Presidentes, el uso obligatorio de la mascarilla en exteriores. Tras casi dos años de pandemia, si existe alguna certeza científica rotunda es que los espacios abiertos y al exterior son seguros, mientras que los cerrados, sin ventilar, y plagados de gente son focos de contagio inevitable sin mascarilla. En política, manejar la incertidumbre es complicado, pero caer en la incoherencia y el agravio al ciudadano cívico no puede ser la solución. Qué sociedad civil acepta restricciones arbitrarias sin aval científico. Que pague la fiesta quien la está disfrutando. 

Desde que empezó la pandemia una mayoría de ciudadanos valencianos cumple las normas acreditadas por las autoridades sanitarias. Un ritual de lo habitual que ya es mantra: salir de casa con la mascarilla, tomar el ascensor y al llegar a la calle, mascarilla fuera, para luego volver a ella antes de entrar en cualquier espacio cerrado. Algunos han sido tan escrupulosos que han evitado cualquier espacio interior en el que tengan que quitarse la mascarilla para comer o beber, las terrazas valencianas han sido un oasis.

En cambio, llevamos meses asistiendo, diariamente, a otra realidad que se certifica en todas las redes sociales. En las discotecas, pubs, bares y restaurantes de nuestro territorio son una minoría quienes llevan mascarilla, pese a ser obligatoria. Y es en esos grandes espacios de ocio donde se multiplican exponencialmente los contagios por ser impulsores de la infección. La medida del Gobierno penaliza a los ciudadanos que han cumplido escrupulosamente con la normativa sanitaria, negándoles la libertad de respirar sin mascarilla en el único espacio seguro, según la evidencia científica, durante una pandemia: el aire libre.

Los grandes lobbies empresariales del ocio nocturno español llevan presionando, incluso en los momentos más duros del colapso sanitario y antes de la vacunación masiva, para relajar las medidas restrictivas a su actividad. Durante este periodo han utilizado su influencia en los grandes medios de comunicación, forjada a base de talonario publicitario, para atacar las medidas sanitarias y denunciar las actuaciones policiales que sancionaban su mala praxis. Ahora, con dos normas básicas que cumplir (mascarilla y pasaporte), los propietarios de muchas discotecas no las ejecutan, mostrándose más cerca de ser una mafia paleolibertaria que una organización empresarial digna. En buena parte de la Unión Europea estos espacios están cerrados o se cierran esta semana (Francia, Alemania, Portugal, Dinamarca), Catalunya los cerrará en el periodo de fiestas navideñas. El Gobierno central, con apoyo de varias CC.AA, entre ellas la Comunitat Valenciana, ha decidido igualar a la baja, tratar como menores de edad a toda la sociedad civil, y castiga a una población que ya está en el abismo de lo anímicamente soportable, y que ha cumplido estoicamente con las reglas dictadas con aval científico. Es inaceptable cumplir con aquellas acientíficas y arbitrarias, mientras otros enfilan la fiesta que no cesa.

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